Postales 2. Contigo todo fue demasiado fácil
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2. Contigo todo fue demasiado fácil

martes, 11 de mayo

A ti…

(chico de la camisa negra)

Creí que no volvería a verte.

Pasó más de un año desde esa noche.

Y aun así… nunca se fue del todo.

Intenté convencerme de que había sido solo eso, una mirada sin importancia, algo que uno olvida con el tiempo…

pero no.

Se quedó.

Como esas cosas que no sabes explicar, pero tampoco puedes borrar.

Ese día estaba en la cafetería.

Llegué más temprano de lo normal.

Tenía cosas que hacer, papeles que revisar… lo típico.

El lugar estaba tranquilo.

Olor a café recién hecho, la máquina sonando de fondo, música baja… todo en calma.

Y entonces sonó la puerta.

No sé por qué levanté la mirada.

Pero lo hice.

Y ahí estabas tú.

El chico de la camisa negra.

Alto. Imposible de ignorar.

El cabello un poco más largo… pero la misma mirada.

Esa mirada.

Sentí algo en el pecho.

Como si mi cuerpo te hubiera reconocido antes que yo.

Como si no hubiera pasado el tiempo.

Te acercaste.

Y esta vez no había ruido.

No había gente.

No había nada que me distrajera.

Solo tú.

Intenté actuar normal.

Como si fueras un cliente más.

Pero no lo eras.

Nunca lo fuiste.

Mis manos temblaban.

Y lo peor es que creo que lo notaste.

Porque había algo en tu forma de mirarme…

como si supieras.

Como si supieras que yo también me acordaba.

No quise decir nada.

No quise ser la que se aferra a algo de hace un año.

Así que fingí.

Fingí no reconocerte.

Fingí que no significabas nada.

Pero por dentro…

todo se movió otra vez.

Más tarde, salí.

No quería pensar en eso.

No quería darle importancia.

Pero terminé en el cumpleaños de Vera.

Y ahí estabas.

Otra vez.

Como si no fuera coincidencia.

Como si algo insistiera en ponerte frente a mí.

Y no supe qué hacer.

Porque una cosa es recordarte…

y otra muy distinta es tenerte ahí.

Mirándome igual.

Intenté seguir como si nada.

Reír, hablar, escuchar…

Pero no podía.

Porque te sentía.

Incluso cuando no te estaba viendo.

Y entonces pasó.

Mi celular vibró.

Pensé que era cualquier cosa.

Pero no.

Eras tú.

"Sé que tú también recuerdas esa noche."

Sentí un nudo en el pecho.

Levanté la mirada…

y estabas ahí, mirándome, como si nada.

Como si fuera normal.

Después otro mensaje.

Y otro.

Insistías tanto en que fuéramos al balcón del restaurante para hablar.

Y según tú, para cuadrar nuestra primera cita.

Y yo sin saber qué hacer.

Sin entender cómo llegaste hasta ahí.

Cómo entraste otra vez.

Y lo peor no fue eso.

Lo peor fue darme cuenta de algo.

Que a pesar del tiempo…

a pesar de haber intentado olvidarte…

no me eras indiferente.

Ni un poco.

P.D.

Pensé que lo de esa noche había sido algo pasajero…

pero hoy entendí que no.

Que contigo…

todo fue demasiado fácil.

Y eso es lo que más me asusta.