Capítulo XXIV La llamada de las cuatro
No saludó. Beatriz empezaba las urgencias con tres datos —fecha, versión y próximo plazo— y dejaba las emociones para cuando ya no podían alterar el expediente.
—Estoy con Eva —dijo—. Hemos pedido que la llamada se grabe o, en su defecto, que se levante minuta conjunta.
—¿Qué han respondido?
—La universidad acepta minuta. El inversor acepta grabación solo para uso interno. Helix dice que no tiene inconveniente, siempre que se delimite el objeto.
—Qué generosos.
—La secretaría técnica no ha contestado.
Inés dejó el expediente de servidumbres a un lado. En la pantalla seguía abierto un plano con galerías de instalaciones, llaves de paso y flechas rojas. Le pareció obsceno que aquello fuera más fácil de defender que seis años de trabajo de Eva Roldán.
—¿Eva está bien?
Beatriz tardó un segundo.
—Está en pie.
—Eso no contesta.
—Es la respuesta que tengo.
Inés miró el reloj.
—¿Quieres que revise algo antes?
—Te mando la comunicación de la universidad con datos mínimos. Eva autoriza. Solo para criterio general. No para asumir defensa.
—Beatriz.
—Lo sé. Pero necesito un segundo par de ojos y ella necesita que alguien entienda qué le están haciendo sin explicárselo como si fuera una incidencia de trámite.
Inés cerró la puerta de su despacho.
—Envíalo.
El correo llegó con un asunto neutro:
Consulta técnica limitada — NexoVera
Beatriz había cubierto nombres de personal universitario, referencias internas y anexos no necesarios. La comunicación principal ocupaba dos páginas.
La universidad suspendía provisionalmente la firma de la licencia hasta completar una revisión de diligencia reforzada relativa a “posibles reservas interpretativas de continuidad documental comunicadas por terceros institucionales”.
La suspensión no prejuzgaba titularidad.
La suspensión no suponía aceptación de reclamación alguna.
La suspensión se adoptaba para preservar la seguridad jurídica de la operación, el interés público, la posición de la universidad y los derechos de terceros potencialmente afectados.
Inés leyó la última línea dos veces:
Durante el periodo de revisión, la Universidad recomienda a las partes abstenerse de realizar actos que pudieran consolidar expectativas económicas, publicitarias o contractuales incompatibles con el resultado final del análisis.
Ese párrafo mataba la ronda sin usar la palabra prohibida.
No ordenaba al inversor retirarse. Le comunicaba que cualquier avance podía ser imprudente. Nadie necesitaba levantar la voz cuando el riesgo quedaba así de bien redactado.
Inés llamó a Beatriz.
—La recomendación de abstención es el punto crítico.
—Lo he visto.
—Tienes que pedir que la retiren o la reformulen. La universidad puede suspender su firma, pero está interfiriendo en negociaciones privadas si formula una recomendación general de abstención sin motivar qué derecho concreto protege.
—Dirán que es prudencia.
—Entonces que escriban prudencia y asuman su alcance. Ahora parece una cautelar sin juez.
Beatriz guardó silencio al otro lado.
—¿Puedo usar esa idea?
—Sin citarme.
—No necesito citarte.
—Y pide la comunicación íntegra de Helix.
—Ya.
—También el documento o informe que justifica la diligencia reforzada. Si existe.
—Si no existe, querrán fabricarlo después.
—Por eso fecha la petición antes de la llamada.
Beatriz respiró.
—Gracias.
—No me des las gracias. Esto me compromete.
—Lo sé.
—Y aun así te estoy ayudando.
—También lo sé.
Colgaron a las 15:24.
Inés se quedó mirando la pantalla. Había cruzado una línea más fina que las anteriores. No representaba a Eva. No había recibido el expediente completo. No firmaba. No aparecía. Pero su criterio ya estaba dentro de la estrategia de defensa.
Mario llamó a la puerta y entró sin esperar respuesta.
—Cumplimiento acaba de preguntarme por qué Beatriz Salceda ha solicitado confirmación escrita de que no tenemos conflicto en un asunto de transferencia tecnológica relacionado con Helix.
Inés no apartó la vista del documento.
—Porque es buena.
—Y tú has visto algo.
—Un documento limitado.
—Inés.
—Eva pierde la ronda hoy si nadie consigue que la universidad retire una frase.
Mario cerró la puerta.
—¿Qué frase?
Ella se la mostró.
Mario leyó despacio. Su cara cambió antes de terminar.
—Esto no suspende. Congela alrededor.
—Sí.
—¿Beatriz lo ha visto?
—Sí.
—¿Y tú?
—También.
Mario se sentó.
—Vamos a hacer esto bien. Nota interna. Ahora. Recogemos que Beatriz nos ha solicitado una opinión general sobre la redacción de una cláusula de abstención, sin acceso al expediente, sin aceptación de encargo, sin comunicación a la cliente final más allá del cauce de Beatriz.
—Eso no nos salva.
—Nos ordena.
Inés casi sonrió.
—Cuidado con esa palabra.
Mario no respondió. Abrió el portátil.
A las 15:58, Beatriz envió un mensaje:
Entramos. Eva autoriza que escuches sin intervenir. Solo si tú quieres. Sin voz. Sin cámara. Como apoyo técnico mío.
Inés miró a Mario.
—No —dijo él.
—Lo sé.
El móvil quedó sobre la mesa, vibrando una vez más.
Ella preferiría que estuvieras.
Inés cerró los ojos.
Pensó en aceptar. Pensó en quedarse muda en una llamada donde su nombre no figuraría y su criterio circularía a través de otra abogada.
Pensó en Ledesma, en Arza, en Health Futures, en la facilidad con que cualquier presencia podía convertirse en participación y cualquier participación en conflicto.
Escribió:
No puedo estar. Beatriz sí. Pídele que me llame si surge un punto jurídico concreto después.
Envió.
La llamada empezó a las cuatro.
Inés no estaba dentro. Eso no le impidió imaginarla.
Eva, sentada junto a Beatriz, con una botella de agua sin abrir.
El inversor con tono cordial y distancia calculada.
La universidad en plural administrativo.
Helix con una voz amable, quizá extranjera, quizá entrenada para no sonar a parte interesada.
La secretaría técnica tomando notas que nadie leería completas.
A las 16:23, Beatriz escribió:
Universidad mantiene abstención. Dice que es recomendación de prudencia. Inversor pide aplazar cierre 60 días.
A las 16:41:
Helix insiste: no reclama titularidad. Solo comunica posible vínculo metodológico.
A las 16:58:
Eva ha preguntado qué documento prueba el vínculo. Respuesta: informe de continuidad documental que no puede remitirse en esta fase.
Inés se levantó de golpe.
Mario la miró.
—¿Qué?
—Informe.
Él leyó el mensaje.
—Ya está operativo.
—Sí.
—¿Quién lo ha emitido?
—Todavía no lo sabemos.
A las 17:12:
Inversor suspende desembolso hasta que haya aclaración formal. Universidad propone revisión en comité dentro de 45 días.
A las 17:25:
Ha terminado. Eva no ha firmado nada.
Inés dejó el móvil sobre la mesa.
Mario no dijo nada.
La sala se llenó de ruido exterior: una impresora, una puerta que se cerraba, alguien riendo al final del pasillo. El mundo seguía produciendo sonidos inadecuados.
A las 17:40, Beatriz llamó.
—La ronda cae —dijo.
—¿Formalmente?
—La llaman aplazamiento. El inversor no mantendrá condiciones. Eva lo sabe.
—¿Y la universidad?
—Comité en 45 días. Solicitud de informe completo. Se niegan a remitir el informe por confidencialidad de terceros.
—¿Quién firma el informe?
—Secretaría Técnica para Aurea Potestas. Con referencia a documentación custodiada por Veritas.
Inés apoyó la mano en el borde de la mesa.
—¿Aurea ya firma?
—Como fundación en constitución. Lo llaman comunicación preparatoria.
—¿Helix?
—En copia.
—¿Delbran?
—Aparece solo en nota histórica. No como parte.
Inés cerró los ojos.
Todo encajaba con una limpieza insoportable.
—¿Eva?
—Quiere impugnar la suspensión.
—Que pida medidas internas inmediatas. Y que no acepte confidencialidad sobre el hecho de la suspensión. Los documentos pueden quedar protegidos, pero el daño existe.
—Lo sé.
—Beatriz.
—Sí.
—Si necesitas una declaración mía sobre el riesgo general de esas cláusulas, puedo hacerla como opinión académica previa, no sobre el caso.
Mario levantó la vista.
Beatriz guardó silencio.
—Eso puede perjudicarte —dijo.
—Ya lo está haciendo.
—No contestes ahora. Te lo pediré por escrito si hace falta.
Colgaron.
Mario permanecía inmóvil.
—Acabas de ofrecerte.
—He ofrecido una opinión general.
—Sobre un mecanismo que afecta a un caso concreto que hemos conocido hoy.
—Sí.
—Arza lo va a usar.
—Probablemente.
—Genomira también.
—Quizá.
—¿Y aun así?
Inés se sentó.
—Eva ha perdido una ronda por un documento que nadie le enseña completo. Si esto queda solo en su expediente, la universidad dirá que fue prudencia, Helix que fue comunicación, Aurea que fue borrador, Veritas que fue custodia y Delbran que ya no existe.
Mario no respondió.
—No puedo ser su abogada —añadió ella—. Pero puedo impedir que el mecanismo se describa como si no produjera daño.
Mario se frotó los ojos.
—Haz un borrador. Lo reviso yo. Lo revisa Cumplimiento. Y, si sale, saldrá como artículo técnico, no como declaración de guerra.
—De acuerdo.
—Sin nombres.
—Sí.
—Sin Delbran.
Inés tardó un segundo antes de asentir.
—Y sin frases bonitas.
Ella miró el documento de la universidad, la cláusula de abstención, la recomendación que había bastado para detener una financiación.
—No creo que hoy me salgan.
A las 19:30, Eva escribió un correo a Beatriz, con copia a Inés por autorización expresa. Solo una línea:
Díganme qué puedo hacer mañana.
Inés no respondió directamente.
Redactó una lista para Beatriz:
1. Motivación completa. 2. Acceso al informe o, al menos, a su índice y autoría.
3. Retirada de la recomendación general de abstención.
4. Comunicación al inversor: no existe reclamación de titularidad.
5. Reserva de acciones por los daños derivados de la suspensión.
6. Oposición a que el caso se use como ejemplo de diligencia o continuidad responsable.
La lista parecía pobre frente a una ronda perdida.
Pero Eva había preguntado qué podía hacer mañana. Inés solo podía darle mañana.