Capítulo 22 #9
Rory, que había estado escuchando, se sentó en el césped frente a ellas, creando un pequeño círculo de conversación.
—¿Sabes qué es lo que más me impresiona de todo esto, Rowie? —dijo Rory, con voz suave. Emily entendió de inmediato que quería ser cuidadoso con las palabras—. La cantidad de gente que vino. Todos esos estudiantes, algunos que debe haber enseñado hace décadas. Eso significa algo, ¿no crees?
—Significa que fue un buen maestro —respondió Indie.
—Significa más que eso —dijo Rowan, con una voz que sonaba como si estuviera descubriendo algo mientras hablaba—. Significa que… que las cosas importantes que las personas nos dan no se mueren con ellas.
Los cuatro se quedaron en silencio por un momento, procesando esa idea.
—Rowie —dijo Rory suavemente—, ¿cómo te sientes sobre tocar ahora? Desde que él no está.
La pregunta que Rowan había estado evitando pensar por fin estaba allí, convirtiéndose en algo tangible.
—No lo sé —admitió, y su voz se quebró—. Es que cuando tocaba para él, sabía que alguien entendía lo que estaba tratando de decir con la música. Sabía que él podía escuchar no solo las notas que tocaba, sino también las que estaba pensando. Y ahora…
—Ahora tienes miedo de que nadie más pueda escucharte de esa manera —murmuró Indie. Lo entendía.
—Sí. Y también… —dudó—. Tengo miedo de que, sin él, voy a perder… lo que él vio en mí.
Rory se inclinó hacia delante, en silencio, pensando.
—¿Recuerdas cuando me preguntaste por qué nadie se cuestiona lo que sienten los vampiros?
Rowan lo miró sorprendida por la referencia inesperada.
—Sí… cuando vimos Nosferatu en la sala de proyección, ¿verdad?
—Dijiste que tal vez el vampiro estaba solo y triste, ¿recuerdas?
Que a veces, cuando nadie te quiere, es difícil ser bueno.
—Rory hizo una pausa, asegurándose de que ella estuviera siguiendo su línea de pensamiento—.
Esa pregunta… esa forma de ver las cosas que todos los demás daban por sentadas…
eso no te lo enseñó el señor Abernathy, Rowie.
Eso ya estaba en ti cuando tenías nueve años.
Rowan lo miró, comenzando a entender hacia dónde iba.
—Lo que él vio en ti, lo que él te enseñó, ya es parte de ti. No está en algún lugar fuera de ti que puedas perder. Está aquí —Rory puso su mano sobre el corazón de Rowan—. Y aquí —movió la mano hacia su cabeza—. Y aquí —tomó entre las suyas las manos de Rowan.
Indie, que había estado escuchando atentamente, agregó:
—Además, no es verdad que nadie más pueda escucharte de esa manera. Yo puedo escucharte de esa manera. Tal vez no de la misma manera que él, pero de mi manera, y tu familia puede escucharte y las personas que aún no conoces también van a poder escucharte .
Rowan miró a Indie y a Emily. Pensó en lo que esas chicas y muy especialmente su amiga significaban para ella y sintió algo profundo y excepcional; algo que se parecía al alivio.
—Pero voy a extrañarlo terrible —dijo, y esta vez las lágrimas vinieron sin resistencia.
Indie tomó su mano de inmediato y la apretó con las suyas—.
Voy a extrañar preguntarle cosas. Voy a extrañar que me corrija cuando hago algo mal.
Voy a extrañar esa cara que ponía cuando tocaba algo que le gustaba mucho.
—Por supuesto que lo vas a extrañar —dijo Emily, abrazándola—. Sería extraño si no lo extrañaras, pero extrañar a alguien no significa que se haya ido del todo. Significa que fue lo suficientemente importante como para dejar una marca permanente en ti.
—¿Y esa marca duele siempre? —preguntó Rowan contra el hombro de Emily.
—No siempre duele —respondió Rory recordando su propia experiencia con la desaparición, la muerte…
El misterio que era Fernando Luna en sus vidas.
Emily y Rowan lo miraron, identificando en sus ojos castaños un brillo de genuina nostalgia—.
Al principio duele mucho. Después duele menos, pero más profundo y después, un día te das cuenta de que el dolor se ha convertido en algo más: en gratitud.
Gratitud por haber conocido a esa persona, por haber tenido esas experiencias, por cargar esas enseñanzas contigo.
Indie, se acercó y puso su brazo alrededor de Rowan desde el otro lado.
—Además —dijo Índigo con una sonrisa pequeña—, tienes su contrabajo. Eso es como… como tener una parte de él que puedes tocar.
—Es verdad —Rowan se enderezó un poco, limpiándose las lágrimas—. Cuando toco su contrabajo, es como si pudiera sentir todas las canciones que él tocó con él. Como si el instrumento tuviera memoria.
—Tal vez la tiene —dijo Emily acariciando su cabello rubio irlandés, que bajo los efectos de ese cielo gris desvaído del cementerio, cobraba más ímpetu que nunca.
—Tal vez por eso te lo dio —añadió Rory—, para que todas esas memorias musicales pudieran continuar viviendo a través de ti.
Los cuatro permanecieron sentados en silencio por varios minutos, viendo cómo el resto de los asistentes al funeral gradualmente se despedían y se dirigían hacia sus autos. El cementerio se iba vaciando, pero ellos no tenían prisa por irse.
—¿Saben qué es lo más extraño? —dijo Rowan—. Que aunque me siento muy triste, también me siento conectada con algo más grande. Como si entender que las personas pueden morir, me hubiera hecho entender mejor por qué vale la pena vivir.
Indie la miró con admiración genuina.
—Eso es muy profundo, Rowie.
—Tal vez es porque la música te enseña eso —sugirió Rory—. Que las cosas hermosas a veces son hermosas precisamente porque no duran para siempre.
Rowan asintió, sintiendo que algo se asentaba en su interior.
El dolor no había desaparecido, seguía ahí, como un peso constante en su pecho, pero ahora tenía forma, tenía contexto, tenía propósito.
Era el dolor de alguien que había sido amada por un maestro excepcional y que ahora tenía la responsabilidad de honrar esa enseñanza.
—Creo que estoy lista para irme a casa.
—¿Y para tocar? —preguntó Indie.
Rowan consideró la pregunta por un momento.
—Creo que sí. Creo que… creo que él querría que tocara. Especialmente su co ntrabajo. Sería como una forma de mantener la conversación, ¿no? Solo que ahora tendría que adivinar qué me diría él en respuesta.
Se pusieron de pie y comenzaron a caminar de regreso hacia donde el resto de la familia los esperaba.
Rowan se sintió diferente de como se había sentido al llegar al cementerio esa mañana.
No mejor, pero sí más completa. Como si hubiera integrado algo importante sobre lo que significaba amar a alguien y después tener que despedirse.
Mientras ella e Indie seguían conversando a su manera, Emily tomó la mano de Rory y lo apartó un poco de las niñas.
—Sé que no es el mejor momento —susurró y él la miró con curiosidad—, pero se me acaba de ocurrir algo.
—¿Qué?
—Hablar con tu mamá.
Rory se sorprendió un poco.
—¿Hablar con mi mamá sobre…?
—Sí. Hemos estado cargando con esto durante algunos meses y me parece que nos viene bien la perspectiva de un adulto, especialmente de una mujer como ella.
—¿Y quieres hacerlo aquí? ¿Ahora?
—Sí. En la buhardilla, con las niñas, dudo que tengamos la privacidad necesaria y esta noche cenaremos con mis padres.
Rory suspiró, preparándose para el trago amargo que significaba verle la cara a Claire Harper.
Emily sonrió adivinando lo que sentía. Habían acordado acompañar a Rowan en su dolor, almorzar con los Gallagher, cenar con los Harper y regresar al día siguiente temprano a Albuquerque, para atender sus compromisos allá.
—Bien —él miró a su madre a lo lejos. Conversaba con la señora Blackwood—. Aprovecha el momento, yo distraeré a las niñas un poco, especialmente a tú ya sabes quién.
Emily respiró hondo. Para ella seguía siendo una angustia tremenda imaginar cómo podía manejar Índigo un secreto como ese.
Rory la vio adelantarse, mientras él se giraba hacia las adolescentes y comenzaba a bromear con ellas sobre referencias cinematográficas lúgubres que hacían mención de cementerios y fantasmas.
Lejos de atemorizarlas, las divirtió y la excusa fue perfecta para que ni siquiera notaran la repentina ausencia de Emily.
Mientras Rory y las chicas continuaban su conversación, Emily se había acercado discretamente a Fiona. Ya se había despedido de la señora Blackwood y volvía sobre sus pasos para acercarse a Daniel Ashford y a sus padres, de no ser porque la hija mayor de los Harper la interceptó.
—Fiona —murmuró Emily en voz baja—, ¿podría hablar contigo un momento?
Fiona notó algo en el tono de Emily que le hizo apartar la atención de sus padres y del arquitecto. Había una tensión sutil, una urgencia contenida que contrastaba con la solemnidad del momento.
—Por supuesto, querida.
Se alejaron algunos pasos más, lo suficiente para tener privacidad, pero sin perder de vista a Rowan, Índigo y Rory. Daniel Ashford permaneció donde estaba, dándoles espacio, mientras continuaba conversando con Cormac como si no hubiera notado nada.
—No sé si este es el momento adecuado —comenzó Emily, con las manos entrelazadas—, pero he estado… he estado viendo algo que me preocupa mucho y no sé con quién más hablar y, como una vez me dijiste que… Que podía contar contigo…
—¡Siempre! ¡Siempre, cariño, claro que sí! —Fiona la analizó con sus ojos grises. La expresión de Emily era la de alguien que carga con un secreto pesado—. ¿Qué pasa, Emily?
—Es sobre papá —las palabras salieron en un susurro urgente—.
En mi trabajo… trabajo en una librería en Albuquerque, y papá viene regularmente, pero…
—Emily hizo una pausa, como si estuviera reuniendo valor para continuar—, pero no viene solo.
Hay una mujer, de la edad de mamá más o menos, y un joven que…
que se parece mucho a papá y a nosotras.
Se encuentran allí, almuerzan juntos, actúan como… como una familia.
Fiona sintió que el aire se volvía más frío a su alrededor. Sus ojos se dirigieron hacia donde Rowan e Indie seguían conversando con Rory, ajenas a esta revelación que amenazaba con cambiar todo.