49. ¿Era falso?
¿ERA FALSO?
Hubo muchos abrazos. Luego mamá me llevó al camarote de abajo para quitarme el traje de neopreno y ponerme ropa seca.
Poco después, estábamos sentados a la mesa en la cubierta, comiendo sándwiches y ensaladas, un almuerzo abundante.
—Estuviste maravilloso, Liam —dijo mamá, acariciándome el cabello—. Creo que tenemos un programa fenomenal para la Noche de Tiburones.
—Empiecen a explicar —dije—. Cuéntame todo, mamá. Me lo debes. Pero, sobre todo, me debes una explicación.
—Tienes razón, Liam —dijo Sully—. Tienes toda la razón. —Tomó un largo trago de té helado. Luego levantó una mano y se arrancó la espesa barba negra y el parche del ojo.
Me quedé con la boca abierta. —Yo... yo lo conozco —tartamudeé.
El señor Platz. Jerry Platz, el director de programación del Danger Channel.
Se echó a reír. Tiró la barba falsa por la borda. —Y Ernie aquí presente es mi asistente en la cadena —dijo.
Mamá me acarició el cabello un poco más. —Estoy muy orgullosa de ti. Fuiste valiente y nos diste un gran programa.
Platz tenía una gran sonrisa en la cara. —Ese gran monstruo marino... fue idea mía . Pero el resto fue todo cosa de tu madre.
Mamá se rio entre dientes. —Tuviste a los encargados de efectos especiales trabajando horas extras —le dijo a Platz—. Esa criatura era aterradora.
—Nuestros titiriteros son unos genios —dijo Platz—. ¿Creerías que había cuatro personas dentro de esa cosa, operando los tentáculos y haciendo que se moviera?
Sacudí la cabeza. —Vaya. Parecía tan real...
—¡Genios! —repitió Platz.
—Sigue hablando —le dije a mamá—. Quiero saberlo todo.
Mamá suspiró. —Estaba tan preocupada de que todo el programa se viniera abajo cuando llegaste al gran hotel del complejo vacacional.
—Teníamos cámaras en todas partes —dijo Platz—. Podíamos ver cada paso que dabas.
Los miré fijamente. Mi mente daba vueltas. Estaba empezando a entender. —¿Estaba... estaba todo planeado? —pregunté.
—Teníamos un guion —dijo Rosa—. Yo sabía todo lo que iba a pasar. Pero nunca me equivoqué. Nunca revelé nada.
—¿Eh? —exclamé—. ¿Rosa lo sabía todo? ¿Me están cargando?
—¡Yo también soy una estrella! —exclamó Rosa.
—Pero... pero... —balbuceé—. Mamá, fue muy cruel de tu parte cuando fingiste que no nos conocías.
Mamá suspiró. —Lo sé. Sé que fue cruel, Liam. De verdad lo siento. Detesté hacerlo. Pero sabía que sería un momento excelente e impactante para la película.
—¡Brillante! —exclamó Platz—. ¡Brillante!
Swan se rió. —¡Tendrías que haber visto la cara que pusiste cuando me caí de la canoa! ¡Eso también lo fingí! ¡Tu cara de espanto no tuvo precio!
—Esa escena definitivamente se volverá viral —dijo Platz.
—¿Todo era falso ? —grité—. ¡Estaba muerto de miedo, y todo era falso!
—Ese chico del hotel estuvo fantástico —dijo Ernie—. ¿Cómo se llamaba? ¿Derek?
—¿Derek era un actor ? —grité.
—Su nombre real es Finn Delarue —dijo Platz—. Ha trabajado mucho en el teatro profesional de Nueva York.
—Chomsky y Slade son unos verdaderos profesionales —dijo Platz—. Hicieron esa serie policial de Netflix, Blue Murder .
Rosa se rio. —¡Esos dos hicieron que a Liam le temblaran las piernas de verdad!
—Grrrrr —un gruñido escapó de mi garganta—. Se me estaba pasando la impresión y se estaba convirtiendo en enojo.
Agarré la mano de mamá. —¡No... no puedo creer que me hayas hecho esto! —exclamé—. Swan nunca se rompió el tobillo de verdad. ¿Entonces planificaron que yo estuviera en el tanque de tiburones desde el principio?
—No. De ninguna manera —dijo mamá—. Swan mintió sobre eso. Yo creía que su tobillo estaba roto. Le creí a Swan. Y entonces no tuve más remedio que usarte a ti. No quería perder toda la película.
—A los espectadores les va a encantar —dijo Platz—. ¡Liam, eres una estrella de rock!
Golpeé la mesa con el puño tan fuerte que los platos saltaron. —¡Pensé que era real! Que el tanque se rompía y todo lo demás. ¡Pensé que todo era real! ¡Casi me muero del susto!
—¡Eso es lo que lo hizo tan brillante! —exclamó mamá con entusiasmo, ignorando mi enojo—. ¡Liam, nos diste un programa increíble!
Respiré hondo y contuve el aire, tratando de reprimir mi rabia. —Bueno... —dije finalmente—. Al menos ya terminó.
—No exactamente —dijo mamá—. Todavía tenemos una cosa más que hacer.