Capítulo Diez
Cameron
—Tienes que llamarla.
—Ni hablar —le replico a mi padre.
—¿ Leíste lo que dijo de ti?
—Sí. Son todo mentiras. Nunca la traté así.
—Era una acosadora.
Mi padre dice las palabras que yo no he sido capaz de pronunciar.
—Y eso hay que contárselo al público. No es justo que intente arruinarte la carrera.
—No está pensando en mi carrera. A Lacey le doy igual. Solo le importa ella misma... y seguramente pensó que contarlo todo la catapultaría a la fama.
Suspiro y me paso los dedos por el pelo, sentado en mi coche, esperando unos minutos más antes de entrar a entrenar en la pista.
Sé que Nila estará allí, y por alguna razón, no me veo capaz de verla ahora mismo. Pero no tiene nada que ver con que anoche estuviera en el coche de Tucker.
Bueno, quizá un poco.
—Quizá si la llamas y te explicas, pueda retractarse —continúa mi padre—. Salisteis casi seis meses. Tiene que haber algo que puedas hacer.
—Sí, salimos seis meses, pero solo la vi un puñado de veces en persona. Ni siquiera me conoce de verdad . Toda nuestra relación fue a distancia.
—Pues dile eso.
—No creo que funcione, papá. El daño ya está hecho. Y teniendo en cuenta que le pegué a un fan, no es descabellado que...
—Hay una diferencia entre enfadarse de vez en cuando defendiendo a alguien a quien quieres y que te llamen narcisista —me interrumpe mi padre con severidad—.
Cam, los dos sabemos que siempre has pensado en los demás.
Siempre has puesto a tus amigos y a tu familia por delante. No eres la persona que ella pintó.
—Buena suerte convenciendo al mundo de eso —resoplo, frotándome los ojos para contener las lágrimas que amenazan con salir.
Me siento como un idiota.
Debería estar enfadado . Debería estar montando una escena, volcando mesas o algo así. Pero en cambio, se me humedecen los ojos.
Qué asco.
—Merece la pena intentarlo.
Su voz se suaviza.
—Llámala, ¿vale?
Asiento.
—Vale, lo intentaré.
—Te quiero, hijo.
Sonrío.
—Yo también te quiero. Buena suerte con tu cita de esta noche. Con un poco de suerte, no te dejará por mi culpa.
—Ni siquiera le gusta el hockey.
—Perfecto.
Me río, cuelgo y dejo el móvil en la consola para poder respirar por fin.
Nunca pensé que tendría que volver a hablar con Lacey, sobre todo teniendo en cuenta que fue ella quien rompió conmigo. Pero jamás pensé que diría todas esas cosas sobre mí.
Puede que tenga fama de impulsivo en la pista, pero nunca trataría así a una mujer. Mi madre me educó mejor.
Tras un par de respiraciones profundas, cojo el móvil de nuevo y busco su número, uno que he estado a punto de borrar más de una vez.
Menos mal que no lo hice.
Pulso el botón de llamada y me llevo el móvil a la oreja para que nadie que pase pueda oír, y me preparo.
—Eh... ¿hola?
Su voz es tan cortante como siempre.
—Hola, Lacey, soy Cameron —digo como un autómata. Ni siquiera siento que las palabras salgan de mi boca.
Se ríe.
—Sí, ya lo sé. Me preguntaba cuándo me llamarías.
—Eh, sí —murmuro—. Ese artículo... no es justo.
—Perdona, ¿qué?
—La entrevista. Dijiste que yo era un...
—Dije lo que dije, Cameron. Supéralo.
—Sí, pero es...
—Es solo un tabloide.
—Ya, pero esta es mi vida, Lacey. Y por lo que dijiste, podrían echarme...
—Ay, Dios mío, no todo gira en torno a ti.
Noto cómo se me calienta la cara de frustración.
—Por favor, deja de interrumpirme.
—Bueno, está claro que esperas que me disculpe, pero he dejado de ser el felpudo de todo el mundo. Estoy en mi era villana , gracias, y me da igual, Cameron. A nadie le importa el hockey.
—¿En serio? Entonces, ¿por qué mencionas mi nombre? Porque me parece que intentas usarme como trampolín hacia la fama —le espeto—. Eso está mal, y lo sabes. Apenas nos vimos en los seis meses que estuvimos juntos, y tú...
—Fui yo quien rompió contigo. Sí, lo sé.
Resopla.
—Intentaste hacer ver que lo nuestro iba a alguna parte , y los dos sabemos que es mentira. Pero vi el vídeo tuyo con ese fan. Fue asqueroso, Cameron. Eres un impulsivo. Tu comportamiento es vergonzoso.
Sí, esto ha sido un error.
—No vuelvas a llamarme —gruñe antes de colgar.
—Vaya, vale —murmuro para mí mismo antes de girar la llave y apagar el coche.
Recojo mi equipo y salgo, me cuelgo la bolsa al hombro y cierro la puerta con la rodilla.
Mientras lo hago, veo a una pelirroja saliendo de la parte trasera de un SUV negro.
El corazón me da un vuelco mientras observo a Nila despedirse del conductor con un gesto y una dulce sonrisa.
Qué suerte la suya .
Aparto la mirada de ella y me dirijo hacia la pista.
Hace menos de veinticuatro horas, sentí que hubo algo entre nosotros a la salida del antro... pero sé que esa pequeña chispa probablemente ya se ha apagado. Es increíble cuánto pueden cambiar las cosas en tan poco tiempo.
Cierro los ojos con fuerza al pensar en su expresión cuando vio el artículo.
Uf. Seguro que piensa que soy una persona horrible.
—¿Cameron? —me llama Nila, pero sigo caminando—. Oye, espera. Necesito hablar contigo.
Miro por encima del hombro, sorprendido de verla corriendo para alcanzarme. Me paro a esperarla.
—¿De qué?
—Yo, eh... —se le apaga la voz cuando nuestras miradas se cruzan—. ¿Estás bien? Tucker dijo que estabas bastante disgustado. No tuvimos ocasión de hablar de ello en el bar, y nunca me contestaste al mensaje.
Asiento despacio, intentando descifrar su expresión críptica.
—Es lo que hay.
Se muerde el labio.
—Ya... pero nunca me contestaste al mensaje.
—Pensé que estabas ocupada —digo con frialdad, mientras me asaltan pensamientos intrusivos sobre mi abogado . También es mi amigo, pero ahora mismo estoy demasiado agobiado para verlo de esa manera.
Nila es solo un contacto profesional.
No tengo ningún derecho a sentir celos de que estén juntos.
—No, no lo estaba —frunce el ceño—. Tucker me llevó de vuelta a mi hotel después de la reunión. Estuve allí el resto de la noche. No estaba ocupada en absoluto.
Asiento, sintiéndome idiota por haber dejado entrever mis celos.
—Sí, lo siento. Es que ha sido un día de mierda.
Tuerce los labios en una mueca.
—Sí, lo entiendo.
No, no lo entiendes.
—Tengo que ir al entrenamiento —le digo, mientras la vergüenza vuelve a apoderarse de mí.
No sé qué tiene el artículo que me hace sentir tan mal; nada de eso es verdad siquiera. Sin embargo, mientras miro a Nila, no puedo evitar preguntarme qué pensará ella de mí ahora.
¿Se lo habrá creído?
Aprieto la mandíbula mientras le sostengo la puerta abierta y le hago un gesto para que pase. Me mira con dulzura al pasar por delante, y no sé cómo interpretarlo.
Aunque le he complicado mucho el trabajo. Eso sí lo sé.
Me dirijo al vestuario antes de que pueda hacerme más preguntas. No es que no quiera estar cerca de Nila, es que no sé ni qué decir... y desde luego no estoy de humor para hablar de lo que pasó.
—Eh, tío —me saluda Kade con una sonrisa comprensiva cuando entro en el vestuario—. Me sorprende que hayas venido hoy.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué no iba a venir? No es que me hayan echado del equipo. Todavía... no, al menos —añado, y se me apaga la voz cuando uno de los novatos me mira de reojo. Me entran ganas de sacarle la lengua, pero me contengo.
—Sí —Kade agacha la cabeza mientras termina de prepararse—. Todos estamos preocupados por ti.
—Lo sé —murmuro, ignorando cómo sus ojos dorados reflejan todas sus emociones. Con Kade nunca hay duda de cómo se siente. Sus ojos siempre lo delatan, y odio la compasión y la preocupación que veo en ellos ahora.
—Cameron —me llama el entrenador Wilson desde detrás—. Ven un momento.
Me doy la vuelta y se me caen los hombros mientras saco los patines.
—¿Qué pasa?
—Ven —me hace un gesto con la mano para que lo siga, y obedezco, dejando mis cosas atrás.
Hora de dar la cara .
Salimos al pasillo, y en cuanto se cierra la puerta, continúa:
—Necesito saber, por mi propia cordura, ¿alguna de esas acusaciones es verdad?
Se me cae la mandíbula.
—Entrenador, tiene que estar de broma. Llevo casi cinco años en este equipo.
—Lo sé —dice con sequedad—. Por eso, a nivel personal, necesito saberlo, Cameron.
Algo flaquea en su voz, y me doy cuenta de que esto no es un ataque a mi persona.
—No es verdad. Usted sabe mejor que nadie que apenas la vi cuando salíamos. Ni siquiera hablábamos mucho, por eso la ruptura me afectó tanto. Fue como si nunca le hubiéramos dado una oportunidad antes de que se largara sin más. Consiguió el contrato de modelaje que quería, y se acabó.
Asiente.
—Hizo esa entrevista para llamar la atención. Cualquiera debería poder llegar a esa conclusión por sí mismo.
—Pero aquí estamos —suspiro.
—Sabes que te apoyo. Y te necesito en este equipo.
—Sí, pero Mark tiene la última palabra. Siempre la tiene.
El entrenador Wilson me da una palmada en el hombro.
—Pero haré todo lo que pueda.
—Gracias, entrenador.
Mira hacia las gradas.
—He visto que Nila está aquí.
Asiento, sin entender por qué la menciona.
—Sí, la he visto...
—Sabes que hoy no tenía por qué venir, ¿verdad? —Ladea la cabeza y me mira con expresión rara—. Imaginé que estaba aquí solo para apoyarte.
—Oh...
Mi voz se apaga mientras el corazón me da un vuelco de emoción.
Solo que ahora me siento como un completo idiota por haberla ignorado en el vestíbulo.
Uf, todo esto es un desastre.
—En fin, ve a prepararte. Después de esto hay una reunión de relaciones públicas.
Intentaré sacarte del entrenamiento a tiempo para que al menos cenes antes, porque no tengo ni idea de cuánto durará —me aprieta el hombro y se dirige a la pista, donde sus asistentes ya están montando el circuito de ejercicios.
Suspirando, vuelvo al vestuario. Está más lleno que cuando salí, y enseguida localizo a Dylan y Blaze. No he hablado con ninguno de los dos desde que salió el artículo.
—¡Tío, estás aquí! —Dylan alza las manos con sorpresa—. Pensaba que estarías en casa llorando y comiendo helado.
—Ja, ja —pongo los ojos en blanco, aunque debo admitir que su humor es un alivio, mucho mejor que la puñetera lástima.
—No creo que sea buen momento para bromas —Blaze lo fulmina con la mirada y luego me mira con gesto de disculpa—. Espero que no dejes que te echen del equipo sin plantar cara. Tengo un abogado muy bueno si necesitas uno...
—Gracias, pero tengo a Tucker. Puede ser un poco difícil, pero es bueno en lo que hace.
Blaze asiente y se encoge de hombros mientras se pone una sudadera.
—Todo este lío es una mierda. Todo el mundo sabe que Lacey ni siquiera aparecía cuando salíais. Te dejaba tirado más veces de las que se presentaba cuando estabas en la ciudad.
—Lo sé. Pero ahora es su palabra contra la mía, y después de esa pelea, la mía no queda muy bien.
—Solo te está usando para conseguir sus quince minutos de fama.
Algunas cosas nunca cambian .
—Pues espero que piense que vale la pena —refunfuño.
Porque está a punto de arruinarme la vida.