Capítulo ocho
Cameron
A Nila le pasa algo esta noche, pero no sé qué es. Sonríe como siempre y habla con mis amigos, sobre todo con Addy. Pero sus ojos no brillan como de costumbre. Cada vez que cree que nadie la mira, juguetea con su collar y se la ve apagada.
Y no me gusta.
Espero que no sea culpa mía.
Repaso mentalmente la conversación que tuvimos sobre Tucker, y me siento mal... más o menos.
¿Será por eso que está un poco rara esta noche?
Si Nila quisiera salir con Tucker, eso es lo que debería estar haciendo ahora mismo... pero solo de pensar en ella saliendo con él se me revuelve el estómago.
—Esta banda es muy buena —la voz de Nila me saca de mis pensamientos—. Gracias por invitarme.
Carraspeo.
—Sí, claro. Es uno de mis sitios favoritos.
Es un bar un poco cutre, pero es popular y conocido por la calidad de los músicos en directo que vienen a tocar. Venimos a menudo y nos sentamos en la terraza a escuchar música. Es un buen respiro.
Nila saca el móvil para hacernos unas fotos y luego se hace un selfi con Addy. Me pregunto si lo subirá a su propio Instagram. La verdad es que ni siquiera he mirado lo que ha publicado en mi cuenta desde las primeras fotos mías en el entrenamiento.
No soporto las notificaciones ni la sensación de estar bombardeado por ellas. Pero...
Estoy empezando a disfrutar de tener a Nila cerca.
Y no quiero cambiarla por nadie.
—¿Podemos hacernos una foto juntos?
Lo suelto antes de pensarlo, y no se me escapan las miradas de Kade y Blaze.
Los ojos de Nila brillan con algo que no logro descifrar.
—Claro. Aunque no podemos subirla a tu cuenta, y yo no puedo subirla a la mía hasta que termine el trabajo.
—No pensaba subirla —digo con cautela—. Solo quiero tener una foto de nosotros.
Dios, ahora parezco un idiota sensiblero.
—Aquí —Addy interrumpe la conversación y me tiende la mano para coger el móvil—. Yo os la hago.
Agradezco la interrupción y le paso el móvil, respiro hondo y contengo el aliento mientras me inclino y apoyo el brazo en el respaldo de la silla de Nila.
—Sonreíd —Addy nos dedica una mueca graciosa mientras nos hace unas cuantas fotos.
Bajo la mirada hacia Nila, que sonríe a la cámara, y no puedo evitar admirarla de cerca. Bajo la fina capa de maquillaje, distingo las pequeñas pecas salpicadas por su piel cremosa como motas de pintura.
—Listo —dice Addy, bajando la voz.
Carraspeo y me aparto; el aroma a jazmín del perfume de Nila me persigue. Los ojos de Addy me siguen y se entornan mientras me devuelve el móvil. Me encojo de hombros, sin tener ni idea de qué significa esa mirada.
Sin embargo, solo unos momentos después, el móvil me vibra en la mano. Miro la pantalla, sorprendido de ver de quién es.
Addy: Te gusta.
Se me encienden las mejillas. Cojo el móvil de la mesa y miro de reojo a Nila. Por suerte, tiene la vista puesta en la músico, una mujer alta y rubia que canta una versión de Fleetwood Mac. Abro el mensaje y, antes de que pueda responder, me llega otro.
Addy: Se nota en cómo la miras. Deberías decírselo.
Pongo los ojos en blanco y niego con la cabeza al leer el mensaje. Después de mi terrible ruptura con Lacey, no hay forma de que vuelva a arriesgarme. Además, Nila acaba de salir de una relación y dejó claro que no quiere ataduras.
Lo que sea que sienta, se me pasará . Total, se va pronto.
Se me encoge el estómago solo de pensarlo. Pero antes de que pueda darle más vueltas, el móvil empieza a sonar, lo cual es una distracción bienvenida.
Bajo la vista y veo la foto de perfil de mi padre iluminando la pantalla. Me levanto de la mesa y contesto mientras me alejo para escapar del ruido.
—Hola, papá —doblo la esquina de la terraza, me apoyo en la pared de ladrillo y observo a la gente que pasea por la hilera de bares y locales.
—Hola, solo quería saber cómo te va —su voz suena tan alegre como siempre, pero hay algo raro en su tono que no logro identificar.
—Pues bien. Estamos en el Metro ahora mismo.
—¿Sí? ¿Has llevado a Nila?
—Está aquí, sí. Aunque no sé cuánto tiempo más se quedará en la ciudad. Parece que hizo tan bien su trabajo que ya no creen que la necesiten. Lo de la pelea ya pasó.
—Oh... bueno... no pareces muy contento con eso.
—No, no es eso —digo con vacilación, intentando aclarar lo que siento—. Por lo visto van a contratar a alguien de reemplazo como gestor de redes sociales a tiempo completo, pero no creo que me siga a todas partes como hace ella.
Papá se ríe.
—Pues eso será bueno.
—Sí... —dejo la frase en el aire—. Pero no lo sé.
—¿No sabes qué?
—No parece que haya estado aquí mucho tiempo.
—No lo ha estado.
Se ríe.
—Pero me da la impresión de que no quieres que se vaya.
—Yo... eh...
—Es una persona muy dulce —me interrumpe—. Además, es ambiciosa y decidida. Vi cómo la miras.
—No la miro de ninguna manera especial —gruño, pensando en los mensajes de Addy.
—¿Está soltera?
—Sí, pero acaba de salir de una relación. Y no quiere ataduras, está centrada en su carrera.
—Ah, ya veo. Bueno, si sientes algo por ella...
— No siento nada —espeto, negando con la cabeza—. Apenas la conozco.
—Vale, pero no dejes escapar algo bueno. Podrías acabar arrepintiéndote de no haber hecho nada.
Suspiro; su consejo me deja la cabeza hecha un lío.
—Gracias, papá. Pero creo que lo dejaré estar.
—¿Por qué dices eso? —pregunta.
—Porque... después de todo lo que pasó con Lacey...
—Lacey no fue amable contigo desde el principio —me interrumpe—. Nunca me gustó.
No se equivoca. A papá nunca le gustó mi exnovia.
—Te menospreciaba constantemente, y creo que solo salió contigo para intentar lanzar su carrera como modelo.
Y funcionó, así que rompió conmigo.
—No quiero hablar de eso —digo, tirando del dobladillo de mi henley negro de manga larga—. Es perder el tiempo. Ya la superé.
Por fin .
Es vergonzoso admitir lo difícil que me resultó pasar página con Lacey.
Especialmente teniendo en cuenta cómo me trató.
Pero... perder a alguien que me importa siempre ha sido duro para mí; desde que mi madre falleció, me cuesta especialmente lidiar con las pérdidas.
Papá lo sabe, por supuesto. Ha sido mi roca en todo esto.
—Sé que has superado a Lacey, pero no quiero que descartes a todas las mujeres solo porque ella fue una excepción.
—Vale —murmuro—. No tenía ni idea de que te habías convertido en un gurú del amor.
Se ríe y luego hace una pausa.
—He tenido una cita esta noche.
—...¿Ah, sí? —logro articular. Es la primera vez que menciona salir con alguien desde que mamá falleció, y aunque sabía que tarde o temprano pasaría, me resulta extraño enfrentarme a ello.
Por eso algo sonaba raro cuando contesté el teléfono.
—Sí... —su voz se apaga—. No quería pillarte desprevenido. Nada más.
Parpadeo, tragándome la pena que me oprime el corazón. Quiero que mi padre sea feliz, y me lo recuerdo mientras abro la boca para hablar.
—¿Fue bien?
—Pues... —exhala bruscamente—. Supongo que sí. La verdad es que no recuerdo qué hace que una cita sea buena. Han pasado tantos años, y tu madre y yo nos conocimos en el instituto.
Noto los nervios en su voz, y de repente, todos mis sentimientos encontrados se desvanecen.
Mi padre me está llamando a mí para que lo apoye.
Sonrío.
—Si no pasó nada catastrófico, ya es mejor que la mitad de las citas que he tenido.
Se ríe.
—Un par de tipos con los que juego al golf me la presentaron. Le pedí volver a verla.
—¿Y?
—Dijo que sí, pero intento no emocionarme demasiado. He oído todas las historias de terror sobre las citas. En realidad solo he tenido una relación, y bueno... no sé si estoy hecho para este nuevo tipo de citas.
Me río.
—No creo que tengas que preocuparte de que las mujeres de tu edad solo quieran «Netflix and chill», papá.
—Todavía ni siquiera sé qué significa eso.
—Es mejor que no lo sepas —murmuro, estremeciéndome ante la idea de que mi padre haga algo así. Qué asco .
—Pero me alegro de que lo hayas pasado bien, y espero que tu segunda cita vaya igual de bien.
—Yo también. Que tengas buena noche.
—Te quiero.
—Yo también te quiero, hijo.
Cuelgo el teléfono y me lo guardo en el bolsillo, casi sobresaltándome al darme cuenta de que Nila está justo a mi lado.
— No te he visto acercarte.
Se ríe suavemente.
—Me preocupé un poco cuando desapareciste. Solo quería asegurarme de que no te habían secuestrado.
Le sonrío, sintiendo un revoloteo en el estómago mientras observo cómo su melena pelirroja cae hacia un lado y su chaqueta de cuero le queda perfecta sobre los hombros menudos.
—Nadie querría secuestrarme a mí . Creo que si a alguno de los dos fueran a secuestrarlo, serías tú .
—Probablemente podrías con ellos.
Me río.
—Probablemente. Quién sabe. Un golpe en la entrepierna y estaría acabado.
—Lo recordaré.
—Sí, no me des un golpe bajo.
Me río entre dientes.
—Gracias de nuevo por invitarme.
Me mira, con los labios pintados de rojo brillando bajo las farolas.
Madre mía, está impresionante.
—Sí, no hay problema. A mis amigos les caes muy bien.
—Me caen bien tus amigos —dice, con la voz más suave—. Me encanta lo unidos que estáis. Es genial.
—Sí. ¿Tienes algún amigo así?
No me responde. Desvía la mirada hacia la calle mientras se agarra el collar de nuevo. Me pregunto cómo será su vida en Nueva York, pero antes de que pueda decir nada, me mira con los ojos brillantes de lágrimas.
—Perdí a mi abuela hace unos años. Era mi mejor amiga.
Se me encoge el corazón al ver su expresión.
—Lo siento mucho, Nila. Sé lo que es perder a alguien cercano... Perdí a mi madre cuando estaba en el instituto.
Asiente y aparta la mirada de nuevo.
—No hablo con nadie como hablaba con ella. Creo que echo de menos tener a alguien con quien abrirme. Ojalá hubiera podido hablar con ella hoy.
Todo mi ser quiere abrazarla.
—Si quieres hablar...
—No, está bien, yo...
Su voz se apaga mientras saca el teléfono y abre los ojos de par en par.
—Espera, ¿qué es esto?
Se queda boquiabierta e intento ver qué está mirando.
—¿Es tu ex? —pregunto.
—No...
Niega con la cabeza y me tiende el teléfono.
—Es el tuyo .