PETITE LUMIÈRE CAPÍTULO 7 BENJAMÍN (La voz que me apagó)
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CAPÍTULO 7 BENJAMÍN (La voz que me apagó)

BENJAMÍN (La voz que me apagó)

En la casa de los De Saint-Tournier siempre había visitas.

Amigos cercanos, de esos que no solo llegaban, sino que se quedaban muchas horas y compartían las charlas y tertulias, los buenos momentos, música que no podía faltar en ese hogar; siempre cantaban, siempre alegres, tocaban la guitarra, sus bebidas favoritas, aperitivos, buena comida deliciosamente preparada por Clément y Mathilde para todos.

Muchas veces, sin darse cuenta, la música, las conversaciones y demás estaban tan a gusto que el día se convertía en la tarde, la tarde se convertía en noche y la noche en madrugada.

Así de emocionante y alegre se vivía en la casa de los De Saint-Tournier, en la Casa de la 27.

En una de esas tardes, una amiga cercana a la familia llegó a la casa de los De Saint-Tournier durante el día, pero llegó muy bien acompañada por un amigo muy conocido en la ciudad, que algunas veces la acompañaba a tocar la guitarra y a cantar.

Benjamín, cantautor, un hombre de aire bohemio, de unos treinta y tantos años, con guitarra al hombro. Encantador pero imprudente, con un ego artístico que lo hacía poco sensible a las emociones de los demás.

Esa tarde, después de haber pasado una linda velada de tertulias, risas, canciones, guitarras, todos estaban encantados de compartir con ese tan renombrado cantautor, Benjamín.

También “las niñas”, como decía su madre Mathilde cuando se refería a Eugénie, Clarisse y Juliette.

Aunque ya ellas no eran tan niñas. Les gustaba la música y disfrutaban mucho esas pequeñas reuniones en su casa.

Eugénie y Clarisse estaban aprendiendo a tocar la guitarra en una escuela de música muy reconocida en ese entonces donde estudiaban artistas conocidos.

Por otra parte, Juliette tomaba clases de ballet.

Eugénie, a pesar de su timidez, amaba cantar, escribir poemas y canciones, tocar la guitarra, bailar. Siempre le causaba mucha felicidad cuando podía hacerlo.

Quería tomar clases de canto para perfeccionar su voz y grabar un disco en el futuro.

Cantar no era solo algo que le gustaba. Era una parte muy profunda de ella. Era ese lugar donde podía expresarse sin miedo, donde todo lo que sentía encontraba salida. Cuando cantaba, se sentía libre, como si el mundo se detuviera por un momento y todo tuviera sentido.

Para ella, cantar era su vida.

Aprovechó un momento y se le acercó a Benjamín cuando él estaba desocupado, para no interrumpirlo, y le dijo que le gustaría aprender a cantar y cómo podía hacerlo profesionalmente.

Benjamín, sin ni siquiera escucharla cantar, muy poco amable y muy hiriente, le dijo:

“¿Para qué vas a coger clases de canto, si tú no cantas? Y nunca lo vas a lograr. Eso no se hizo para ti. Tú no sirves para cantar.”

Que no. Que ella no cantaba. Que eso no era para ella.

Eugénie abrió más los ojos y se quedó inmóvil, sin poder decir palabra.

Bajó la cabeza y, sin decir nada, se retiró. Se fue a su habitación.

Se sentó en un rincón, en el piso, al lado de su cama, casi a escondidas para que nadie la viera, y lloró en silencio.

No entendía lo que había pasado.

Su mundo interior se acababa de derrumbar. Toda su ilusión, todo su amor por el canto, todo se había hecho pedazos en unos minutos.

Cantar no era un juego para Eugénie. Era parte de su vida. Lo que siempre había soñado.

Y ese día, algo se quebró por dentro.

Se lavó la cara. Respiró profundo. Y regresó a la reunión.

Trató de disimular, para que nadie se diera cuenta de que había llorado, y siguió como si nada hubiera pasado, pero con un dolor profundo en su alma.

La tarde continuó. Las voces. La música. Las risas.

Todo siguió igual.

Parecía que nadie había escuchado lo que Benjamín le dijo, o al menos eso pensó ella, y eso le dio cierta tranquilidad.

Y después de ese día, la vida de Eugénie cambió.

Su voz empezó a apagarse. Cada vez más.

Por el miedo.

Por el miedo de que alguien volviera a decirle lo mismo.

Entonces, prefirió callar.

Algo muy dentro de ella se apagó.

Su voz. Su ilusión. Sus ganas de vivir.

Y con ese dolor, dejó de cantar en público.