DIECISIETE
LOGAN
Sentado en la silla frente a mi escritorio, Casper habla en voz baja, a pesar de que la puerta está cerrada.
—¿Estás seguro de que no estás yendo demasiado lejos?
Es gracioso que lo diga él, que es menos estable que un castillo de naipes.
Thor se apoya contra la pared de mi oficina con los brazos cruzados sobre el pecho. Dirige la mirada hacia Casper y me señala con la palma de la mano abierta.
—¡Por supuesto que está yendo demasiado lejos!
Sonríe de oreja a oreja ante el arrebato de Thor; le encanta sacarlo de quicio. Afortunadamente, Kelly ha salido a dar un paseo con el perro sin nombre. Acabo de terminar de revisar los planes de viaje para la exposición en Bozeman. No tengo ni idea de si ella me dirigirá la palabra para entonces.
Me pellizco el puente de la nariz y suspiro. Este siempre fue el plan. ¿Pensaban que no lo llevaría a cabo? Lo difícil ya ha pasad o; Casper y yo fuimos a Bozeman hace unos meses y nos encargamos de todo. Lo único que queda por hacer es presentarnos allí.
—Necesito que confíes en mí —le digo, repitiendo lo que le había dicho antes.
Thor se burla de esa respuesta.
—¿Me estás diciendo que no habrías hecho lo mismo con Salem si hubieras tenido la oportunidad? —He tocado un punto sensible. Mierda, probablemente le haya destrozado todo el sistema nervioso con solo mencionar su nombre. Casper oscila entre nosotros mientras nos miramos fijamente.
A Thor le tiembla la mandíbula.
—Eso es diferente —gruñe.
—¿En qué?
Casper se ríe sin ganas y agita la mano con desgana.
—Quiero decir...
La situación de Thor no se parecía en nada a esto. Pero, aun así, sabe que tengo razón. Solo está molesto porque se me ocurrió primero.
Thor mira con ira a Casper y luego a mí.
—¿Por qué yo?
—El seguro.
—Si alguna vez...
—No sucederá —le aseguro—. Te doy mi palabra.
Me mira fijamente.
—Estás siendo muy imprudente.
Me encojo de hombros. Tiene razón, pero eso no cambia nada.
—El fin justifica los medios. Quedará entre nosotros —le recuerdo—. Te deberé una.
Thor se empuja contra la pared y casi arranca la puerta de sus bisagras al abrirla de un tirón.
—Sí, me la deberás —dice, saliendo furioso y haciendo que los papeles sueltos de mi escritorio revoloteen. La puerta rebota contra la pared y tiembla mientras se balancea suavemente.
Casper se recuesta en la silla y grita hacia la puerta:
—¡Ha sido tu mejor salida dramática hasta ahora!
—Sabía que no debía haberla mencionado. —Mencionar su nombre fue como lanzar una granada. Funcionó como yo pretendía, pero aun así fue una jugada sucia.
—Y, sin embargo, lo hiciste de todos modos. —Sonríe—. Entonces... ¿estás listo para esto?
Sonrío con aire burlón, giro la silla hacia la pantalla y vuelvo al trabajo.
—¿Tú qué crees?
—Creo que estás más loco que yo —dice, sonriendo aún más. Imposible.
Asiento con la cabeza hacia la puerta.
—¿Puedes cerrarla? Tengo algo más que quiero mostrarte.
Se inclina, agarra el borde de la puerta y la cierra con un empujón. En cuanto vuelve a encajar, saco el sobre doblado de mi cajón.
—Billy intentó ponerse en contacto con Kelly.
Oí a Kelly decirle a Thor que se quedaría hasta tarde esa noche, así que le pregunté si podía cuidar al perro callejero hasta que yo volviera de hacer un recado.
Cuanto más tiempo pasen juntos, mejor. Quiero que se encariñe con él.
No creo que le cueste mucho, teniendo en cuenta que yo ya me he encariñado y que han pasado menos de cuarenta y ocho horas desde que lo traje a casa del refugio.
La noche que Camden apareció con Chicken Salad, me mantuve firme en mi política de no permitir animales. Pero con solo ver a Kelly con mi perro, estoy haciendo una excepción por ella. Patético.
Mi recado es comprar comida para perros, como si no lo hubiera hecho ayer.
Sin embargo, con el mal humor que ha tenido Kelly durante la última semana, que parece haber alcanzado su punto álgido hoy, no hay que pensárselo dos veces para comprar su pad thai favorito en el restaurante al otro lado de la ciudad.
Me ha llevado un poco más de tiempo, pero necesita comer algo.
Es muy raro verla tan irritable. Se supone que yo soy el gruñón.
Cuando llego al estacionamiento trasero del Black Rabbit, estaciono junto al único auto que queda: el de Kelly. Recojo la bolsa de plástico con la comida tailandesa con una mano y me la meto bajo el brazo antes de salir del auto.
La máquina está funcionando ruidosamente en la sala de esterilización cuando regreso, pero a medida que camino por el pasillo hacia su puesto, su voz se vuelve más audible.
Parece que está hablando con alguien por teléfono.
Suavizo mis pasos y dejo cuidadosamente la comida en mi oficina, luego me acerco de puntillas para poder escuchar a escondidas.
Mejor aún, el espejo de la estación de trabajo de Casper, frente a la de Kelly, me ofrece una vista perfecta de ella, pero no me gusta lo que veo reflejado. Sus ojos están pesados, como cuando ha estado pensando durante demasiado tiempo. Y no está hablando por teléfono, está hablando con mi perro.
Kelly se sienta en el taburete sin respaldo y le rasca detrás de las orejas.
—Más de una semana. Ni llamadas, ni notas de voz, ni memes, nada... Lo vi en el trabajo, pero tuve cuidado de mantener mis límites y mi espacio. Es esta limpieza que estoy haciendo. —Habla mientras hace señas al mismo tiempo. Ha mejorado mucho en los últimos meses.
»No creo que él se haya dado cuenta —dice.
Sí me he dado cuenta: cada día, cada hora, cada maldito minuto que ha pasado ha sido una tortura.
He jugado a su jueguecito toda la semana. Me mantuve ocupado con el trabajo y me acosté temprano todas las noches. Era más fácil mantenerme ocupado y dormir que admitir que ella había dejado de hablarme, y verla día tras día y preguntarme qué estaría pensando.
—Entonces apareces tú . Y él decide que va a quedarse contigo. No voy a mentir, al principio me enfadé, pero parecen almas gemelas. Por desgracia, ahora también me resulta más difícil a mí.
Nuestro perro bosteza y descansa la cabeza sobre su regazo.
Sus dedos se hunden en el largo pelaje de sus omóplatos.
Retira las manos para hacer señas, pero esta vez no habla mientras lo hace.
Como si decir las palabras en voz alta fuera demasiado difícil.
Sus movimientos son un poco torpes, pero consigo entender lo que intenta decir.
—Esperaba aclararme las ideas, ¿sabes? Pensé que, si me alejaba de él, me daría cuenta de que estaba confundiendo su consuelo con otra cosa. Quizás descubriría que mis sentimientos hacia él eran simplemente... codependencia.
Sus ojos se suavizan y se ve tan jodidamente... abatida. Ha estado enmascarando su tristeza con ira. Preferiría cortarme las rodillas antes que verla sufrir así. Mierda.
—Quería ignorar esos sentimientos para que desaparecieran.
El perro suspira profundamente.
—Lo sé, esa mierda nunca funciona, pero tenía que intentarlo —dice en voz alta.
Una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios.
—¿Quieres saber qué es lo que más duele? —Oír cómo se le quiebra la voz es como una puñalada en el pecho.
Se pasa los dedos bajo los ojos, que ahora me doy cuenta de que están llenos de lágrimas.
—¡Él está bien! —se ríe.
La culpa me oprime la garganta.
El perro levanta la cabeza.
—¿Qué tontería es esa? —se queja—. Ignorar mis sentimientos por él me duele más que mi ruptura con Jason.
¿No es una mierda? Y cuanto más tiempo pasamos sin hablarnos, más difícil se vuelve.
—Se seca una lágrima—. Ahora, cuando él está cerca, hace que el trabajo que amo se sienta como una servidumbre.
.. Nunca podré dejarlo ir de verdad mientras sea dueño de la tienda de mi familia.
Pero las rupturas no duran para siempre, con el tiempo el dolor se desvanece.
No está hablando de su ex, está hablando de mí.
Él levanta una pata y la apoya en su rodilla, y agradezco que la consuele de una manera que yo no puedo hacerlo ahora mismo. Bueno, podría, pero soy demasiado egoísta. Prefiero ponerme al día con lo que pasa por su cabeza, ya que me ha mantenido en la ignorancia.
—¿Sabes cómo se siente? Es como estar encerrada en una habitación con solo dos salidas. Detrás de una puerta hay un desamor inevitable, y detrás de la otra hay un anhelo infinito... y ninguna de las dos es una salida. Así que me quedo en la habitación, atrapada.
Él baja la pata al suelo y ella lo vuelve a sujetar con las manos mientras sigue haciendo señas.
—Odio enamorarme en la edad adulta. Es mucho peor que cuando era adolescente, porque ahora hay antebrazos musculosos y comportamientos ardientes y melancólicos. Y tú nuevo papá tiene ambas cosas en abundancia. No es tan guapo como tú, pero aun así... Maldita sea, es algo especial , eso es seguro.
Bajo la barbilla hacia el pecho y sonrío divertido. No podría estar más feliz con su confesión. Por fin estamos en la misma onda al mismo tiempo. La peluda amenaza levanta la cabeza y le lame la palma de la mano.
—Lo superaré —promete—. Ya lo verás.
Pongo los ojos en blanco . Ni lo sueñes.
—O no lo haré, y estaré condenada a vivir el resto de mis días miserable y cachonda. ¡Uf, esto es tan poco constructivo! —Frunce el ceño—. No, tú no. Tú eres estupendo. De hecho, deberías plantearte sacarte la licencia de terapeuta.
Parece que el viejo Dogmeat puede ser un perro de apoyo emocional después de todo.
Con la cabeza ladeada, le acaricia el pelaje. Kelly lo mira pensativa. Estoy a punto de interrumpirla cuando habla.
—¿Quieres saber algo loco? —pregunta—. El otro día recibí una carta de mi papá y me dijo que buscara a alguien que acogiera a los perros callejeros.
Que observara la belleza sin tomar fotografías.
Que tuviera arte en el alma y fuego en las venas, igual que tú .
—Continúa, susurrando—: Ese es Logan... Describió a Logan .
Miro al techo y le hago una seña de agradecimiento a Clyde.
Para estar muerto, el viejo está haciendo un trabajo muy pesado.
No puede atribuirse todo el mérito, ya había leído su carta la noche de su cumpleaños mientras limpiaba la cocina, pero de todos modos le agradezco la estrategia.
¿Por qué otra razón me habría tomado tantas molestias?
Clyde habría hecho lo mismo por Nancy, así que lo considero un sello de aprobación.
—¿Crees que sería un buen compañero? —pregunta ella.
El perro gruñe. Vaya ayuda, idiota.
—¿Qué? Lo digo en serio. Es un gran amigo, así que probablemente sí.
Hace años salió con alguien, nunca la conocí, pero supongo que tuvieron una mala ruptura o algo así porque él no habla de ello.
Para ser sincera, nunca lo he visto con otra mujer.
.. nunca. Espera un momento.... —Sus ojos se agrandan—. ¿Y si él es...?
Muy bien, hemos terminado aquí.
Salgo a la luz, interrumpiendo ese pensamiento antes de que ella pueda terminarlo.
—¿Ya se te ocurrió un nombre para él?