Capítulo XXVI Medidas correctas
El correo tenía cinco párrafos, dos referencias normativas y ningún indicio de urgencia.
Informaba de la apertura de actuaciones previas de investigación, solicitaba documentación adicional y concedía plazo para acreditar la identificación indirecta alegada.
El tono era pulcro. El procedimiento, correcto.
La fecha prevista para una primera valoración no servía para nada que estuviera ocurriendo esa semana.
Mario leyó el correo desde la puerta.
—Es bueno.
—Es lento.
—Las dos cosas.
Inés imprimió la admisión a trámite. La metió en una carpeta física. No por nostalgia, sino porque necesitaba que algo de aquel proceso ocupara espacio.
A las 9:40, Beatriz envió la respuesta de la universidad a NexoVera.
La solicitud de motivación completa quedaba recibida.
La recomendación de abstención se mantenía “por prudencia institucional”.
El informe de continuidad documental no podía remitirse íntegramente por contener referencias a documentación de terceros y materiales sujetos a confidencialidad.
La universidad ofrecía una versión extractada, siempre que la empresa firmara un compromiso de confidencialidad reforzada y renunciara a utilizar el documento fuera del procedimiento interno de revisión.
Inés dejó el papel sobre la mesa.
La trampa no estaba escondida. Bastaba leer con atención.
Si Eva firmaba, accedía a una versión incompleta y quedaba limitada para impugnar públicamente el mecanismo. Si no firmaba, la universidad diría que no colaboraba. El documento prometía defensa y producía encierro.
Beatriz llamó dos minutos después.
—¿Lo has leído?
—Sí.
—Eva quiere firmar para ver algo.
—Claro.
—Yo no quiero que firme así.
—Claro.
—Necesito una alternativa.
Inés miró a Mario. Él negó con la cabeza, pero sin convicción.
—Propón acceso por tercero independiente —dijo Inés—. Tú lo revisas bajo confidencialidad, sin renuncia de acciones de la empresa y con acta de qué partes se omiten.
—La universidad dirá que no.
—Entonces que lo diga.
—¿Y mientras?
Inés oyó una voz al fondo. Eva, quizá. No distinguió palabras.
—Mientras, pedid levantamiento de la recomendación de abstención. Separad dos cosas: revisión interna de licencia y daño externo sobre financiación. La universidad puede revisar. No tiene por qué seguir recomendando a terceros que se queden quietos.
Beatriz suspiró.
—Eso no salvará la ronda.
—No.
—Eva pregunta si hay alguna vía rápida.
Inés cerró los ojos un instante.
Medidas cautelares. Requerimiento notarial. Reclamación patrimonial futura. Acción declarativa. Queja ante rectorado. Denuncia ante órgano de transparencia. Todo sonaba posible y tardío.
—La vía rápida es política interna —dijo al fin—. Rectorado, transferencia, comunicación reputacional. Que la universidad entienda que mantener esa frase le crea más riesgo que retirarla.
—Eso no es jurídico.
—Sí lo es. Solo que no cabe bien en un formulario.
Beatriz guardó silencio.
—¿Puedo decirle que esa es tu opinión?
—Puedes decirle que es la tuya.
—Inés.
—Beatriz, no me pongas donde no puedo estar.
Al colgar, Mario entró y cerró la puerta.
—Esto ya no es una consulta puntual.
—Lo sé.
—Cumplimiento va a exigir que paremos.
—Cumplimiento tiene razón.
—¿Y?
Inés recogió los papeles.
—Voy a escribir el artículo técnico.
—¿Ahora?
—Ahora.
—¿Sobre qué?
—Sobre reservas interpretativas, documentos incompletos y efectos externos de recomendaciones de abstención en transferencia tecnológica.
Mario se sentó.
—Sin caso concreto.
—Sin caso concreto.
—Sin Eva.
—Sin Eva.
—Sin Delbran.
—Sin Delbran.
—Y con revisión de Cumplimiento.
—Con revisión de Cumplimiento.
Mario la observó durante unos segundos.
—Eso puede ser útil.
—Quiero que sea incómodo.
—Las dos cosas, entonces.
Inés escribió durante cuatro horas.
Construyó el texto como una nota técnica para una revista profesional de transferencia y derecho de la innovación.
Explicaba que esas comunicaciones podían activar revisiones legítimas, pero advertía de tres riesgos: uso de documentos no accesibles para suspender operaciones, recomendaciones de abstención con efectos financieros sobre terceros y conversión de categorías metodológicas amplias en reservas de facto.
Revisó cada frase para quitarle brillo.
Dejó ejemplos hipotéticos. Una licencia pendiente. Una ronda condicionada. Un informe de continuidad no remitido completo. Una entidad en constitución. Un custodio documental. Ningún nombre.
El párrafo final fue el que más tiempo le costó:
La prudencia institucional cumple una función necesaria cuando existen dudas razonables sobre titularidad o disponibilidad de resultados.
Esa función se distorsiona cuando la prudencia produce efectos equivalentes a una medida cautelar sin ofrecer a la parte afectada acceso suficiente al fundamento documental, delimitación temporal estricta y vías efectivas de contradicción.
Lo leyó tres veces.
La frase tenía la sequedad correcta.
Servía.
Mario lo revisó. También Cumplimiento. La socia regulatoria pidió cambiar “efectos equivalentes a medida cautelar” por “efectos materialmente próximos a una medida restrictiva”. Inés se negó.
—Si lo suavizamos más, no queda nada.
Mario la apoyó.
A las 18:00, el artículo salió en la web profesional del despacho, firmado por Inés Martínez.
Reservas interpretativas y efectos externos en operaciones de transferencia tecnológica.
A las 18:07, Ledesma le escribió a Mario.
Veo que vuestra profesional ha decidido intervenir doctrinalmente en un asunto vivo.
Mario le mostró el mensaje.
—¿Respuesta? —preguntó.
—Ninguna.
—Buena respuesta.
A las 18:20, Genomira comunicó que aplazaba indefinidamente la reincorporación de Inés al expediente de software clínico. No formulaban reproche. Consideraban prudente evitar solapamientos de percepción mientras persistiera “exposición doctrinal en materias próximas”.
Inés leyó el correo sin hablar.
Mario esperó.
—Lo siento —dijo.
—No lo digas.
—Tengo que decir algo.
—Entonces di que queda constancia.
Mario asintió.
—Queda constancia.
A las 19:10, Beatriz llamó.
—La universidad ha retirado la recomendación general de abstención.
Inés se quedó quieta.
—¿Y la suspensión?
—Sigue.
—¿El inversor?
—No vuelve en las mismas condiciones.
—¿Eva?
—Ha llorado diez minutos y luego ha pedido el texto exacto de la retirada.
Inés apoyó la frente en la mano.
—Eso suena a ella.
—Dice que gracias.
—No.
—Ya sé. Se lo diré de otra forma.
—¿Cuál?
—Que mañana hay algo que hacer.
Inés miró la carpeta de protección de datos, la admisión a trámite, el correo de Genomira, el artículo técnico firmado con su nombre.
Había actuado correctamente. También tarde. También con coste. La combinación le pareció indecente.
A las 20:03, recibió un correo de Eva. Esta vez directo, autorizado por Beatriz.
No han salvado la ronda. Pero han quitado la frase que la convertía en culpa mía. Eso importa más de lo que parece.
Inés leyó el correo dos veces.
Luego lo imprimió y lo guardó en una carpeta distinta. Sin número de expediente. Sin matriz. Sin etiquetas.
Solo el nombre de Eva escrito a mano.
Por la noche, al salir del despacho, pasó junto a la sala de juntas donde esa mañana habían discutido servidumbres de calefacción. Sobre la mesa quedaba un plano olvidado. Una línea roja atravesaba un muro y seguía hacia otro edificio.
Inés apagó la luz.
Había líneas que nadie veía hasta que alguien intentaba cerrar una puerta.