Capítulo 27. Belisa
Belisa
Hoy no voy a ir a la cafetería. Porque no quiero ser una gorrona hasta que no cobre, ya tengo suficiente con Mocca pagándome la cena, y la comida que llevo en la bandolera para luego.
Mocca, madre mía. Me acosté dando vueltas a lo que hicimos.
Y cuando cerré los ojos soñé con él y con Sedrik.
Este último me besaba para después entrar dentro de mí con fuerza.
Mi vida sexual nunca ha estado tan animada, ni en la realidad ni en mis sueños.
Portia dice que me tengo que animar a decirle a Mocca que quedemos, o lanzarme con Sedrik.
Portia: Y así eliges.
Belisa: Hablas como si para ellos yo fuera una opción.
Portia: Lo eres, eres la mujer más sexi que conozco, después de mí, claro.
Hablamos de esto y de más cosas. Nela no dio señales de vida. Al final, Portia me llamó mientras me cambiaba para venir.
Si tuviera que elegir no sabría por cuál decantarme. Con Mocca hablo más…, pero al mirar a Sedrik siento algo especial que nunca he sentido por nadie. Una atracción más fuerte que la razón. Y que va más allá de las palabras.
No, no sabría a quién elegir.
Por suerte, no tengo que hacerlo. Solo me estoy divirtiendo.
Llego a mi puesto. Dejo todo y cojo un café de máquina al que le echo tres de azúcar. En mi defensa diré que está tan amargo que es eso o vomitar. Es eso o nada.
Empiezo a trabajar y Defin llega a media mañana con su prometida, me mira y me pregunta por el trabajo. Y por eso cobra. Qué triste es todo.
Se meten en su despacho a hablar de la boda.
—Eso, marchaos, que ya levanto yo la empresa. —El de seguridad, que pasa por aquí, me mira divertido.
Sigo trabajando y a media mañana me manda un mensaje Mocca30.
Mocca30: ¿Qué tal va la mañana?
B26: Haciendo el trabajo de varias personas, de culo y es final de mes. Ni siquiera he podido permitirme el lujo de algo muy dulce aceptable. Dime que tú eres bueno con tus empleados o te dejo de hablar.
Le hago foto de mi vaso de café, más negro que el carbón.
Mocca30: Eso es una aberración. ¿Cuánto azúcar le has puesto?
B26: Tres, y ni por esas. Deséame suerte, que voy a por otro o no podré activarme con tanto trabajo.
Mocca30: No hagas nada. Dame cinco minutos…
¿Qué narices? ¿Qué está pasando aquí? Espero curiosa mirando el móvil y mi horrible café.
Sigo trabajando cuando escucho al de seguridad hablar con alguien.
Alzo la cabeza y me quedo de piedra al ver a Sedrik.
Lleva una bolsa de entrega a domicilio de RHC.
Se acerca y la deja en mi mesa. Luego me mira a mí y este lugar tan pequeño y horrible.
No sé qué decirle cuando clava sus ojos en mí.
—Hola, Sedrik —le digo nerviosa—. ¿Qué significa esto? —De golpe parece serio.
—Lo mandan para ti. —Aparta la mirada.
Caigo en la cuenta de que Mocca sabe dónde trabajo. Ya me pagó la cena, ahora me manda el café. Pero este café lo trae Sedrik. Lo miro, y sé que por un segundo he querido que él fuera Mocca. Que estuviera aquí porque es Mocca.
Lo miro con el corazón acelerado, sabiendo que sin darme cuenta le he puesto a Mocca siempre la cara de Sedrik. Es horrible. Soy horrible. No me puedo creer que esté haciendo esto. Que me esté dejando llevar por un extraño solo porque pienso en otro. En Sedrik.
Esta revelación me deja agitada y nerviosa. Sedrik se da cuenta y me mira preocupado.
—¿Todo bien, Belisa?
—No…, pero no importa. —Noto lágrimas en los ojos—. Gracias por el café, o, bueno, tú no…
No sé por qué me hago esto. No quería saber quién era Mocca, pero ahora me doy cuenta de que tal vez era porque así resultaba más fácil ponerle la cara de otro hombre. No puedo seguir con lo que tengo con Mocca, no es real. Es increíble, pero… no es real, no a menos que nos pongamos cara.
No puedo retrasar el quedar.
—Belisa. —Miro a Sedrik, que parece agitado—. No me gusta verte así.
—Se me pasará, tengo que hacer algo importante y no sé si estoy preparada, pero quiero ser fuerte.
—Eres fuerte.
—No, no lo soy. Llevo semanas mirándote como una idiota y saliendo corriendo cuando te veo, porque no era capaz de pedirte tu número.
—¿Eso era lo que querías?
—¡Claro! ¿No se notaba?
—No, la verdad. —Me río y sueno rara.
Sedrik coge papel y boli y apunta su número. Veo su letra perfecta y noto como se disparan los latidos de mi corazón. Esto está pasando, esto está pasando. Estoy siendo valiente. Como lo soy en la app, en la app con Mocca.
Miro a Sedrik a los ojos y me pierdo en ellos.
—¡¿Se puede saber qué narices es esto?! —Defin aparece agitado y mira a Sedrik.
Sedrik no se amedrenta y usa su altura y su complexión física para dejar claro quién ganaría si se pone idiota.
—Solo me ha subido un café.
—Bien, porque ha surgido un problema gordo y no hay tiempo para tonterías.
Sedrik lo mira como si le quisiera sacar la cabeza. Yo sé muy bien lo que siente. Busco la mano de Sedrik y la acaricio. Noto una descarga al sentir su piel. Y el placer de acariciarlo más se expande.
—Muchas gracias, Sedrik, nos vemos cuando cobre.
Asiente y se separa apartando su mano de la mía. Luego se marcha y Defin viene hacia mí.
—Pensé que eras más lista; un hombre como ese nunca se fijaría en una mujer tan patética como tú. Y ahora, a trabajar.
Lo triste es que yo me digo lo mismo. Tal vez por eso he idealizado a Mocca. Porque he recreado en él al hombre que más me atrae y he fingido que tal vez, solo tal vez, podía ser posible.