Capítulo Dos #7
Ella obedece. Sus ojos están vidriosos de deseo, los labios hinchados por nuestros besos.
Iba a decirle a Jax que cerrara su maldita boca, pero ella parece aliviada de tener instrucciones.
Supongo que incluso una hembra dura como ella podría ponerse nerviosa cuando no sabe qué hacer.
Así no hay posibilidad de equivocarse o fallar.
Pero aún parece nerviosa, y se me encoge el corazón cuando lanza una mirada de súplica a Jax.
Él le ofrece una sonrisa alentadora.
—Ronan te guiará si quiere. Pero salvo que uses los dientes, no puedes hacerlo mal.
El corazón me late con fuerza al darme cuenta de que está nerviosa por complacerme.
El aroma de su lubricación natural se intensifica, e incluso emite un pequeño gemido de deseo.
Me acomodo frente a ella con los muslos separados, mi polla más dura que una maldita piedra.
Ella clava la mirada en la punta, donde brilla una gota de líquido preseminal.
Abre mucho los ojos.
—Es de color arcoíris.
Sonrío.
—¿De qué color pensabas que sería? ¿Morado, como nuestra sangre?
Se sonroja.
—Simplemente no lo sabía.
Parece fascinada.
—¿Puedo...? —extiende una mano, pero duda, probablemente al recordar la orden de Jax.
—Veck, sí. Tócame, Riya —gruño. Tengo el cuerpo tenso de necesidad, los músculos contraídos y el miembro duro y palpitante.
Rodea mi polla con su pequeña mano. Sus dedos ni siquiera llegan a cerrarse en torno a mi grosor.
Veo que parece abrumada, así que sigo el ejemplo de Jax y le doy instrucciones.
—Agarra con fuerza —ordeno, estremeciéndome cuando lo hace—. Frota de arriba abajo sin soltar, desde la cabeza hasta la base. Así. Sí.
Voy a perder rápidamente la capacidad de hablar porque nunca he estado tan excitado en mi vida. Gimo y cierro los ojos.
Lucho por recuperar el aliento.
—Ahora inclínate hacia adelante y pon la boca en la punta, Riya. Lame por encima y por los lados mientras sigues frotando de arriba abajo.
Le estoy describiendo cómo lo he imaginado toda mi vida, aunque eso no significa que alguna vez lo haya tenido tan bien.
Hemos pagado por hembras en burdeles intergalácticos antes, pero esto es totalmente diferente. Ella es nuestra compañera. La estoy entrenando para que me sirva. Voy a aprender qué la hace gritar.
Cuando roza mi polla con la punta de la lengua, gimo de nuevo, más fuerte que antes.
No parece molestarle mi sabor, porque lame una y otra vez la punta, incitando a mi cuerpo a segregar más fluido.
Me sorprende lo rápido que se siente cómoda; alza su hermosa mirada dorada hacia mi rostro para observar mi reacción mientras su lengua hábil hace que los testículos se me contraigan y la polla se me tense buscando liberación.
Empieza a girar un poco la mano cuando aprieta y deja que la saliva le cubra los dedos para lubricar la palma, y casi estallo. En cuestión de momentos, estoy listo para correrme, con los muslos tensos y temblorosos y la respiración acelerada.
—Oh, estrellas, tómame hasta el fondo —suplico con la voz tensa—. Hasta el fondo de tu garganta.
Presiono mi miembro palpitante contra el fondo de su garganta. Al principio se atraganta un poco y tiene que retroceder, pero le acaricio el pelo para animarla.
Entonces ya no puedo soportarlo más. Le agarro la nuca y la empujo sobre mi polla.
Establezco un ritmo, empujándola hacia abajo, dejándola subir.
Se le llenan los ojos de lágrimas cuando golpeo el fondo de su garganta, y maldigo, pero aun así no puedo parar.
En cambio, le paso el pulgar por la mejilla para agradecérselo, para calmarla, incluso mientras sigo controlando el movimiento de su cabeza, cada vez más rápido y más profundo.
—Veck, Riya, voy a correrme en tu boca —mi voz suena ronca—. ¿Puedes tragártelo, preciosa?
Ella murmura en señal de asentimiento antes de que embista bruscamente en su garganta, y mi polla se hincha aún más.
—¡Riya! —grito mientras me corro.
Ella traga una y otra vez, con los ojos muy abiertos por la alarma. Por fin logro controlarme y retrocedo para dejarla tomar aire.
—Estrellas, sí —rujo mientras termino de correrme.
Arrastra su pequeña lengua caliente a lo largo de mi miembro y se aparta con un chasquido, esbozando una sonrisa presumida. Me encanta verla tan satisfecha consigo misma.
Gimo y me dejo caer en el disco flotante, jadeando, con todo el cuerpo laxo tras la liberación.
—Malditas estrellas —exclamo—. Nunca imaginé que pudiera ser tan bueno.
Riya
La satisfacción me invade, junto con una ternura que nunca esperé. Maldición. Necesito mantener mis emociones al margen. No puedo enamorarme de estos machos porque cualquier rotación planetaria de estas puede que tenga que dejar esto... a ellos.
Pero no hay tiempo para esos pensamientos, porque Tarren me levanta y me pone de pie.
—Mi turno —gruñe mientras retrocede y se sienta en el borde del disco flotante.
Jax no protesta, solo parece divertido, lo cual es un alivio. No estoy segura de qué haría si los machos empezaran a pelearse por mí.
De alguna manera Tarren se quitó la ropa mientras yo se la chupaba a Ronan y santa Tierra. Es un gigante, con unos músculos tan definidos que podría usarlos como agarres para escalar.
—Te quiero a horcajadas sobre mi regazo —gruñe—. Como la rotación planetaria anterior en la enfermería.
Escalofríos de emoción me recorren. Él ha recordado la escena con tanto deseo como yo. Pero cuando agarra la base de su miembro, me quedo paralizada justo antes de montarme sobre sus muslos duros como piedra.
Maldición.
Si pensaba que Ronan era grande, Tarren es una bestia. ¿Cómo voy a poder acomodarlo?