Potestad (Tríptico Delbran 3) Capítulo XX La función
52%

Capítulo XX La función

La reclamación de Inés ante la autoridad de protección de datos no detendría nada.

Eso le dijo Mario a las nueve de la mañana, no para desanimarla, sino para situarla.

—Health Futures seguirá adelante, Aurea Potestas también, Delbran se liquidará y Arza no explicará todo porque presentemos una reclamación —dijo Mario.

—Lo sé.

—Quizá ni siquiera admitan el caso en los términos que queremos.

—Lo sé.

—Entonces dime por qué la presentamos.

Inés le pasó el borrador final.

—Porque obliga a formular la pregunta en un idioma que no controlan del todo.

Mario leyó el encabezado.

Reclamación por tratamiento no autorizado de datos personales, inclusión no consentida en proceso preparatorio y uso agregado o indirecto de perfil profesional identificable.

—No está mal.

—Es feo.

—Eso ya lo hablamos.

La reclamación explicaba los hechos sin adornos: inclusión no solicitada en lista de participantes, envío de materiales, retirada parcial del nombre, sustitución por categoría profesional equivalente, negativa a identificar origen de la recomendación, voluntad de usar categorías agregadas, riesgo de identificación contextual y utilización potencial de la ausencia o perfil como elemento de pluralidad del proceso.

La reclamación evitaba las palabras que habrían dado satisfacción a Inés y ventaja a la otra parte: conspiración, potestad, élites.

Presentaron la reclamación a las 10:17.

A las 10:19 tuvieron justificante.

A las 10:21 Inés sintió una decepción absurda.

El sistema siempre respondía primero con recibos.

A media mañana, Genomira confirmó que el asunto seguiría reasignado. No cerraban la puerta a que Inés retomara parte del trabajo más adelante, “una vez estabilizado el contexto”. La frase era tan blanda que casi no dolía.

Casi.

Mario le ofreció moverla a otros expedientes unas semanas.

—No necesito caridad interna.

—No es caridad. Es gestión de carga.

—Mario.

—Es las dos cosas.

Inés agradeció la honestidad.

—Dame expedientes feos.

—Todos lo son.

—Más.

—Te mandaré uno de servidumbres técnicas en un complejo hospitalario.

—Perfecto.

—Eso no era una broma.

—Tampoco mi respuesta.

A las 12:03 recibió un correo de Rafael Ledesma.

Llegó directamente, sin pasar por Arza.

Asunto:

Cierre razonable

Inés no lo abrió. Llamó a Mario.

—Ledesma me ha escrito directamente.

—No abras.

—Ya ha entrado en mi bandeja.

—Reenvíalo como adjunto sin abrirlo.

—Eso es casi supersticioso.

—La superstición documentada es prudencia.

El área de Cumplimiento abrió el correo en un entorno controlado.

Inés:

Lamento que una cuestión que podía haberse gestionado profesionalmente esté derivando hacia cauces que no benefician a nadie. Nadie en Arza desea perjudicarte. Tampoco creemos que te convenga quedar asociada a una narrativa mediática que simplifica estructuras jurídicas complejas.

Si quieres hablar, aún estamos a tiempo de ordenar esto sin más desgaste.

Rafael.

Inés leyó la transcripción.

—“Ordenar esto” otra vez.

Mario asintió.

—Sí.

—No aclarar. No resolver. Ordenar.

Pidió que la respuesta saliera desde el despacho:

Cualquier comunicación relativa a este asunto deberá dirigirse exclusivamente por cauce formal a Morales, Salvatierra & Co. Rogamos se abstengan de contactar directamente con nuestra profesional.

Mario firmó.

No ella.

La fórmula la protegía. También reducía su voz a una posición del despacho.

Por la tarde, Sergio publicó lo de Aurea Potestas. Inés leyó la pieza completa. El texto respetaba sus límites. Aun así, la proximidad entre las piezas empezaba a producir ruido.

Aurea Potestas.

El nombre le molestaba por exacto. Ya no parecía esconder la naturaleza de la cosa. La revestía.

Abrió el extracto registral.

Objeto fundacional. Promotores. Claire Meunier. Helix. Al final del extracto, Continuum figuraba como agente fiduciario y de correspondencia. Documentación histórica. Metodologías. Gobernanza responsable.

Delbran no aparecía. Esa ausencia parecía trabajada con más cuidado que muchos nombres.

A las 17:30, Mario entró con el expediente de servidumbres técnicas que le había prometido. Lo dejó sobre la mesa.

—Para que no digas que no te doy cosas feas.

—Gracias.

—Hay otra cosa.

Inés lo miró.

—La autoridad de protección de datos ha pedido subsanación mínima. Quiere que concretemos si alegamos identificación indirecta por categoría profesional o uso no autorizado de datos de contacto.

—Ambas.

—Sí. Pero hay que desarrollarlo.

Inés abrió un documento nuevo.

—Perfecto.

Mario la observó.

—Te he traído trabajo como sedante y lo has convertido en munición.

—No esperaba menos de ti.

Trabajaron hasta las ocho.

La subsanación articuló por primera vez, con lenguaje administrativo, una idea que hasta entonces pertenecía a su matriz privada: una persona podía ser usada no solo por su nombre, sino por la función que su nombre permitía cubrir.

Eliminar la identificación directa no bastaba si se mantenía una categoría construida a partir de un perfil reconocible.

Una negativa a participar también podía ser tratada como dato si se integraba en métricas de contacto, pluralidad o diseño metodológico.

Mario leyó el párrafo final.

La reclamante no cuestiona la existencia de procesos técnicos de consulta ni el uso legítimo de categorías profesionales agregadas.

Cuestiona que una inclusión no consentida pueda ser posteriormente neutralizada mediante supresión nominal, conservando a la vez la utilidad metodológica, reputacional o estadística derivada de dicha inclusión.

—Esto es bueno —dijo.

—Es horrible.

—Es bueno jurídicamente.

—Eso quería decir horrible.

A las 20:15 enviaron la subsanación.

A las 20:20 llegó respuesta automática.

Expediente incorporado.

Inés miró el número.

Un número de expediente no hacía justicia. Daba existencia administrativa, que en aquel contexto ya molestaba.

A las 21:00 llamó Sergio.

Esta vez contestó.

—No puedo hablar mucho —dijo ella.

—Lo sé.

—Entonces hable poco.

—Aurea Potestas.

—La he visto.

—No puedo probar conexión con Delbran.

—Quizá porque la conexión no es con Delbran.

Hubo un silencio.

—¿Con qué?

Inés miró el extracto registral.

—Con lo que Delbran deja ordenado.

—El archivo.

—El archivo, las constancias, las categorías de continuidad, las personas que pueden decir que algo no es sucesión porque no necesita serlo.

—Eso no cabe en un titular.

—Mejor.

—¿Por qué?

—Porque si cabe demasiado pronto, quizá alguien ya lo ha preparado.

Sergio no respondió.

—Un investigador habla de un órgano asesor —dijo él—. Dice que la fundación no heredará activos, sino que custodiará continuidad. No puedo usar la cita.

—Custodia responsable.

—Sí.

—Custodia suena mejor que control. Continuidad suena mejor que apropiación.

—Lo sé.

—Pregunte quién nombra al órgano asesor.

—Eso pensaba.

—Y quién puede destituir a sus miembros.

—¿Por qué?

—Porque la independencia no está en ser nombrado. Está en poder quedarse después de disentir.

Sergio guardó silencio.

—No use mi frase.

—No.

—Lo digo en serio.

—Lo sé.

Al colgar, Inés dejó el móvil sobre la mesa.

Había vuelto a orientar a Sergio, esta vez mediante una pregunta estructural que cualquier periodista debería formular: quién nombra, quién resume, quién certifica y quién puede destituir.

Quién nombra.

Quién resume.

Quién certifica.

Quién puede destituir.

A las 22:11 recibió una notificación de la autoridad de protección de datos.

La subsanación quedaba incorporada al expediente.

Inés cerró el portátil.

En otro tiempo, un número de expediente le habría parecido lo contrario de una victoria.

Ahora no.

En una arquitectura construida para que nada tuviera cuerpo cuando convenía exigirle cuentas, existir ya era una molestia.