✦ CAPÍTULO 7 ✦
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La llamada sorpresa y el cruce de aceras
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Aquel día en la playa había dejado el listón muy alto, pero la rutina del fin de semana mandaba.
Aquella misma tarde, tras despedirnos bajo la sombrilla y marchar apenas veinte minutos antes que ellos, nosotras ya teníamos planes de noche.
Elena y Claudia querían salir a tomar unas copitas, y yo me apunté dispuesta a exprimir el fin de semana.
Sabíamos que los chicos teóricamente no podían acompañarnos.
Estando ya en plena noche, entre risas y copas, Elena lo intentó por todos los medios.
Primero probó a convencer a Alberto, pero no había manera de cuadrarlo.
Ante la negativa, decidió hablar directamente con Iván, intentando tirar de hilos para que se unieran al plan, pero tampoco lo lograba convencer.
Al verse sin opciones, se dio la vuelta y me pasó el teléfono.
—Toma, háblale tú a ver si contigo cuela y lo convences —me soltó con una sonrisa traviesa.
Cogí el móvil y comencé a hablar con él. Entre bromas, un tira y afloja divertido y las ganas mutuas, medio conseguí que se lo planteara, aunque seguía poniendo excusas de que lo tenía complicado. Lo dejamos estar y continuamos con nuestra noche de chicas junto a Claudia y Elena.
Sin embargo, la magia a veces se cuela por los resquicios más insospechados. De repente, en medio del bullicio del local, el teléfono vibró en mi mano. Era una llamada suya.
Al descolgar, su voz al otro lado de la línea me soltó la pregunta clave:
—Oye, ¿en qué discoteca estáis exactamente?
No me dio tiempo ni a reaccionar. Me dijo que había decidido moverse y que venía para allá, de frente, única y exclusivamente para verme a mí un rato. No por inercia del grupo, sino por mí.
Salí a la puerta del local con el corazón latiendo a mil por hora.
Y allí estaba. En plena calle, con las luces de la noche malagueña de fondo, nos quedamos quietos a pocos metros de distancia, los dos con los teléfonos en la mano, mirándonos fijamente a los ojos a través de las pantallas antes de colgarlas.
En ese preciso instante, al ver que se había plantado allí solo para pasar un rato conmigo, sentí un vuelco precioso en el estómago.
Fue la confirmación definitiva de que aquello ya iba muy en serio y de que él estaba dispuesto a romper cualquier esquema con tal de estar a mi lado.
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