Capítulo 12. Belisa
Belisa
Llego a la cafetería con el tiempo justo.
Por eso cuando veo la cola miro mi reloj para ver si puedo o no subirme un café.
Hay mucha gente. Y veo al hombre sexi de ojos dorados ir entre la cocina y la barra.
Cuando me ve lo saludo. Hace un gesto con la cabeza que puede ser un «hola» o un «piérdete, pesada».
Seguramente lo segundo. Hoy lleva una camisa blanca arremangada, no de estilo fiesta, menos formal, y le sienta increíble.
Este hombre sí es fuego, sí me enciende…
, pero seguro que yo a él no. Tal vez el fuego sí exista, pero no estamos en la misma sintonía.
Muerdo mi boca y, cuando me toca, es su compañero quien me atiende. Luego veo como preparan mi mocca . Voy a llegar tarde. Nerviosa, miro el móvil y veo que mi hora de fichaje se acerca.
—Ten. —Alzo la cabeza y tengo ante mí al buenorro. Se ha puesto un cartel con su nombre.
—Sedrik. Me gusta…, el nombre, no tú…, aunque tú no estás mal y eso…, eh, adiós… Yo me llamo Belisa… y esto es algo que no te importa. —No le dejo ni hablar, cojo el café y salgo corriendo.
Vale, Belisa siendo Belisa. Subo a mi puesto de trabajo, que es justo en el mismo edificio. Si solo me ha dado un café y me he puesto así, si me tocara, creo que no ardería, me incineraría.
Al llegar, Defin me mira enfadado y luego me coge el café.
—Es mío.
—Tienes mucho trabajo. ¡Vamos!
—Podrías ayudar. —Da un trago a mi café. Ojalá se atragantara con la mocca .
—Si no te gusta este trabajo, puedes irte… Ah, no, que nadie te quiere. A ver si te crees que no sé que has intentado que te contraten algunos de nuestros clientes. Eres patética.
Se ríe y se marcha. Cabrón.
No es tonto, sabe que busco otra cosa desde hace años que llevo amenazando con irme. Pero si sigo aquí es porque no puedo permitirme el lujo de no trabajar. Cosas de la vida y eso.
Noto el escozor de las lágrimas, y tomo aire para no derrumbarme. Sonrío para no dejar que Defin vea mi angustia. Cada vez que sonrío ante una injusticia siento que estoy venciendo.
Saco mis cascos. Me pongo música con la lista de reproducción del móvil y trato de crear y de hacer buenas publicidades mientras por dentro estoy temblando de rabia y, para colmo, se ha bebido mi mocca y la he cagado con Sedrik. Me encanta su nombre, y él.
* * *
B26: Prométeme que si acabo en la cárcel por matar a mi ex con la mirada me mandarás alguna carta. O una foto sexi. Lo segundo. Las cartas están sobrevaloradas.
Mocca30: ¿Qué ha pasado? Y, por supuesto, te mandaría una foto…, pero me tienes que dar a cambio una igual.
B26: Super sexi de naranja.
Mocca30: Ese color te quedaría bien.
B26: No, me quedaría fatal. Odio ese color. No sé por qué.
Mocca30: Me hieres, es uno de mis favoritos.
B26: Vaya, ya no podemos enamorarnos. No vivimos en la misma gama cromática.
Hago un dibujo de una mujer llorando. Miro mi sándwich a medio comer. Defin se me acerca y me pone más trabajo sobre la mesa.
—El jefe lo quiere para ayer.
Lo veo irse a comer con su novia. Guardo el móvil. Me acabo la comida a toda prisa y me pongo a trabajar. Lo peor es que no estoy inspirada, y eso hace que no se me ocurran buenas campañas de publicidad. Es una mierda tener que ser creativa cuando te sientes oprimida.
Me hago una foto de mis piernas cruzadas, con mis medias de color azul claro. Llevo unas botas con un poco de tacón y una falda vaquera. Cuando la miro, advierto que se ve un poco del liguero. Dudo, pero lo mando a Mocca.
B26: Te toca.
Guardo el móvil cuando Defin me mira enfadado. De verdad, qué pesadilla de hombre.
—Como sigas así, te cambiamos por ChatGPT hasta encontrar a otra mejor.
—Qué cruz —digo para mí.