Obsesión desquiciada (Serie Desquiciada nº 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

Kitlyn

Dios, este hombre me estaba haciendo pasar una vergüenza tremenda. Aunque me había follado, sodomizado y lamido cada agujero de mis partes íntimas, seguía sin querer ceder a su contacto por muchas razones, entre ellas que disfrutaba lo que me hacía.

Era un experto en doblegar la voluntad de mi cuerpo para someterla a la suya. Nunca había tenido un orgasmo tan intenso con nadie más, y lo disfruté. Me avergüenza incluso admitirlo ante mí misma porque se supone que no debo disfrutar las cosas pervertidas que mi secuestrador me hace.

Sabe exactamente lo que hace, y me maneja como quiere. Preferiría morir antes que admitírselo.

Es increíblemente jodido, pero ya no podía seguir negándolo. Tengo una batalla constante dentro de mi cabeza y me está volviendo loca. Necesito encontrar una salida para conservar la cordura. La amenaza de que me mate ya no es una opción.

Estoy noventa y nueve coma nueve por ciento segura de que no me quitará la vida.

Lo que me preocupa son sus cambios de humor.

En un momento es amoroso y tierno, y al siguiente me tiene sobre sus rodillas, azotándome el culo hasta dejarlo en carne viva.

Siempre estoy en vilo, preguntándome cuál será su próximo movimiento.

¿Solo dolor, o placer y dolor? Me dijo que yo controlaba si sería recompensada o castigada.

Por supuesto, tiene razón. Si me porto bien, me recompensa con orgasmos demoledores y caprichos especiales.

Si me porto mal, me llevo una paliza en el culo sin que me toque el coño.

Soy su pequeño juguete sexual. Vamos, que no es que salgamos a cenar y tengamos conversaciones estimulantes.

Me usa por mi cuerpo, luego me abraza y me mima cuando a él le apetece.

Es desesperante. Que mi cuerpo se someta al más mínimo roce suyo, y que él sea un asesino, no me hace ninguna gracia, por no hablar de la falta de libertad que tengo.

Nadie quiere que lo tengan secuestrado y controlado todo el tiempo. Odio no poder subirme a mi coche y salir a dar una vuelta, ni sentarme en mi porche a disfrutar de la naturaleza.

Aquí no tengo nada de eso. Vigila cada uno de mis movimientos, salvo cuando voy al baño. Gracias a Dios, porque ¡no podría volver a cagar en mi vida! ¿Te imaginas la vergüenza de que me viera cagando? No, gracias.

Me mordí la lengua y me contuve porque no quería que se llevara a Tuna. La poca dignidad que me quedaba se iba esfumando poco a poco. Estoy cabreada conmigo misma por ser tan débil, lo que me da aún más ganas de gritarle.

Lucharé contra él todo lo que pueda sin llevarlo al límite. Que me diera placer mientras la correa me cruzaba el culo fue algo placentero. No quiero que me azoten de otra forma.

Esa mierda duele una barbaridad si no me lleva al orgasmo a la vez.

No sentiría más que agonía con cualquier instrumento que eligiera, y eso no me gusta nada.

Desde luego, no disfruté cuando me azotó la primera noche que me trajo aquí.

No hubo nada placentero en aquella velada.

Sé cuánto disfruta avergonzándome, y no quería darle la satisfacción de humillarme con sus dedos en ese momento.

Cuando sacó los dedos de mi sexo, me sentí frustrada.

Sus mordiscos de amor me excitaron, aunque fueron bastante brutales.

No me hizo sangrar, pero sabía que me quedarían cardenales importantes en el cuello y los hombros.

Juro que tiene algo de animal.