Capítulo Dos #4
Me desplomo contra un pecho —el de Tarren— y varios brazos fuertes me sostienen. Ronan retira los dedos con cuidado.
Tarren vuelve a levantarme en brazos, esta vez a horcajadas sobre su cadera, como una madre lleva a un niño.
—Llevémosla a nuestra cámara —dice—. Yo también quiero saber a qué sabe la gloria.
Tarren
Llevo a Riya a nuestra cámara y la dejo en el suelo. La cautela vuelve a su rostro y su respiración es agitada, pero sus pezones siguen marcándose bajo la túnica. Y el aroma de su excitación todavía me llena las fosas nasales, lo que me dificulta concentrarme.
—Deberíamos perforarla —murmura Jax, sacando la pequeña bolsa de cristales que nos ha costado toda una vida acumular.
El ritual de apareamiento zandiano consiste en perforar a la novia con cristal zandiano para marcarla como tuya.
Asiento, agradecido de que Jax piense con más claridad que yo. Rebusca en la bolsa, saca algunas de las gemas más pequeñas y las sostiene a la luz para examinarlas.
—Ronan, ve a buscar el equipo y todo lo que necesitemos para una compañera humana.
Ronan duda.
—¿Y si no nos permiten aparearnos con ella? ¿Creéis que necesitamos pedir permiso primero?
—No —espetamos Jax y yo al mismo tiempo.
Las preocupaciones de Ronan son legítimas. Pero ya hemos decidido que es mejor reclamarla antes de que se anuncie ningún plan.
—Bien —murmura—. Ya me las apañaré.
Riya traga saliva y retrocede un paso. Para mi consternación, empalidece.
Jax le coge los dedos crispados y los envuelve entre sus manos.
—La perforación no dolerá. Primero adormeceremos las zonas; no sentirás nada.
La tensión emana de sus hombros y tengo la sensación de que está a punto de salir corriendo hacia la puerta.
—¿D-dónde me perforaréis?
No puedo evitar que una sonrisa se dibuje lentamente en mi rostro.
—Donde queramos, Riya.
Jax me lanza una mirada de no estás ayudando.
—¿Dónde te gustaría llevar nuestro cristal?
Se tira del lóbulo de la oreja.
—Ahí desde luego —dice Jax con suavidad, avanzando hacia ella.
Le roza uno de los pezones con el dorso del dedo índice a través de la túnica.
—¿Qué tal aquí?
Ella traga saliva.
—N-no lo sé.
No se me da bien tranquilizar con palabras, así que hago lo que sé. La levanto, me siento en mi disco flotante y la acomodo en mi regazo. Su cuerpo se pone rígido al principio, pero poco a poco se relaja, y el aroma fresco de su excitación me hace poner los ojos en blanco de deseo.
La respuesta de mi cuerpo al sentir su suave trasero sobre mi polla es inmediata. Su aroma exótico —terroso y dulce— me llena las fosas nasales. Mi polla se tensa dolorosamente contra los pantalones y mis dedos se abren sobre uno de sus muslos firmes, atrayéndola con más fuerza.
—Riya.
Mi voz suena aún más profunda de lo normal.
—Sabemos que te maltrataron antes... gravemente. Pero puedes confiar en nosotros. Si Jax dice que algo no dolerá, lo dice en serio. Los zandianos no mienten.
Excepto por ese maldito al que una vez llamamos amigo. Pero ahora no estoy pensando en él.
No puedo evitar lanzarme a por uno de sus pechos. Lo acaricio, lo aprieto. Me inclino hacia delante y le rozo el pezón con los dientes.
—Nos llenará de orgullo verte llevando nuestros cristales.
Ya la estoy imaginando desnuda, enjoyada por nosotros. Me está volviendo loco. Levanto la mirada de su pecho y le cojo la barbilla entre los dedos.
—Dime de qué tienes miedo.
Ella tiembla y se toca el ojo.
—Quiero confiar en vosotros. Es solo que... mi experiencia con los machos ha sido mala. Extremadamente mala. No solo los bastones de descarga, sino el...
Se toca el ojo de nuevo.
—No sé si puedo ser lo que queréis en esto.
Sus músculos vuelven a tensarse.
Jax se acerca más y hunde los dedos en el cabello de Riya.
—No te haremos daño, pequeña hembra. Queremos darte placer, Riya.
Ella levanta la mirada hacia el rostro de Jax y se frota los labios. Es la misma mirada que me lanzó en la enfermería durante la batalla. Cuando tenía la mano en su trasero. Vulnerabilidad. Deseo. Miedo.
Ronan regresa con una caja de cosas y una amplia sonrisa.
—¿Algún problema? —pregunta Jax.
Se encoge de hombros.
—El doctor Daneth quiere hacerle un examen completo y una prueba genética antes del apareamiento, pero le dije que nos importan dos estrellas los resultados: es a ella a quien queremos.
Percibo algo salado y veo a Riya parpadeando para contener las lágrimas. La alarma me recorre por dentro. ¿Está tan aterrorizada?
Pero Jax le pone un dedo bajo la barbilla.
—¿Lo ves, preciosa? Eres a ti a quien queremos.
Ella toma aire con un temblor y asiente, cuadrando los hombros.
—Hagámoslo, entonces.
Me resisto a moverla de mi regazo, así que tiro de su túnica hasta sacarla de debajo de su trasero.
—Levanta los brazos —ordeno, y ella obedece. Tomo la tela con suavidad y se la paso por encima de la cabeza.
Veck, es la perfección. Sus pechos son pequeños y firmes, con pezones como capullos maduros de un tono melocotón cálido. Los acaricio con ambas manos, lo que hace gruñir a Jax.
—Nosotros también queremos mirar.
Aprieto y amaso sus pechos, pellizco los pezones hasta que se endurecen aún más.
—Solo la estoy preparando para vosotros —digo con voz ronca.
Jax arquea una ceja y Ronan pone los ojos en blanco, pero no discuten. Ronan rocía sobre ambos pezones el mismo spray analgésico que Riya usó conmigo en la enfermería, y luego se echa un poco en los dedos para frotarle los lóbulos de las orejas.
¿Dónde más?
Rodeo el borde de su ombligo.
—Aquí.
Ronan se agacha y casi gimo, recordando los sonidos que ella hizo la última vez que él estuvo entre sus piernas. Levanta una ceja hacia la unión de sus muslos.
—¿Queremos perforarla ahí?
Mi polla grita sí, pero Riya se ha quedado rígida de nuevo.
Jax niega con la cabeza. Yo asiento en señal de acuerdo.
Ronan carga la pistola con nuestro cristal y un poco de alambre de platino para perforarla. Le sujeto las manos en el regazo con una de las mías y le rodeo la cintura con la otra para evitar que se retuerza. Ronan da un paso adelante, pero cuando Riya se estremece, vacila.
Jax le arrebata la pistola a Ronan y le perfora los lóbulos en un santiamén.
—¿Ves? —Desliza el pulgar por su bonita mejilla—. No es nada. ¿Te duele?
Ella niega con la cabeza.
—Bien. Pellízcalos por mí, Tarren —señala sus pechos.
Con un veck de placer.
Le llevo las manos detrás de la cabeza y las atrapo allí con una mano, luego le agarro el pecho con la otra, levantando el pezón erecto hacia Jax. De nuevo, es rápido y hábil en sus movimientos, y la perfora con una eficiencia admirable. Cambio de manos para ofrecer el otro pezón y listo.
—Ahora el ombligo —Jax se pone en cuclillas a nuestros pies y pasa el dedo alrededor del borde—. ¿Arriba o abajo? —Se lo pregunta a Riya, pero yo gruño «abajo» antes de que ella pueda responder.
—¿Te parece bien, preciosa? —Le dedica su sonrisa más encantadora. No sé cómo siempre mantiene ese aire desenfadado y seguro.
Ella asiente con un temblor.
Aprieto un pequeño pliegue de piel debajo del ombligo para la pistola de Jax. En un suspiro, la ha perforado allí también.
—¿En algún otro lugar? —Nos incluye a todos en la pregunta—. ¿En otra parte de la cara?
Riya niega enfáticamente con la cabeza y Jax se ríe.
—Está bien, dulzura. Ya es suficiente. Buena chica. Gracias por tu entrega.
—No estoy segura de haber tenido elección —murmura, y me tenso, pensando en todas las veces que le han arrebatado la elección. Me revuelve el estómago pensar que nos pondría en la misma categoría que esos veckers ocretianos.
—Por las estrellas, ¿crees que somos monstruos? —espeto. No pretendía sonar tan duro. Jax me lanza una mirada de advertencia, pero continúo—. ¿No aceptaste que somos tus compañeros?
Se sonroja, y percibo miedo en ella.
Me arrepiento al instante. Suavizo la voz.
—Acabamos de recuperar nuestro planeta natal. Queremos compartir la satisfacción de reconstruir y crear un hogar con una hembra. Contigo —me corrijo—. No queremos aterrorizarte.
Gracias a la única estrella zandiana verdadera por mis primos, que intervienen para calmarla.
—Vamos a ayudarte a superar tu pasado —Ronan le tiende la mano y ella la acepta, levantándose de mi regazo.
—Cuando hayas conocido el placer con nosotros, nunca volverás a tenerle miedo al sexo —promete Jax.
Traga saliva.
—Está bien —Su voz suena apagada. Odio verla así de vulnerable. Me hace jurar de nuevo que encontraré hasta el último imbécil que la lastimó y los haré pedazos.
Pero es un comienzo. Ha aceptado dejarnos intentar complacerla. No podemos pedir más.
Riya
Miro fijamente a los ojos de Ronan. Sus rasgos apuestos reflejan una expresión de necesidad que me corta la respiración. Nunca he visto a nadie mirarme a mí, a Riya, con un deseo tan descarado.
Me llevo una mano a la boca y retrocedo un paso, chocando con el cuerpo firme de Jax. Él me rodea con los brazos y se inclina para susurrarme al oído.
—Riya, te prometo que no te resultará tan desagradable.
Su aliento es cálido y me envía escalofríos por el cuello hasta las puntas de los pezones.
Sin pensar, me echo hacia atrás, restregándome contra sus caderas para sentir su dureza.
Dura es la palabra clave, sin duda. Incluso vestido como está, noto que tiene un miembro grande, y de repente, ¿los susurros de Lily sobre lo maravilloso que es el apareamiento?
Empiezan a cobrar sentido, al menos para mi cuerpo.
¿Y qué es aún mejor? Dijo mi nombre. Me nombró, convirtiéndome en una persona, no en una posesión. Ninguno de los guardias ocretianos... ese pensamiento se desvanece cuando posa los labios en mi cuello y presiona, haciendo que vea estrellas y que el pulso me retumbe.
—Déjate llevar —murmura mientras me acuna los pechos. Pasa suavemente los pulgares por los nuevos aros de los pezones y me estremezco, aunque la zona está adormecida—. Si empiezan a dolerte, dinos enseguida, ¿de acuerdo, preciosa? Ronan los rociará de nuevo y te quitará el dolor.