Novias zandianas: colección 1-3 Capítulo Uno #3
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Capítulo Uno #3

Jax inclina la cabeza. —¿Eso te asusta, Riya? —Hay algo a la vez suave y amenazante en su voz. Aunque no da miedo. Más bien resulta emocionante. Una promesa oscura de que estos machos pueden ser amenazantes, aunque todavía no me estén mostrando el látigo.

Maldigo las lágrimas que me asoman a los ojos. —Y-yo no quiero ser reclamada.

Tarren suelta una palabrota en voz baja en zandiano y su mirada se vuelve letal. —Te han forzado. —No es una pregunta.

Apenas puedo respirar, pero la pregunta me alivia. Asiento con la cabeza.

—¿Algún ser de aquí? —Tarren apenas logra contener el rugido en su voz.

Estoy temblando, pero no tengo miedo. No de él, al menos. Solo de mi pasado. Y del futuro que Zander acaba de trazar. Niego con la cabeza.

No aquí. Fueron los amos esclavistas ocretianos en la granja. Más veces de las que puedo contar. Me torturaron tantas veces con los bastones de choque que ahora soy estéril para siempre.

Y no sé qué pasará si el rey Zander descubre que soy inútil como reproductora. O cuando estos machos lo descubran.

Las manos de Tarren se abren y cierran formando puños, como si quisiera hacer pagar a quienes me atormentaron en el pasado.

—Estás a salvo con nosotros, Riya —dice Jax. Él es tan guapo como Tarren es corpulento. En sus ojos brilla una inteligencia calculadora y su voz transmite tal seguridad que me cuesta no creerle—. Mejor que te reclamen machos en los que puedas confiar que cualquier otro grupo.

Arqueo las cejas con sorpresa y se me escapa una risa incrédula.

—¿Qué te hace pensar que confío en vosotros?

Esboza una sonrisa que probablemente hace que la mayoría de las hembras caigan rendidas a sus pies. Si hubiera alguna hembra por aquí, claro.

—Confías en Tarren. Y Tarren confía en nosotros. Así que, por extensión, todos confiamos unos en otros.

Esta vez me río de verdad y los tres avanzan como si fuera una invitación.

—Eso es lo más ridículo... —balbuceo, pero me detengo cuando están a solo centímetros de mí. Tan cerca que siento el calor de sus torsos musculosos envolviéndome.

Tarren me pone un dedo bajo la barbilla y me la levanta hasta que nuestras miradas se cruzan. Sus ojos son de un marrón-púrpura intenso.

—Ningún ser volverá a hacerte daño —promete.

Y así, sin más, le creo. Porque ¿quién le llevaría la contraria a un gigante con cuernos de más de dos metros? Lo he visto en acción. Es un guerrero temible.

Ronan me toma la mano y me acaricia el pulso de la muñeca con el pulgar.

—Sin duda quieres que te reclamemos nosotros, Riya —dice.

Quiero volver a reírme, pero no puedo. El palpitar entre mis piernas se vuelve demasiado insistente. Mis pezones se endurecen y me distraen demasiado.

Los tres machos inhalan al unísono, dilatando las fosas nasales.

—Está lista para nosotros —observa Ronan.

Aprieto los muslos.

—N-no lo estoy.

Tarren me rodea la nuca con su mano carnosa y la acaricia.

—Está bien que te excites, Riya —murmura—. Somos tus compañeros.

Empujo el pecho más cercano, el de Jax, pero los machos no retroceden. No retroceden, pero tampoco avanzan. Tres pares de ojos me observan fijamente.

—V-vosotros no sois mis compañeros.

Todavía no.

Mi cuerpo ya parece saber que es inevitable. La humedad se acumula entre mis piernas.

—¿Prefieres a otro guerrero? —pregunta Jax con suavidad, como si ya supiera que la respuesta será que no.

Niego con la cabeza.

Me lleva la yema del pulgar al pliegue entre las cejas y lo alisa.

—Entonces eres nuestra —se inclina y me besa donde acaba de acariciar—. No luches contra esto. Cuidaremos bien de ti, Riya, te lo prometo.

Mi mente se adelanta y recuerdo cómo tratan a mis dos amigas humanas, Lily y Cambry, sus compañeros zandianos. Como a princesas.

Hay mucha dominación, sin duda. Los zandianos son una especie feroz y protectora. Pero mis amigas son muy felices con sus compañeros.

Claro que cada una solo tiene un compañero. Y, por lo visto, yo voy a tener tres.

Y yo nunca pedí tener ninguna relación.

Y luego está el problema de mi infertilidad. Pero me resisto a confesarlo. Porque no estoy segura de qué les pasa a las hembras humanas que no son reclamadas para la reproducción. ¿De qué le serviremos al rey Zander?

—¿Riya? —llama Lily desde la entrada, y los cuatro nos separamos de golpe—. Oh —mi amiga humana capta la escena y parece comprender de inmediato lo que está pasando. Se aclara la garganta—. El Dr. Daneth ha dicho que podría necesitar nuestra ayuda en la nueva clínica.

—Voy.

Salgo disparada hacia la puerta, aliviada de que los guerreros me dejen pasar. Nunca en mi vida me había alegrado tanto de una interrupción.

No, eso es mentira.

Una pequeña parte de mí está decepcionada. ¿Qué habría pasado si hubiera dejado que esos tres guerreros siguieran con su descarada persuasión?

Un escalofrío me recorre el cuerpo mientras cruzo a trote el suelo de mármol hacia la nueva cúpula. Da igual, porque no puedo aparearme con ellos.

En cuanto vean mi documentación, sabrán que no puedo reproducirme y, por tanto, no cumplo los requisitos para el proyecto de repoblación zandiano.

Y, maldita sea, ¿por qué me resulta tan devastadora esa idea?