Otras aguas Una mujer
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Una mujer

Su aldea no tenía semáforos, pero había oído hablar de ellos. «Te indican cuándo seguir», decía la gente.

Esto la confundió. Le preguntó a su madre qué significaba eso.

Su madre se enojó. «¿Para qué te digo si no sabes?».

Su padre, sin embargo, la animó a aprender, a aprovechar cualquier oportunidad. Saber nadar, decía, era algo bueno. Nunca sabías cuándo tendrías que cruzar un río.

No usó un teléfono hasta los doce años. Hizo la fila, observando atentamente. Cuando llegó su turno, ya sabía cómo utilizarlo, y nadie se dio cuenta.