El don (Mafia Ortega nº 3) CAPÍTULO 36
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CAPÍTULO 36

LEO

Jamás había sentido un alivio semejante.

Cuando vi a Chastity esperando junto a la verja, juro que todas las oraciones que había elevado en mi vida volvieron para recompensarme.

Estaba a salvo, aparentemente ilesa e intacta.

Que se dejara caer en mis brazos me indicó que estaba destrozada por dentro, y eso encendió en mí una furia fría e implacable.

Lo que le ocurrió esta noche no quedará impune, pero mi primer pensamiento fue cuidar de la mujer que amo.

Cuando dejé escapar lo que sentía, me pareció lo correcto.

Para una mujer que ha tenido que lidiar sola con toda la mierda de su vida, quería que supiera que estaba a su disposición, me quisiera o no.

Cuando ella me correspondió, me dejó atónito.

Nadie me había dicho esas palabras en toda mi vida, y significaron mucho.

Más de lo que ella llegará a imaginar jamás, y mientras repaso la conversación con ella dormida sobre mi pecho, la abrazo con más fuerza: la única mujer que nunca pensé que encontraría.

Mientras planeo la caída de nuestro enemigo más cruel, el teléfono suena junto a mi cama y veo que es Dom.

Chastity se remueve mientras agarro el móvil y digo con un miedo repentino:

—Dom.

—Está bien.

Esas dos palabras eran todo lo que necesitaba oír para soltar el miedo que había alimentado toda la noche.

Dom continúa:

—El doctor dijo que se recuperará del todo y que solo necesita descansar.

—Buena suerte convenciéndolo de eso.

Resoplo y Dom gruñe:

—No me hará falta. Abigail ya ha prometido mantenerlo a raya y, por la mirada en sus ojos, no tiene ninguna maldita posibilidad.

Me hace sonreír saber el poder que tiene el amor sobre un hombre, yo incluido, y cuando Chastity se remueve, le acaricio el pelo y siento una paz interior mientras mi familia se reúne.

—La policía anda haciendo preguntas.

Dom me recuerda ese problema constante que tenemos que resolver, y suspiro.

—Pondré a Ryan a trabajar en ello.

Dom dice con un suspiro:

—Hoy es un día importante.

Me recuerda lo que está en juego y digo con tono sombrío:

—Estaremos preparados.

Hay un breve silencio y luego dice:

—Terminaré aquí y volveré a casa. Los enfrentaremos como familia.

Sus palabras me calan hondo porque solo asistiremos dos a la lectura del testamento cuando deberíamos haber sido cuatro. Uno está muerto y el otro aferrándose a la vida, conectado a las máquinas del hospital.

Espeto:

—La mafia Ortega se queda con nosotros o muero en el intento.

—No habrá más muertes Ortega. Solo Matasso.

Gruñe Dom, y me hace sonreír porque con mi ejecutor a mi lado, ¿cómo voy a perder?

Dejo a Chastity durmiendo y bajo las escaleras con un único propósito: enfrentarme a mi madrastra y arrancarle la información que necesito.

La señora English me espera al pie de las escaleras y sonríe.

—El desayuno está en la terraza, señor.

—¿Está mi madrastra allí?

Niega con la cabeza.

—No la he visto esta mañana, señor.

Asiento y salgo a la brillante luz del sol. Ryan aparece a mi lado como por arte de magia.

—Buenos días, jefe.

—Es un día importante, Ryan.

Tomamos asiento y digo con tono sombrío:

—Necesito interrogar a Diana.

Niega con la cabeza.

—No está aquí, jefe.

—¿Dónde está?

Mi ira se intensifica cuando levanta la mirada.

—No volvió anoche. Por lo visto, le dijo a su guardia que se quedaría con un amigo y que regresaría por su cuenta.

—¿El gobernador, quizás?

Ryan se encoge de hombros.

—Los vieron marcharse juntos, así que supongo que él es su próxima víctima.

Me recuesto y vuelvo el rostro hacia el sol, pensando en la mujer que siempre tiene su propia agenda.

—Volverá, y no le va a gustar la bienvenida que le espera.

Me vuelvo y lo miro con expresión sombría. Él asiente con gravedad.

—Entendido.

—Repasaremos el plan después del desayuno. Mi hermano debe estar vigilado en el hospital las veinticuatro horas, y si algo le pasa, el guardia paga el precio.

—Entendido.

Ryan asiente, luego alza la vista y sonríe. Sigo su mirada y el corazón me da un vuelco al ver a Chastity salir a la luz del sol, con aspecto de ángel oscuro: su largo cabello negro le cae hasta el trasero y sus profundos ojos marrones están cargados de sueño.

—Buenos días.

Nos saluda a ambos y luego acerca su rostro al mío, con su aliento mentolado rozándome los labios mientras me besa largo y tendido, sin importarle que mi consigliere esté mirando divertido.

Después se desliza en la silla junto a mí y coge la cafetera.

—Necesito esto tanto como necesito dormir un mes —gime.

Ryan sonríe antes de ponerse de pie.

—Me pongo a trabajar, jefe, señora.

Se aleja y Chastity dice en voz baja:

—Es un buen amigo.

—¿Qué te hace decir eso?

—Sabía que te quería para mí sola.

—¿Ah, sí?

Arqueo una ceja divertido, y ella deja la cafetera y desliza la mano bajo la mesa hasta posarla sobre mi polla, ya dura.

—¿Te apetece un chapuzón en el océano?

Sonríe con picardía y, a pesar del día infernal que se extiende ante mí, no puedo decirle que no a la invitación más tentadora que voy a recibir en mucho tiempo.