Olas de Placer (Historias Eróticas Hot 12) 6
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Después de recuperar el aliento, sintió a Mika moverse delante de ella.

La levantó ligeramente y se deslizó bajo ella, de modo que ella quedó arrodillada a horcajadas sobre él.

Alargó las manos, colocándolas a ambos lados de su rostro, y la atrajo hacia abajo en un beso largo y profundo.

Sus lenguas se enredaron en un intrincado baile de lánguida pasión.

Sin pensarlo, Naomi arqueó ligeramente la espalda cuando sintió el extremo duro de la polla de Mika apoyarse contra la apertura húmeda de su coño. Su respiración se hizo más intensa, más acelerada, mientras comenzaba a hundirse sobre el eje turgente.

—Espera... —Mika interrumpió el beso de repente, para susurrar la palabra.

Naomi se detuvo. Todo el cuerpo le dolía por la desesperación y tuvo que concentrarse para no bajar las caderas metiéndoselo dentro por completo. Consiguió sentir el primer centímetro de su polla, la ligera tensión del placer mientras la abría.

Lo miró a los ojos, con una mirada a medio camino entre la duda confusa y la súplica desnuda y desesperada.

—Preservativos —dijo él—. Guantera.

—Estoy limpia —le aseguró ella, dándose cuenta de que deberían haberlo hablado antes, pero que se habían perdido en la niebla del momento. Quizá estaba un poco más colocada de lo que pensaba, para olvidar algo así.

—Yo también —dijo él—. Deberíamos, aun así...

—Estoy de acuerdo. —Se apartó de él de mala gana.

—Me encargo yo —decidió Declan, detrás de ella.

Pasó delante de ellos, sus manos agarraron ambos lados de los asientos delanteros mientras se deslizaba hacia el lado del pasajero.

La guantera se abrió con un chasquido. Un instante después, reapareció con cuatro preservativos en envoltorio plateado y una botellita negra.

Lubricante, intuyó Naomi. Chico listo.

Lanzando uno de los preservativos a Mika, Declan se arrodilló a su lado.

Naomi tuvo que apartarse mientras Mika abría el preservativo y lo hacía rodar a lo largo del pene.

Antes de que pudiera bajarse, lo vio abrir el tapón de la botellita negra y echar una pequeña cantidad de gel traslúcido en la palma de la mano.

Frotándolas entre sí, se cogió la polla y la acarició dos veces, cubriendo el preservativo ya lubricado con otra capa, antes de limpiarse las manos abiertas sobre la alfombra.

—No es nuestro primer rodeo —sonrió ante la pregunta implícita en la mirada de ella.

De algún modo, eso no la sorprendió. Al contrario, la idea hizo aumentar aún más la excitación ya desesperada que llevaba dentro.

Inclinándose, sintió las manos de Mika rodearle las caderas.

Sus labios entreabiertos volvieron a encontrarse a pocos centímetros de los de él.

Dejó que sus palabras cayeran en su boca en un susurro.

—Ahora fóllame como es debido.

Y él la complació.

Naomi respiró hondo mientras Mika se introducía en ella levantando las caderas, empujándolas hacia delante de un modo que le hizo contraer los músculos del vientre.

Sintió el paso de cada centímetro mientras la gruesa polla entraba dentro de ella y se deslizaba rauda hasta el fondo, facilitada por la combinación del lubricante y su propia humedad.

Acercándose a sus labios, gimió en su boca.

Ese sonido pareció despertar algo profundo en ella, algo que proyectó su mente hacia los voluptuosos tatuajes de Declan.

Mika le agarró una nalga con una mano, metiendo la otra en su cabello para hacerle inclinar la cabeza hacia él. Cuando la tensión la obligó a abandonar el beso, él le hizo bajar la cabeza sobre el hombro de modo que sus labios quedaran contra su oído.

El susurro grave de su voz sonó cálido e irresistible:

—Dime si es demasiado.

—No lo es —respondió ella, contra su piel—. Hazlo más fuerte.

Sintió los dedos apretarse entre su cabello, sujetándola firme, mientras él empezaba a mecerse bajo ella.

No eran movimientos profundos y rápidos; al contrario, se retiraba solo uno o dos centímetros antes de empujar con las piernas y llegar a rozar el vientre contra el de ella.

Esa posición hacía que el clítoris de ella se frotara contra la base de la pelvis de él en cada movimiento.

Naomi emitió un gemido ahogado por el repentino e inesperado alivio que le proporcionaba aquella plenitud satisfactoria. Algo empezó a crecer dentro de ella: no era un simple orgasmo, era una sensación en cierto modo similar a la presión de un vapor hirviendo atrapado en su cuerpo.

Fuera lo que fuese, era de una intensidad casi cercana a asustarla, y probablemente lo habría hecho, si no hubiera sido igual a la de su excitación.

Cuando el ritmo del chico aumentó, ella empezó a balancear las caderas hacia abajo para secundarlo.

Él se limitó a controlar sus movimientos con la posición de las piernas y las caderas.

Sus muslos tensos la mantenían abierta, su cuerpo se movía bajo ella con la misma potencia fluida que tenía en su manera de surfear.

Mientras Naomi se perdía en el placer, abrió los ojos y vio a Declan acariciándose la polla mientras los miraba.

—Fóllame —jadeó entre movimiento y movimiento, cruzando la mirada con el joven que tenía a su lado.

—¿Te dejo mi puesto? —Mika mantuvo el ritmo mientras giraba la cabeza para hablar al amigo.

—No... —Naomi sintió que su voz se le quebraba en la garganta y tragó saliva con dificultad antes de continuar.

Se detuvo, presionando el vientre contra el de Mika, levantando ligeramente el trasero en el aire.

Sus ojos permanecieron fijos en los de Declan, amplios y significativos—.

Fóllame, Declan. Por favor, os quiero a los dos juntos.

Vio a Declan agacharse y coger un preservativo de la alfombra, para luego abrirlo con los dientes y hacerlo rodar a lo largo de la longitud rígida de su eje. Repitiendo el gesto del amigo con el lubricante, se acarició la polla mientras avanzaba de rodillas detrás de ella.

Naomi tembló de pies a cabeza, sin saber si era por el placer, el nerviosismo o la espera.

Quizá una combinación embriagadora de las tres cosas.

Lo que le impedía contener la respiración eran solo los movimientos constantes de Mika bajo ella.

Cada vez que él entraba en ella, Naomi sentía que su aliento escapaba de sus pulmones, como si en su cuerpo solo hubiera espacio para una de las dos cosas.

Un instante después sintió el segundo par de piernas presionar detrás de las suyas. Cuando la punta de la polla de Declan rozó su estrecho ano, sus músculos se tensaron por instinto.

Hizo falta una exhalación profunda y un momentáneo amortiguamiento de los empujes de Mika para que se relajara lo suficiente como para poder hablar.

—Por favor —imploró, desplazando el peso hacia atrás. Esto hizo que la cabeza del pene de él presionara más firmemente contra su tierno orificio.

Cuando Declan la complació, empujándole su polla dura dentro, los músculos alrededor de su agujero se tensaron en defensa, pero cedieron de inmediato, cuando la verga erecta los atravesó de golpe.

—¡Uh! ¡Dios mío!

Lo sintió moverse de modo lento, agotador, avanzando un puñado de centímetros en su intimidad más oculta. Ella se aferró al cabello de Mika, gritando contra su cuello.

—¡Oh, Dios! ¡Dios!

—¿Estás bien? —le preguntó Declan, con un ligero deje de preocupación.

—Sí... —jadeó ella, asintiendo—. Por favor, más.

—Con un placer mezclado con un dolor casi insoportable, empujó las caderas hacia atrás.

El miembro se hundió otro par de centímetros en su estrecho orificio; sentía la tensión, sí, pero ya no se estaba dilatando más.

Estaba al menos por la mitad dentro de ella, Naomi estaba segura... debía de ser así.