Novias zandianas: colección 1-3 Capítulo Cuatro #2
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Capítulo Cuatro #2

—El rey Zander lleva comprando semillas tradicionales desde que se apareó con su humana —me cuenta Jax.

Recuerdo todas las exuberantes plantas que había visto en la cápsula palacial.

Ronan me dijo que las plantó Lamira, que antes era esclava en una granja como yo—.

Nuestros cristales son muy codiciados, y podemos conseguir grandes cantidades de cosas a cambio de cantidades mínimas.

Extiende el puño.

—Un cristal que cupiera en mi mano probablemente pagó las semillas y los materiales de todos los domos.

—Algunas de estas cosas nunca las he probado —les admito.

—¿No?

Tarren parece sorprendido.

—¿Por qué no?

Me encojo de hombros.

—Aunque éramos quienes los cultivábamos, castigaban duramente a los esclavos por comer siquiera un bocado de lo que se producía para los ocretianos.

Se me retuerce el estómago al recordar mi vida antes de que los zandianos nos rescataran.

Gracias a las estrellas, ahora es diferente.

Estas semillas, estas plantas en ciernes, serán mías.

Podré probarlas. Siento tanta alegría ante la idea que salto y rodeo a Tarren con los brazos.

Su cuerpo se tensa, pero un segundo después me abraza.

Ronan frunce el ceño.

—Riya, de ahora en adelante comerás lo que quieras. De hecho, me propongo como objetivo personal darte de comer cada uno de estos alimentos en cada rotación planetaria, hasta que me supliques que pare.

Mira un paquete.

—Este. Maíz. Comerás maíz tres veces por rotación planetaria si quieres. Siete veces.

Se ríe.

Me río y le arrebato el paquete de la mano.

—Creo que con el maíz, una vez a la semana es suficiente.

Los zandianos no entienden la alimentación humana. Para ellos es tan extraña como para mí lo es su sustento a base de cristales.

—Pero tengo planes de extraer el jarabe de los granos de maíz y experimentar, convertirlo en un combustible oleoso. Creo que podría ser útil, aunque todavía no sé muy bien cómo.

Me bullen tantas ideas en la cabeza.

Ronan ladea la cabeza.

—¿Combustible de esto?

Mira la imagen con expresión de asombro.

—Parece imposible. Pero confío en ti. Pronto tendremos la mejor granja del planeta y les diré a todos que nuestra compañera hace milagros.

El vasto espacio abierto me llena de una alegría vertiginosa.

—Esto es increíble.

Doy una vuelta sobre mí misma.

—Creo que el trigo debería ir en ese campo de allí, para aprovechar el sol. Y las fresas allí, pero debajo de los guisantes y las judías, porque crecerán bien como plantas rastreras. Creo que los tomates y las acelgas deberían ir...

Me interrumpo.

—¿A menos que los queráis en otro lugar?

Vacilo.

La sorpresa asoma en el rostro de Jax. —Tú decidirás qué plantar y dónde. —Señala la tierra—. Nosotros la araremos y haremos todo el trabajo necesario.

Me quedo desconcertada. —¿Yo os lo diré?

—¿Cómo si no vamos a saber dónde plantarlas? —Me mira—. Confiamos en tu criterio. Sabrás más de esto que yo.

—Pero pensaba que ibais a darme órdenes.

Una sonrisa le curva los labios. —Estoy seguro de que te daré muchas órdenes, pero la mayoría serán en nuestra cámara, pequeña humana. Ya no eres una esclava, Riya. Eres nuestra compañera.

Ronan se acerca y me rodea la cintura con el brazo, atrayendo mi espalda contra su pecho.

—Tengo unas cuantas órdenes que me gustaría dar ahora mismo.

—La oscura insinuación en su voz despierta mi deseo.

Mis pezones recién perforados, que están algo doloridos desde que se pasó el efecto del spray analgésico, se endurecen.

Estoy aquí con tres machos apuestos y poderosos que quieren volver a llevarme a la cama. Pronto. Muy pronto, a juzgar por cómo siguen tocándome, mirándome con esos ojos hambrientos. Incluso Tarren, el más brusco de mis compañeros, me desea... intensamente.

Ronan

—Adentro, hembra. —No suelto a Riya, sino que la empujo hacia el domo, manteniendo su delicioso trasero pegado a mi entrepierna.

No sé qué pensarán mis primos, pero yo no puedo esperar más para reclamar a nuestra compañera de nuevo. Nunca me he sentido tan agradecido por otro ser en mi vida.

Su actitud optimista fue prácticamente lo único que evitó que me hundiera cuando vi el terreno de nuestro asentamiento. Pero tiene razón. Con sus conocimientos de agricultura, podremos transformar este lugar en algo hermoso otra vez.

Estoy tan malditamente agradecido de tenerla.

Ya es mucho más de lo que jamás imaginé que encontraríamos en una compañera.

Y no me importa compartirla en absoluto.

De hecho, así es más fácil, porque no sabría cómo demonios mantener satisfecha a una hembra yo solo.

Pero confío en que entre los tres lo conseguiremos.

Riya se deja guiar hacia el interior, y el increíble aroma de su excitación hace que mi polla se ponga más dura que el cristal zandiano.

Mis primos vienen justo detrás de mí. Creo que oigo a Tarren gruñir de anticipación. La llevo a nuestro dormitorio y la suelto.

—Quítate la ropa —ordeno.

Nos lanza una mirada nerviosa a los tres, que nos cernimos ante ella, pero no hace ademán de obedecer.

—Creo que prefiere que se lo hagan por ella —dice Jax con suavidad, acercándose con calma. Le agarra la túnica y se la saca por la cabeza.

Sus pechos quedan libres, rebotando, y esta vez estoy seguro de que Tarren está gruñendo. El sonido retumba al unísono con mi gemido.

Jax rodea a Riya y le coge los pechos con las manos. —Aprenderá pronto a obedecernos. —Le pellizca ambos pezones, tirando suavemente de los nuevos piercings que los adornan.

Ella jadea, pero no es miedo lo que leo en su rostro, es una lujuria igual —espero— a la nuestra. Sus mejillas se sonrojan, sus pupilas se dilatan, negras, oscureciendo el dorado de sus ojos.

—Las pequeñas compañeras que tardan en someterse reciben castigo —murmura Jax con los labios junto a su oreja. Le muerde donde el cuello se une al hombro.

Ella se estremece, pero no creo que sea de miedo.

—Quítate las botas. Rápido, o Ronan irá a buscar la correa de esa caja que nos dio la Dr. Daneth.

Se apresura a obedecer, adorable mientras salta sobre un pie para quitarse las botas que hacen que sus piernas parezcan tan malditamente sexys.

Jax engancha los pulgares en la cintura de sus mallas y se las baja, junto con las bragas, hasta el suelo.

Ella se las quita, retorciéndose las manos delante del cuerpo.

Jax le coge las manos y se las coloca detrás de la cabeza.

—Deja que mis primos te miren, hermosa. Eres lo más dulce que hemos visto en nuestras vidas.

Asiento, apretándome la polla con brusquedad a través de los pantalones mientras avanzo.

—Separa las piernas, dulce niña —ordeno.

En cuanto lo hace, le cubro el pubis con la mano, tragándome su jadeo con la boca.

Le chupo el labio inferior, le meto la lengua en la boca.

Quiero devorar a nuestra preciosa compañera.

Su coño gotea miel sobre mis dedos, la carne se hincha con cada caricia. Es tan malditamente receptiva que casi me deshace.

—Este coño —gruño al terminar el beso. Ella me mira con sorpresa—.

Debe de ser el coño más perfecto de todo el planeta.

—Le meto un dedo con un giro y casi se cae hacia delante, intentando liberar las manos de Jax.

Pero él la mantiene cautiva, sujetándole las manos con una de las suyas mientras le juguetea con los pechos con la otra.

Tarren observa desde el discodeslizante.

Se ha quitado la ropa y se ha lavado, y ahora se acaricia la polla.

—¿Dónde quieres mi polla, Riya? —le pregunto, añadiendo un segundo dedo y follándola con ellos.

Ella jadea y se retuerce, con los ojos vidriosos.

—¿La quieres aquí? ¿En tu coño?

—S-sí —jadea, y la beso de nuevo.

Jax la suelta y la llevo al discodeslizante, donde le inclino el torso sobre el colchón. Su trasero es tan bonito, pidiendo a gritos que lo ponga rosa otra vez, así que le doy una palmada fuerte.

Ella chilla, pero no se aparta de su posición. Le doy palmadas una y otra vez hasta que su piel adquiere un hermoso tono rosa. Luego me saco la polla y le paso la punta por la raja.

Se me ponen los ojos en blanco cuando entro en ella, y gimo.

Entro despacio, dándole tiempo para ajustarse a mi tamaño.

Los muslos me tiemblan por el esfuerzo de contenerme, pero me distraigo pasando las palmas arriba y abajo por sus costados, por la elegante curva de su espalda.

Cuando ella se arquea y empuja hacia atrás para meterme más adentro, suelto una maldición.

Contenerme ya no es una opción. Le agarro las caderas, me retiro y luego la lleno con cada centímetro de mí.

Ella grita, pero es un grito lascivo, así que continúo.

Cada vez que penetro profundo, suelta pequeños gemidos de placer hasta que todo lo que oigo son sus gritos, mis gruñidos y el choque de nuestros cuerpos.

Jax se arrastra sobre el discodeslizante y le levanta la cabeza tirándole del pelo para besarla.

Tarren desliza los dedos bajo sus caderas, frotando el punto que la vuelve loca.

Empieza a apretarse a mi alrededor y pierdo el control. Se me tensan los testículos, los muslos me tiemblan. La embisto dos, tres veces más, luego me hundo hasta el fondo y me corro.

—Córrete, Riya —ordena Tarren, pero no hace falta. Nuestra pequeña compañera ya está corriéndose con la fuerza de un meteoro. Sus músculos me aprietan y me exprimen la polla hasta la última gota de semen.

—Eso es, dulce compañera —arrullo, dejándome caer sobre ella, completamente saciado.

Riya

Sigo asombrada de que el sexo con mis compañeros no me haya provocado ningún recuerdo de violación ni del abuso que sufrí antes. Ni siquiera un atisbo. Es como si mi cuerpo reconociera a sus dueños, respondiera a sus caricias como si hubiera sido creada solo para ellos.

Apenas me doy cuenta de que Ronan sale de mí y Tarren se sienta a mi lado en el discodeslizante. Alguien me frota la espalda. Otro me masajea el cuero cabelludo. La dicha aún me recorre, espesa y cálida.