Otras aguas Una mujer
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Una mujer

Marta se echa agua en la cabeza con una totuma. «Quédate aquí conmigo, papi, ¿sí?».

Rechazó a los hombres que buscaban su corazón: finqueros, políticos e incluso hombres decentes como su maestro de tercero de bachillerato. De ahí la sorpresa cuando ella terminó con él.

Yo no podía entender cómo había sucedido.

Él —se niega a decir su nombre— le doblaba la edad. Era escandaloso, mujeriego, y esparcía su simiente con desenfreno. Engreído porque tenía «propiedades». Con su vozarrón atronador, gritaba en público: «¡Vení acá, hijueputa!».

La llevó a la ciudad, le alquiló una pieza y la mantenía vigilada. Saboteó sus intentos de estudiar o trabajar. La llamaba en plena entrevista de trabajo.

Cuando ella intentó escapar, él sacó un machete.