Capítulo XXIII La licencia suspendida #3
—Podemos derivarla a una abogada externa —dijo Inés—. Hoy. Ahora. Alguien que entienda transferencia tecnológica y no tenga este conflicto.
Mario no protestó.
—¿Llegará a tiempo? —preguntó Eva.
Inés pensó en la respuesta correcta. Pensó en la útil. Eligió la segunda.
—Llegará a la llamada de las cuatro. No sé si llegará a salvar la ronda.
Eva abrió la carpeta al fin, sacó una copia y la colocó sobre la mesa sin soltarla.
—Entonces al menos necesito saber si estoy loca.
Mario iba a responder. Inés se adelantó.
—No.
Eva la miró.
—¿Puede decir eso?
—Como persona, sí. Como abogada, lo dejamos fuera de la minuta.
Durante un segundo, Eva pareció menos joven.
Tendría cuarenta años, quizá más. El cansancio que llevaba encima pertenecía a alguien que había defendido demasiadas veces que su trabajo era suyo.
Mario pidió permiso para tomar una fotografía parcial del encabezado y de la primera página, solo para conflicto y derivación. Eva aceptó. Se cubrieron datos sensibles. Se dejó constancia. Todo se hizo correctamente, y aun así Inés sintió que la corrección llegaba tarde.
Cuando Eva salió, Mario cerró la puerta.
—Has estado a punto de cruzar una línea.
—Lo sé.
—Y quizá la has cruzado.
—También.
—No podemos asumirla.
—No.
—Voy a llamar a Beatriz Salceda. Es independiente, buena y no le debe favores a Arza.
—Hazlo.
Mario se quedó un momento mirándola.
—¿Vas a avisar a Armenta?
—No puedo enviarle el documento.
—No he preguntado eso.
Inés fue a su despacho. Abrió un correo nuevo dirigido a Sergio. Lo cerró. Abrió el móvil. Lo dejó sobre la mesa. Volvió a mirar la fotocopia parcial incorporada al expediente interno.
Interpretative reservation regarding derived outputs and documentary continuity review.
La potestad había salido del documento general y había tocado una licencia concreta. Una ronda. Una universidad. Una mujer sentada en una sala pequeña con una carpeta azul.
Inés escribió a Sergio una sola línea:
Mire si alguna universidad ha suspendido licencias de empresas de base universitaria por revisiones de continuidad documental.
Lo leyó.
Demasiado dirigido.
Borró «de empresas de base universitaria».
Mire suspensiones recientes de licencias por revisiones de continuidad documental.
Sergio respondió a los tres minutos:
¿Es urgente?
Inés miró el reloj: 10:48.
A las cuatro, Eva Roldán estaría en una llamada intentando convencer a gente que podía permitirse esperar.
Sí.
Sergio escribió:
Entendido.
Inés guardó el móvil.
Mario apareció en la puerta.
—Beatriz la verá a las dos y entrará a la llamada de las cuatro.
—Bien.
—No podremos hacer más.
Inés miró el expediente de servidumbres, abierto todavía sobre su mesa. Una tubería atravesaba una pared en un plano antiguo. Alguien, hacía treinta años, había decidido que ese paso era razonable. Ahora otros discutían quién debía soportarlo.
—Sí podremos —dijo.
Mario no preguntó qué quería decir.
Eso, probablemente, lo convertía en cómplice.
Capítulo XXIII: La licencia suspendida
Sergio Armenta leyó el mensaje de Inés tres veces.
Le pedía que buscara licencias suspendidas por revisiones de ese tipo.
El mensaje venía sin nombre, sin documento y sin contexto. En Inés, esa falta de contexto funcionaba como alarma.
Marta lo vio desde su mesa.
—¿Qué pasa?
—Licencias universitarias suspendidas por una reserva.
—Eso suena a título de seminario al que nadie debería ir.
—O a primer uso operativo.
Marta dejó lo que estaba haciendo.
—¿Tenemos universidad?
—No.
—¿Empresa?
—No.
—¿Fuente?
—Tampoco.
—Perfecto. Periodismo a ciegas.
Sergio abrió bases de datos de contratación pública, boletines universitarios, portales de transferencia y registros de ayudas.
La búsqueda devolvió demasiado ruido: continuidad de servicio, continuidad asistencial, licencias de software, suspensión de licencias urbanísticas, continuidad docente.
Añadió “documental”. Luego “resultados derivados”. Luego “reserva interpretativa”.
Nada.
Marta se sentó a su lado.
—Busca en inglés.
—España.
—La carta puede estar en inglés.
Sergio escribió:
“documentary continuity review” “license” “spin-off”
Tres resultados inútiles.
Cambió spin-off por “technology transfer”.
Apareció una página archivada de una oficina universitaria, indexada por error. No el documento. Solo una línea en un calendario interno:
Reunión extraordinaria OTT — revisión continuidad documental licencia NVX-23 — 12:30
NVX.
Sergio no dijo nada.
Marta acercó la silla.
—¿NVX?
—Puede ser cualquier cosa.
—Claro.
Buscó NVX en registros mercantiles y bases de datos de empresas biomédicas emergentes.
NexoVera Analytics S.L.
Constituida seis meses antes. Objeto: desarrollo de herramientas analíticas para estratificación de riesgo clínico, adherencia y continuidad asistencial. Administradora: Eva Roldán.
Sergio se quedó quieto.
Marta leyó su cara.
—La fuente de antes.
—Sí.
—¿Te ha contactado?
—No.
—¿Inés la ha nombrado?
—No.
—Entonces cuidado.
Sergio abrió la ficha pública de NexoVera.
Capital social mínimo. Domicilio en un vivero universitario.
Una ayuda regional concedida para validación clínica.
Un comunicado de la universidad anunciando, dos meses atrás, un acuerdo de licencia pendiente de firma para “transferir al mercado una herramienta de apoyo a decisiones de seguimiento en pacientes crónicos complejos”.
La foto mostraba a Eva Roldán con otras cuatro personas, todas sonrientes, delante de un cartel demasiado luminoso. Sergio recordó su voz en aquella entrevista: no robaron mi algoritmo. Ojalá hubiera sido eso.
La sonrisa de la foto parecía anterior a esa frase.
—Tenemos que llamarla —dijo Marta.
—No sin cuidado.
—No he dicho que le pidamos documentos.
Sergio llamó.
Eva contestó al segundo tono.
—¿Sergio?
La voz tenía algo que no estaba en la entrevista anterior: prisa contenida.
—Estoy mirando suspensiones de licencias de transferencia. Ha aparecido NexoVera.
Silencio.
—¿Quién se lo ha dicho?
—Nadie me ha dado su nombre.
—Eso no contesta.
—He encontrado una referencia pública a una reunión extraordinaria de la oficina de transferencia. Luego el registro mercantil.
Eva respiró al otro lado.
—No puedo hablar.
—Lo entiendo.
—No, no lo entiende. Si hablo, pueden decir que he agravado el riesgo reputacional. Si no hablo, la universidad dice que no colabore con titulares. Si espero, el inversor se va.
—¿Tiene abogada?
—Desde hace veinte minutos, sí.
—Entonces hable con ella antes de decirme nada.
—Llamo a las cuatro con el inversor, la universidad y dos personas que no sé exactamente a quién representan. Una dice venir de una secretaría técnica. Otra, de Helix. Ninguna reclama nada. Esa es la parte que todo el mundo repite.
Sergio no escribió.
—¿Puede confirmar algo de forma no documental?
—Puedo confirmar que mi licencia está suspendida.
—¿Formalmente?
—Provisionalmente.
La palabra salió con desprecio.
—¿Por qué motivo?
Eva tardó.
—Revisión de continuidad documental sobre posibles resultados derivados.
Marta, a su lado, cerró los ojos.
Sergio mantuvo la voz baja.
—¿Puedo citarla con nombre diciendo solo eso?
—No.
—¿Sin nombre?
—Tampoco. Todavía no.
—De acuerdo.
—¿De verdad?
—Sí.
Eva dejó escapar algo parecido a una risa.
—Usted está aprendiendo.
—A golpes.
—Yo también.
Se oyó un ruido de papeles.
—Hay una cosa pública —dijo Eva—. La ayuda regional. Si se cae la licencia, tengo que comunicar modificación sustancial. Eso puede aparecer.
—¿Cuándo?
—Si el inversor se va hoy, mañana.
—No voy a publicar su nombre sin autorización.
—Eso no significa que no me encuentren.
—Lo sé.
—No lo publique como historia humana.
La frase lo detuvo.
—¿Qué quiere decir?
—No quiero una foto mía con cara de mujer a la que le arrebatan el trabajo. Quiero que alguien pregunte por qué una reserva que no reclama nada puede suspender una licencia aprobada.
Sergio sintió vergüenza antes de haber hecho nada.
—Eso sí puedo preguntarlo.
—Entonces pregúntelo.
Marta lo miró.
—Bien.
—¿Bien qué?
—No le pediste la carta.
—No.
—No prometiste salvarla.
—Tampoco.
—Mejoras.
Sergio abrió un documento de preguntas.
A la universidad:
¿Ha suspendido provisionalmente la firma de alguna licencia de transferencia tecnológica por una revisión de continuidad documental o por una reserva interpretativa relativa a resultados derivados?
A Helix:
¿Ha remitido comunicaciones a universidades españolas solicitando revisión de continuidad documental sobre licencias de empresas de base universitaria o resultados derivados?
A Aurea Potestas, a través del formulario todavía activo:
¿Ha intervenido, directa o indirectamente, en comunicaciones relativas a licencias universitarias pendientes de firma?
A la representación de los liquidadores de Delbran:
¿Tiene conocimiento de comunicaciones a universidades relativas a resultados derivados de proyectos financiados o descritos en documentación histórica?
El abogado revisó cada pregunta.
—“Solicitando revisión” es mejor que “bloqueando”.
—Lo sé.
—“Intervenido” es amplio.
—Por eso pregunto.
—Y por eso no contestarán.
—También.
La universidad respondió primero, con la rapidez de quien ya tenía un texto preparado.