Novias zandianas: colección 1-3 Capítulo Dos
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Capítulo Dos

Gorde

Estoy enamorado.

Sé que Benn tenía la esperanza de encontrar una hembra zandiana, pero esta humana es perfecta. Vale, no hemos cruzado más que unas pocas palabras, pero conocerla será un placer absoluto.

¿Cómo no iba a serlo cuando es una esclava tan hermosa y complaciente?

Y sí, lo sé, en realidad no es nuestra esclava porque nuestro Rey no permite esclavos. Y se lo diremos... pronto.

De verdad.

Pero mientras tanto, me encanta dominarla, especialmente cuando es tan receptiva y dispuesta.

Observo a Benn abrazarla un momento, luego me acerco y me uno a ellos.

No estoy celoso de Benn. Los dos somos mejores amigos desde que éramos niños.

Compartir es algo que nos sale de forma natural.

Pero la escena es demasiado dulce como para perdérmela.

Yo también quiero saber cómo se siente su cuerpo suave y exuberante sobre el mío.

Me tumbo de lado, apoyado sobre un codo, y le acaricio el trasero.

Todavía está rojo con las marcas de mis manos.

Joder, espero no haberle pegado demasiado fuerte.

Desde luego, no pareció importarle, pero si le dejo marcas de verdad, me voy a sentir fatal.

Sé que los humanos son una especie más débil: experimentan más dolor y no se curan tan rápido como los zandianos.

Quizás por eso estaba tan preocupada por hacer sangrar a Benn cuando lo arañó.

—¿Estás bien, pequeña esclava? —Le aparto los mechones rubios, ya casi secos, de la cara—. ¿Danica?

—Sí, Amo —murmura. Tiene los labios hinchados por los besos de Benn y ahora sí siento una punzada de celos, o quizás sea solo la necesidad de reclamarla. Me inclino hacia delante y la beso, deslizando mi lengua entre sus labios como hizo Benn.

Ella responde, siempre dulce, separando los labios y dejándome tomar lo que deseo.

En algún rincón de mi mente, una vocecita me dice que es demasiado bueno para ser verdad, pero aparto el pensamiento. Benn me lo dirá él mismo pronto. Probablemente insistirá en que la vendamos porque conseguiría un buen precio, pero me negaré.

Nos la quedamos. O me la quedo yo si Benn no entra en razón. Los zandianos necesitamos hembras. Si no de nuestra propia especie, al menos humanas para reproducirnos.

Un pensamiento me asalta y rompo el beso. La mayoría de las esclavas sexuales están esterilizadas para evitar la reproducción no deseada. ¿Y si ella no puede reproducirse? ¿Aun así la querría? Joder, sí. Aunque a la larga también necesitaríamos encontrar una reproductora.

—Danica, pequeña esclava fugitiva —le paso la mano por la espalda—. ¿De dónde vienes?

Su cuerpo, que estaba lánguido tras el sexo, se tensa.

—Ay, no le preguntes eso, Gorde. Si miente, tendremos que castigarla, y yo estaba disfrutando de lo suave y dulce que se siente contra mi piel.

La atraigo entre nosotros para tenerla en medio.

—Cierto —le dirijo una mirada severa—. No aceptaremos mentiras.

—No, Amo. —La respuesta es automática, pero veo inteligencia en su mirada. El Rey Zander y los demás que han tomado esposas humanas ya han demostrado lo subestimados que están los humanos en el resto de la galaxia.

Aunque quizá no sean tan fuertes físicamente y sus mentes hayan sufrido por generaciones de esclavitud, tienen una inteligencia y un talento sin explotar.

—¿Te han esterilizado, pequeña humana? —Le levanto el cabello del cuello para saborear su piel.

Se tensa de nuevo.

—No, Amo —su voz suena ahogada—. Me retiraron las hormonas anticonceptivas hace poco.

Me incorporo para apoyarme en la mano en lugar del codo.

—¿Así que puedes reproducirte?

Su mirada es cautelosa, pero asiente una vez.

Le lanzo una mirada triunfante a Benn, pero él parece tan receloso como nuestra esclava.

—Las humanas son buenas reproductoras para nuestra especie —le recuerdo.

Se levanta y baja de la plataforma, como si alejarse de mí y de la esclava fuera a salvarlo de esta discusión.

—Soy muy consciente —dice con tono suave.

Quiero partirle los dientes, pero para apaciguarlo, digo:

—Eso no significa que no podamos seguir buscando una zandiana. —Al instante desearía no haber hablado delante de Danica. O haber usado el zandiano, que pocos en la galaxia entienden.

Se ha quedado rígida como una tabla.

—No te lo tomes a mal —digo—. Estoy seguro de que serías una excelente reproductora para nosotros.

Se le dilatan las fosas nasales, pero no dice nada.

Benn expresa lo que ella probablemente está pensando.

—Ella no pidió ser nuestra reproductora.

Aquí es donde debería decirle que no está obligada a reproducirse con ninguno de nosotros.

Noto que Benn tampoco tiene prisa por decírselo.

Los dos somos unos cabrones de primera.