El don (Mafia Ortega nº 3) EPÍLOGO
100%

EPÍLOGO

JONNY

El helicóptero despega y por fin me relajo.

—No sé cómo puedes vivir rodeado de toda esa mierda —digo con un suspiro, refiriéndome al hombre que obviamente se mueve como pez en el agua en ese mundo.

Baron sonríe y, como siempre, parece que el Diablo está teniendo un día estupendo.

—Te acostumbras.

Se encoge de hombros.

—Le dije a Ryder que te llevaría a casa. Sus instrucciones fueron que te obligara a tomarte esas vacaciones que no dejas de evitar.

—¿A casa? —Levanto la vista—.

¿De la que huí o del lugar donde vivo?

Baron se encoge de hombros.

—El hogar es solo una palabra.

Me mira con curiosidad.

—¿Dónde está tu hogar, Jonny?

—El Rubicón con mis hermanos.

No vacilo y Baron asiente.

—Sé mucho de eso. Las amistades son el pegamento que mantiene nuestra mierda en su sitio, pero ¿y una mujer? He oído que estuviste enamorado una vez.

Que Baron haya pronunciado siquiera esa frase me cabrea. Ryder es un maldito cabrón por entrometerse, y fulmino con la mirada al hombre que mueve todos nuestros hilos.

—El amor no me interesa, Baron.

—¿Por qué no?

—Está sobrevalorado.

—Eso lo dice un hombre que no reconoce su poder.

Baron se ríe por lo bajo.

—A veces, Jonny, el amor necesita que le echen una mano. Fíjate en mí, por ejemplo.

Me inclino hacia delante, curioso por saber más de la pobre mujer a la que Baron llama su esposa.

—Mi propia esposa me odiaba al principio. Incluso huyó, pero yo sabía que era mía. Así que...

—Sonríe y juro que la temperatura baja dentro del helicóptero.

—Jugué la partida y gané. Era inevitable y, como dije antes, coloqué las piezas del ajedrez a mi favor. Mi propia reina encontró a su rey y no se ha arrepentido ni un solo minuto.

Me recuesto en el asiento, con una amargura difícil de digerir, y la voz de Baron se suaviza un poco.

—Por lo que tengo entendido, tu mujer huyó de ti. ¿Por qué nunca la buscaste? Tienes los recursos, más que la mayoría de los hombres. ¿Por qué no a ella?

—No la amaba —le digo, devolviéndole una mirada sombría—.

Quizás me creí mi propia leyenda y me di cuenta de que no le convenía. La dejé libre para que viviera una vida normal. ¿No es eso un acto de amor mayor que obligarla a quedarse?

Baron entrecierra los ojos y luego sonríe con suficiencia.

—A Lauren no la obligaron a nada, y si alguna vez conoces a mi esposa, lo verás con tus propios ojos. Verás, Jonny...

Se recuesta en su asiento y sonríe.

—El amor tiene la costumbre de estabilizar a la persona más volátil. Es algo que todos deberíamos proteger con nuestras vidas porque hace que merezca la pena vivir la nuestra.

—Pues me alegro mucho por ti.

Miro por la ventana para distraerme porque ni de coña voy a dejar que la imagen de ella vuelva a mi mente.

—Entonces te lo pregunto otra vez, Jonny: ¿dónde está tu hogar?

Baron me observa pensativo y gruño.

—Ya te lo he dicho. El Rubicón. Es el único lugar donde quiero estar.

Asiente y con su voz ronca le da instrucciones al piloto. Mientras el pájaro vira a la derecha, intento desterrar la imagen del hogar a los rincones más lejanos de mi mente.

Baron tiene razón, tuve un hogar una vez.

Incluso me enamoré, pero un día ella se fue sin dar explicaciones.

La busqué, claro que lo hice, pero cuando su mejor amiga me dijo que había huido de mí, dejé de buscarla.

Al parecer me tenía miedo y no me quería en su vida.

Me ha costado mucho tiempo aceptarlo, y ni de coña voy a buscar a alguien que me rechazó de forma tan brutal.

Que me clavó un cuchillo en el corazón, me lo arrancó y siguió adelante con su vida, desesperada por mantenerme fuera de ella.

Éramos novios desde la infancia. Nosotros contra el pequeño pueblo en el que vivíamos. Yo era el chico malo, el renegado de la chaqueta de cuero que le hacía un corte de mangas al sistema. Mis propios padres rezaban por mi alma e hicieron todo lo posible por meterme en vereda.

Los padres de Faith se horrorizaron cuando su hija virgen cayó bajo mi hechizo y le hicieron la vida imposible, pero yo pensaba que éramos un equipo.

Todavía duele como el demonio pensar en ella, sabiendo que prefirió huir en lugar de enfrentarse a nuestros demonios juntos. Resultó que yo era el demonio de su vida del que huía, y eso todavía no me sienta bien.

Baron guarda silencio, cosa que agradezco mientras contemplo las nubes e intento volver a encerrar mis emociones en la caja donde viven.

Mi madre me llamó pecador brutal cuando me echó de casa y me ordenó no volver jamás.

Desde luego que hago honor a mi nombre, porque ahora mi vida consiste en ponerle fin a la mala historia de otros.

Mato a los malos y lo hago de forma brutal. Libro al mundo del mal, sabiendo que no soy mejor que ellos.

Sin embargo, mientras el pájaro me acerca a mis hermanos, no puedo quitarme de encima la certeza de que tengo asuntos pendientes.

Puede que Ryder tenga razón, Baron sin duda la tiene, y quizás esta sea la oportunidad de purgar mis propios demonios antes de que me destruyan para siempre.

Me vuelvo hacia Baron y digo con voz ronca:

—Cambio de planes. Llévame al borde del cielo.

Baron sonríe cuando me refiero al lugar que solía llamar hogar. Se llama Heaven, pero yo lo conozco como el Infierno.