Capítulo Ocho #2
—Sí, amo —susurra, y le da la mano a Tarren, que se tumba a su lado y ya le está lamiendo los pezones.
—Y mantén esos muslos bien abiertos —le recuerdo—, para que Ronan pueda castigarte el coño si es necesario. Ahora abre —le doy una palmada en la mejilla, no fuerte, un toque posesivo que la hace jadear, y abre la boca.
Me hundo centímetro a centímetro, el terciopelo caliente de su lengua es el paraíso.
Su garganta es estrecha, y su agarre en mi polla, tan apretado, me marea de placer.
Le agarro la cabeza y la sostengo, moviéndola mientras la follo, dentro y fuera, hasta encontrar el ritmo.
La siento ponerse rígida y salgo. Tose y jadea buscando aire.
Luego me mira y, obediente, echa la cabeza hacia atrás y abre la boca.
La embisto de nuevo, esta vez más profundo, y en cuestión de segundos siento el hormigueo en los testículos.
—Voy a correrme en tu boca —rujo—. Trágalo todo, Riya. No pierdas ni una jodida gota.
No puede hablar, pero por la expresión de Ronan sé que está más húmeda que nunca, porque empieza a lamerle el clítoris.
Las caderas se le disparan hacia arriba y él las agarra justo cuando me corro con fuerza en su garganta, palpitando una y otra vez, uno de los mejores orgasmos de mi vida.
Tener a Riya sujeta y complacida mientras le follo la boca es lo más excitante que he visto en mi vida, y rujo su nombre una y otra vez mientras la sensación me abruma.
Cuando me retiro, dejando un rastro de semen arcoíris en sus labios, ella jadea buscando aire e intenta empujar el cuerpo contra la boca de Ronan. —Oh, por favor, veck, por favor —gime, retorciéndose entre sus manos.
—No —dice él—. Y si vuelves a pedirlo, tendré que castigar tu coño.
—Hazlo de todos modos —dice Tarren—. Quiero oír lo mojado que suena cuando le des.
—Gran idea, primo —asiente Ronan.
Me tambaleo hasta el disco flotante y me tumbo junto a Riya, exhausto, con el cuerpo aún palpitando de placer. Tarren sigue al otro lado, jugando con uno de sus pezones.
—Riya, eso fue increíble —murmuro, y extiendo la mano para apretarle el otro pezón.
Ronan
—Rodillas arriba —le ordeno a Riya, y ella obedece, apoyando las plantas de los pies sobre el disco flotante y ajustando las piernas.
Ya sabe cómo me gusta y adopta las posiciones que prefiero cuando se lo ordeno.
Mi polla se hincha al ver su coño hinchado, pero es su pequeño ano oscuro el que planeo tomar esta noche.
Su culo, siempre apretado, me hace correrme con tanta fuerza, y me encanta cómo lucha contra el dolor antes de que se convierta en placer para ella.
—Esto es para Tarren —digo, y le doy una palmada en el coño.
Ella grita y sus rodillas se cierran de golpe, pero su mirada me dice cuánto le gusta esto.
—Piernas abiertas —le recuerdo—. O quizá te hagamos esperar hasta mañana para tener un orgasmo.
—No lo harías —jadea, con las pupilas dilatándose aún más.
Levanto las cejas. —He oído a otros zandianos decir que la negación del orgasmo es una forma maravillosa de garantizar la obediencia de sus humanas —digo—. Creo que algún día tendremos que comprobar si eso es cierto contigo.
—Pero no esta noche —dice, con todo el cuerpo en tensión.
—No si te portas bien —asiento, y le doy otra palmada en el coño, más fuerte.
Ella aspira hondo y sus muslos se tensan, pero las piernas permanecen abiertas.
—¿Ya está lo bastante jugoso para ti, Tarren? —pregunto, dándole una tercera palmada, esta aún más fuerte.
Ella gime y empuja las caderas hacia mí. —Hazlo otra vez.
Meto un dedo en su cuerpo. —Estás tan mojada, Riya. —Le doy unas palmadas más, más suaves, asegurándome de que las últimas caigan sobre su clítoris. Su cuerpo se retuerce y grita, un sonido de puro placer.
—Casi lo bastante mojada —gruñe Tarren, así que le doy otra palmada, y el sonido reverbera por la cámara.
—Date la vuelta —digo, dándole un golpecito en la cadera—, y ponte a cuatro patas. Ya sabes que es mi forma favorita de follarte el culo.
—También es mi favorita —murmura, y gimo ante la repentina necesidad que me recorre el cuerpo.
Alcanzo la botella de lubricante que espera en la cubierta y presiono la punta contra su agujero.
Aprieto, dejando que una buena cantidad entre en su cuerpo.
Ella se mueve y murmura algo ininteligible, así que le doy una palmada en el culo y aprieto de nuevo.
Para cuando me unto el lubricante en la polla, dura como el acero, apenas puedo esperar.
—Mantén las nalgas relajadas y abiertas para mí —le recuerdo, presionando la punta contra su entrada. Ella se tensa, luego se relaja, y empujo hacia dentro.
—Oh —grita, con excitación en la voz, como siempre hace cuando una de nuestras pollas entra en su culo.
Le sostengo las caderas con firmeza mientras empujo hacia dentro, centímetro a centímetro, disfrutando de sus movimientos.
Una vez que estoy completamente dentro, como siempre, se relaja contra mí mientras sus músculos aceptan mi miembro, y suelta un gemido bajo de apreciación.
—Veck, qué bien se siente estar tan dentro de ti —digo, sujetándola con fuerza suficiente para dejarle moretones—. Voy a follarte duro. Recuerda, no puedes correrte, y si lo haces, serás castigada.
—Lo recuerdo —jadea—. Pero puede que tenga que correrme de todos modos. —Sin embargo, le encanta que la hagan esperar, así que no me siento culpable. Nos ha dicho más de una vez que verse obligada a aguantar le provoca los mejores orgasmos.
Provocarla es tan jodidamente divertido: llevarla al borde de su autocontrol y obligarla a quedarse allí, a aguantar, a aceptar lo que quiera darle.
Es un subidón de adrenalina como ningún otro, y la follo durante mucho tiempo, sacando la polla y empujando hacia dentro, a veces bajando la mano para acariciarle el clítoris hasta que se vuelve frenética bajo mi cuerpo y puedo sentir que está a un segundo de ceder.
Ambos estamos sudando cuando rujo su nombre y empujo profundo, corriéndome tan fuerte que veo estrellas, llenándole el culo con mi semen.
Ella canta mi nombre, y no sé si me está rogando que la libere o si es una invocación al universo para que la ayude a aguantar.
De cualquier manera, mi orgasmo es lo más glorioso de mi mundo y caigo a su lado, saciado, y la sostengo entre mis brazos hasta que puedo pensar de nuevo.
Tarren
Riya está tan necesitada ahora que tiene los ojos vidriosos de deseo, y todo el cuerpo tenso por la necesidad de correrse.
Ronan le limpia el culo con suavidad después de su follada, pero puedo ver que ella solo tiene una cosa en mente ahora mismo.
.. Mi polla, que si tiene suerte, le concederá un orgasmo propio.
Me mira fijamente, con los ojos muy abiertos, y yo la deseo con la misma intensidad.
Se me ha metido bajo la piel, está en mi mente, es en quien pienso cuando me duermo y cuando despierto por la mañana.
Ver a mis primos follarla y dejarla con ganas me ha puesto tan duro que apenas puedo soportarlo.
Ella se muere por una polla, y es la mía la que la satisfará. La mía la que la complacerá esta noche.
Me inclino para lamerla, ese sabor que me vuelve loco, y luego la beso. Ella ataca mi boca con avidez, lanzando su lengua al encuentro de la mía, apretando las caderas contra mí.
—¿Sientes tu sabor? —pregunto, y me inclino para lamerla una y otra vez antes de posar mis labios sobre los suyos—. Prueba ese coño, el que todos amamos tanto.
—Mmm —murmura, chupándome la lengua mientras baja la mano para agarrarme la polla.
—Sí, agárrala fuerte, frótala así —la insto mientras empieza a acariciarme—. Métete los dedos en el coño y empápate la mano con tus jugos para que resbale mientras me tocas.
Lo hace, y la sensación de su palma húmeda es pura dicha. Solo aguanto unos minutos antes de darle la vuelta y tumbarla boca arriba.
—Voy a entrar tan profundo que gritarás —le advierto, arrodillándome en el disco flotante y tirando de sus caderas hasta que su trasero queda sobre mis muslos.
Le abro las piernas y ajusto mi postura para que mi polla empuje contra su coño—. Así, pequeña humana.
Me hundo en su cuerpo y ella grita, temblando, mientras la estiro y la lleno. Aunque está empapada, mi polla es tan grande que tengo que moverme despacio para no hacerle daño al entrar.
—Tarren, qué bien se siente —murmura, moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Apriétate los pezones, fuerte —ordeno—. Tira de ellos, aléjalos del cuerpo hasta que te diga que pares.
Lo hace, agarrándose los botones duros y tirando.
Sus pezones son preciosos, tensos y estirados; podría pasarme toda la rotación planetaria viéndola hacer esto.
—Tarren, por favor, te necesito —dice.
Noto que el hormigueo en sus pezones está en ese nivel perfecto para avivar su excitación. He aprendido bien su cuerpo estos últimos ciclos lunares, y no quiero causarle dolor... solo un pequeño escozor, suficiente para maximizar su placer.
—Detente ahí y mantén esa posición —le digo— mientras te follo. Si sueltas o reduces la presión, no te dejaré correrte. Quiero que sientas los pezones doloridos mientras el coño te explota.
—Oh, Madre Tierra —murmura, pero mantiene la tensión en los pezones.
Antes quería azotarla con la correa, pero ahora mismo solo puedo pensar en explotar dentro de ella. Usando sus caderas como palanca, la follo, despacio al principio, luego más fuerte, hasta que siento que estoy a punto de correrme.
—¿Quieres correrte? —murmuro con voz baja y ronca.
—¡Sí! —Tiene la voz ronca de necesidad, jugando con los pezones para los dos.
—¿Crees que has sido una buena pequeña humana para nosotros esta noche? ¿Te mojaste lo suficiente y aceptaste que te follaran la boca y el culo? ¿Disfrutaste cada segundo? —Mientras hablo, embisto más fuerte.
—Sí —gime—. Soy vuestra buena esclava sexual. Me encanta que me folléis la boca y el culo, me encanta todo, ¡pero por favor, déjame correrme, no me hagas esperar!
—Si te digo que esperes hasta mañana o te daré un latigazo, ¿esperarás?