Capítulo XVIII Derecho de acceso
No la envió solo a Health Futures. La remitió también a la entidad que figuraba como responsable del dominio, a la empresa de eventos, a la dirección de coordinación, a Laura Benet y a una cuenta genérica de privacidad enterrada en la política de cookies de la web.
El texto era largo, feo y deliberadamente incómodo.
Solicitaba copia de todos los datos personales tratados; origen exacto de su nombre, teléfono, correo y perfil profesional; identidad de quienes los habían comunicado; destinatarios internos y externos; finalidad; base jurídica; criterios de inclusión en listas de participantes, perfiles invitados o consultas bilaterales; documentos en los que hubiera figurado su nombre o un perfil equivalente; plazo de conservación; medidas adoptadas para la supresión; y confirmación de que su falta de participación no sería integrada en informes, relatorías, notas de síntesis o comunicaciones posteriores.
El derecho también podía presentarse así: una lista de extremos incómodos, numerados hasta que alguien tuviera que contestar.
Mario revisó el justificante de envío.
—Bien.
—No suenes tan sorprendido.
—No es sorpresa. Es alivio profesional.
—Qué concepto tan deprimente.
—Nuestro sector vive de eso.
A las 8:19 llegó el primer acuse automático.
A las 8:27, el segundo.
A las 8:46, Laura Benet escribió desde su correo personal:
Inés, creo sinceramente que este cauce es desproporcionado. Nadie ha tratado tus datos de forma indebida. Se te invitó por tu trayectoria. Podemos resolverlo de manera razonable.
Guardó el mensaje sin responder.
Mario, que seguía en su despacho, dijo:
—Eso ya no va contigo.
—Ha escrito a mi correo personal.
—Sí. Y tú ya no respondes como persona.
La frase la molestó más de lo que esperaba.
A las 9:30 tuvieron reunión interna. Esta vez Inés no era solo abogada del despacho. Era asunto del despacho. La diferencia se notaba en la manera en que los demás evitaban mirarla demasiado cuando hablaban de riesgo, exposición, trazabilidad, preservación documental y posición de cliente.
La responsable de Cumplimiento propuso abrir expediente interno preventivo.
Mario aceptó.
Inés también.
Aceptó porque un expediente, al menos, dejaba rastro. Las preocupaciones informales cambiaban de forma cada vez que alguien las resumía.
—Quiero acceso al expediente —dijo.
—Lo tendrás —respondió Mario.
—Y que conste que lo solicito.
La responsable de Cumplimiento tomó nota.
Ese gesto pequeño le devolvió algo de aire.
A las 10:14, Genomira confirmó por escrito la reasignación temporal del asunto de software clínico.
En atención a la sensibilidad reputacional del contexto actual, consideramos conveniente que otro socio asuma la interlocución principal hasta que se despejen posibles interferencias.
Interferencias.
Inés leyó la palabra varias veces.
El correo evitaba acusarla. También evitaba confiar en ella. La apartaba con una cortesía que hacía más difícil responder.
Mario entró diez minutos después.
—Lo he visto.
—Claro.
—No es definitivo.
—Nada lo es cuando quieren que no puedas impugnarlo.
Mario se sentó frente a ella.
—Voy a hablar con ellos.
—¿Para qué?
—Para que no quede así.
—Ya ha quedado.
—Inés.
—No voy a derrumbarme por una reasignación.
—No estaba pensando en tu derrumbe.
—¿Entonces?
—En tu rabia.
Ella cerró el correo.
—Mi rabia está perfectamente documentada.
Mario soltó una risa breve.
—Ese es el problema.
Por primera vez en dos días, Inés sonrió. Solo un segundo.
A mediodía llegó la primera respuesta de Health Futures.
Procederemos a verificar internamente si Health Futures Governance Roundtable actúa como responsable o encargado del tratamiento respecto de los datos a los que usted hace referencia, así como la eventual aplicabilidad material y territorial de la normativa invocada.
Inés leyó el correo en voz alta.
—Han podido incluirme en una lista, mandarme documentos, invitarme a una mesa y sustituirla por consultas, pero todavía deben verificar si tratan datos.
—No pongas eso en un correo —dijo Mario.
—No soy idiota.
—Tu cara va a ganar un pleito antes que nosotros.
Health Futures enviaba correos, listas y documentos con precisión. Cuando Inés pidió identificar al responsable del tratamiento, la mesa empezó a describirse como iniciativa, red y coordinación informal.
A las 13:05 llegó otra comunicación.
Health Futures Governance Roundtable constituye una iniciativa colaborativa sin personalidad jurídica propia, coordinada por profesionales independientes para facilitar diálogo técnico entre partes interesadas.
La fórmula «sin personalidad jurídica propia» no había impedido que la invitaran, la borraran de una lista o conservaran una categoría construida a partir de su perfil.
Inés abrió una tabla.
Forma cuando actúa
Forma cuando responde
Health Futures: mesa / iniciativa sin personalidad.
Secretaría Técnica: coordinadora / no responsable.
Empresa de eventos: logística / sin finalidad.
Laura Benet: consultora / mediadora informal.
Arza: asesor / sin concreción.
Dejó una fila vacía para Aurea Potestas.
No sabía todavía qué forma tendría cuando respondiera.
Por la tarde, Arza aceptó reunión con el despacho. Sin Inés.
La frase fue esa solo en apariencia. Nadie la formuló así. Mario dijo que su presencia podía desplazar el foco. Cumplimiento dijo que convenía preservar el carácter técnico. La socia regulatoria habló de evitar personalización.
Inés no discutió.
Solo pidió aprobar el orden del día.
1. Concreción de alegaciones formuladas por Arza.
2. Identificación de asuntos, clientes o documentos afectados.
3. Alcance de deberes de confidencialidad invocados.
4. Rechazo de insinuaciones genéricas sobre Inés Martínez.
5. Eventuales solapamientos con Health Futures.
6. Prohibición de contacto informal.
Mario leyó el punto cinco.
—Van a decir que no procede.
—Que lo digan.
—Lo pondré como “eventuales solapamientos de contexto”.
—Cobarde.
—Puerta estrecha.
La reunión se celebró a las cinco. Inés esperó en su despacho, con la puerta abierta y un documento vacío en la pantalla. No quería parecer escondida. Tampoco disponible.
A las 18:12, Mario apareció con notas manuscritas.
—No formulan acusación concreta.
—Eso ya lo sabíamos.
—Dicen que les preocupa la aparición pública de un marco argumental reconocible.
—Marco argumental.
—Sí.
Inés leyó.
Arza no atribuía filtración. Arza recordaba deberes de confidencialidad. Arza no confirmaba relación con Health Futures. Arza solicitaba medidas internas para evitar que cualquier profesional con conocimiento previo influyera en publicaciones mediáticas.
—Quieren que me apartéis por higiene —dijo ella.
—Quieren que parezca que lo decidimos nosotros.
Había una frase subrayada dos veces por Mario:
No existe sucesión entre Delbran y ninguna entidad ulterior de la que este despacho tenga conocimiento.
—¿Por qué la subrayaste?
—Porque la dijo sin que nadie preguntara.
Inés leyó la línea siguiente.
Confundir continuidad documental, preservación de derechos o gobernanza fundacional con sucesión encubierta sería un error técnico grave.
Ahí estaba la frontera.
No sucesión.
Continuidad documental.
Preservación de derechos.
Gobernanza fundacional.
El puente existía en la conversación de Arza, aunque Arza rechazara el nombre que podía hacerlo visible.
La minuta propuesta por Arza llegó una hora después. Era impecable y casi vacía. No aparecía “continuidad documental”, ni “preservación de derechos”, ni “gobernanza fundacional”. Todo quedaba reducido a “intercambio de preocupaciones profesionales”.
—No es una minuta —dijo Inés—. Es una limpieza.
—Lo sé —respondió Mario.
Negociaron cuatro rondas. Al final quedó un texto que no gustaba a nadie.
Eso lo hacía útil. Recogía que Arza no atribuía a Inés conducta específica, que no identificaba documentos concretos usados indebidamente y que se habían mencionado, sin aceptación por ninguna parte, las nociones de continuidad documental y preservación de derechos.
Arza se negó a incorporar “gobernanza fundacional”.
Inés pidió que constara esa negativa.
Mario aceptó.
A las 19:12, Health Futures contestó de nuevo a su solicitud de datos.
Su nombre ha sido suprimido de la relación vigente. Determinada información relativa a categorías profesionales consultadas podrá mantenerse de forma agregada y no identificativa a efectos de documentación interna del proceso.
Habían retirado su nombre, pero el hueco que ocupaba seguía siendo útil.
Inés respondió:
Solicito confirmen si la categoría profesional agregada a la que hacen referencia deriva total o parcialmente de mi inclusión inicial, de mi perfil, de mis comunicaciones, de mi negativa a participar o de cualquier información relativa a mi trayectoria.
Mario leyó por encima.
—Estás preguntando si van a contarte aunque no estés.
—Sí.
—Buena pregunta.
—Terrible pregunta.
—También.
A las 20:01 llegó la respuesta.
Su inclusión inicial no será utilizada de forma individualizada. La documentación interna podrá reflejar, en términos generales, que se identificaron perfiles jurídicos externos como parte del diseño metodológico del proceso, sin atribución personal ni cómputo nominal.
La respuesta renunciaba al nombre y al cómputo nominal. Conservaba, en cambio, la categoría: perfiles jurídicos externos. Inés había servido para darle forma.
Mario se quedó junto a la puerta.
—¿Merece la pena pelear esto?
No lo dijo con cobardía. Lo dijo con cansancio.
Inés tardó en responder.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque si no, mañana podrán escribir que consultaron a perfiles jurídicos externos y parecerá que alguien como yo ayudó a diseñar la forma de protegerlos.
—Pero no dirán tu nombre.
—No hace falta.
Antes de volver a casa, Inés entró en un supermercado que seguía abierto junto al metro. Llevaba todo el día alimentándose de café, una ensalada incompleta y dos galletas de una sala de reuniones.
Cogió una cesta y recorrió los pasillos sin saber qué necesitaba.
Leche, huevos, tomates, jabón para lavavajillas.
En la sección de congelados abrió una puerta, recibió una ráfaga de aire frío y permaneció allí demasiado tiempo, mirando bolsas de verduras que se diferenciaban solo por el porcentaje de brócoli.
Una pareja discutía a pocos metros sobre una marca de detergente.
—El otro huele mejor —dijo ella.
—El otro cuesta dos euros más.
—Pero dura más.
Inés observó cómo comparaban los envases, molestos y tranquilos a la vez. El desacuerdo tenía cifras visibles, opciones delimitadas y una consecuencia que cabía en una bolsa. Sintió una envidia absurda.
El móvil vibró dentro del bolso.
Laura Benet.
Inés dejó que terminara la llamada. Un segundo después llegó un mensaje:
Podemos resolver esto sin escalarlo más. Llámame cuando puedas hablar como persona.
Leyó la última frase dos veces.
La mujer del detergente había escogido ya el producto más caro. Su acompañante lo colocó en la cesta sin seguir discutiendo.
Inés guardó el móvil y cerró la puerta del congelador. Compró una pizza, yogures y una botella de vino que no abrió al llegar a casa.
Comió de pie en la cocina mientras el horno terminaba de calentarse.
Desde la ventana veía una hilera de balcones con luces distintas: una televisión azul, una lámpara amarilla, alguien tendiendo ropa tarde.
Ninguna ventana parecía contener una estructura jurídica capaz de sobrevivir a sus habitantes.
Cuando sonó el temporizador, la pizza seguía fría en el centro. Inés se comió dos porciones igualmente y dejó el resto en la encimera.
Esa noche, cuando por fin se quedó sola, abrió un borrador de reclamación ante la autoridad de protección de datos.
El título era feo.
Reclamación por tratamiento no autorizado de datos personales, inclusión no consentida en proceso preparatorio y uso agregado o indirecto de perfil profesional identificable.
No detendría Health Futures. No bloquearía Aurea Potestas. No impediría que Delbran se liquidara.
Pero obligaría a formular la pregunta en un idioma que ellos no controlaban del todo.
Empezó a escribir.
Escribió de forma deliberadamente plana. Fechas, correos, usos, categorías, negativas y solicitudes. La rabia quedó fuera del documento, que era donde menos podía ayudarla.
Entrar por una puerta estrecha también era una forma de obligar a la arquitectura a responder.
La protección de datos era estrecha.
Servía.