Otras aguas Una mujer
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Una mujer

Nos acostamos con los labios muy juntos, respirando el aliento del otro. Su cuerpo se pega al mío como una hoja mojada contra el vidrio. Tiene miedo, dice. Yo soy el hombre, pero no es el momento. Ella todavía no sabe quién es.

Un golpe seco sacude la ventana. Cuando miramos, no hay nada. Luego vemos, pegada al cristal, una diminuta pluma blanca.