Un amigo
Siempre teatral, Lucho recrea la vez que Leona lo dejó plantado. Camina de un lado a otro y mira por la ventana. Suspira y revisa su reloj. Luego, pensativo, le da una fumada a su Lucky. Frunce el ceño, asiente para sí mismo y vuelve a caminar.
Su perro, en respuesta, le araña los talones.
«¿Recuerdas lo que dije sobre querer enjaularlas? Lo cambio por “dejar la jaula abierta”».