No debí hacer match contigo Capítulo 1. Belisa
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Capítulo 1. Belisa

Belisa

Me va fatal en la app de citas. No sé si tomármelo a risa o seguir siendo optimista. La mitad de los hombres que me escriben solo quieren sexo, y, oye, no lo descarto, pero necesito algo más. Como esas mariposas que hacen que una caricia pase a ser increíble, por lo inesperada que es.

Estoy acostumbrada a que me vaya mal en el amor. He perdido la cuenta de las veces que me han roto el corazón, casi siempre por intensa. Porque quiero un amor de los que te hacen vibrar y, a pesar de eso, me he conformado con hombres que no me llenaban por ser demasiado exigente.

Estoy cansada, cansada de verdad de besar sapos que ni follar saben. Porque si el sexo hubiera sido memorable, dices, bueno, algo interesante tenía para seguir ahí… Pero no, seguía por masoca y cuando me dejaban me sentía tonta por no haber salido corriendo antes.

Y ahora se me ha ocurrido la gran idea de abrirme una cuenta en una app de citas.

Llego al trabajo; me encargo de la publicidad en una empresa familiar.

En verdad, todo el peso del trabajo recae en mí.

¿Lo dejo? No, y no porque no lo haya intentado.

Pero no encuentro otra cosa que me permita vivir en la gran ciudad sin tener que regresar a casa de mis padres con el rabo entre las piernas.

Defin, uno de mis ex, el más capullo, deja en mi mesa un montón de informes y luego se arregla la pajarita azul oscuro que le queda fatal. Y pensar que un día vi algo en este relamido…

Al mirarlo, con su cara de besugo esperando ser cocido al horno con patatas, me pregunto en qué momento de mi vida estuve tan desesperada para verlo… guapo. Y no, no es que sea un ogro, es que es un gilipollas, y eso aniquila toda la belleza que pueda tener.

—No quiero saber de que te ríes. —Me lo estoy imaginando al horno con patatas.

—Mejor no. ¿Qué quieres que haga con esto?

—Que lo redactes todo con un nuevo enfoque publicitario, y lo necesitamos para ayer.

Se marcha a su despacho y cierra la puerta. El tío no hace nada en todo el día, salvo mandarme cosas. Tras dejarme se lio con la hija del jefe y solo por eso se cree el dueño de este lugar.

Miro el trabajo y tomo aire antes de ponerme con ello. Dejo el móvil y mis cosas en el cajón y veo que tengo mensajes en la app de citas. Los miro ilusionada, pero solo son hombres que me preguntan cosas estúpidas.

Al final esta va a ser otra de mis horribles ideas.

* * *

Salgo del trabajo tarde. Aparte de mí, solo quedaba el de seguridad, que se pasa por las diferentes plantas a ver si todo está bien.

Estoy agotada, y lo peor es que ni me pagan por mis horas extras.

Por suerte ya no hace tanto frío por las noches.

Al llegar a mi casa me pongo, lo primero, la tele, para no sentirme tan sola.

Dejo de fondo una de mis películas favoritas.

Me sé hasta los diálogos y repito alguno mientras pienso qué hacerme de cena: estoy dudando entre ramen de sobre o sopa de sobre. Al final me hago la sopa.

Caliento el agua y espero a que esta se haga.

Mientras, observo mi móvil y veo que tengo varios mensajes de la app.

Uno de ellos de un hombre muy sexi, pero demasiado directo.

Le doy a descartar, y así uno tras otro hasta que un brazo fuerte que sujeta una taza humeante de lo que parece café caliente me llama la atención.

No se le ve la cara. Y está en blanco y negro, pero tiene ese algo que al mirarla sientes un revoloteo en el pecho.

Suficiente para leer y darle también un corazón.

Al poco me llega un mensaje de él como Mocca30:

Mocca30: Tu foto está llena de color. Creo que no he visto tantos colores juntos en mi vida. Te queda bien.

Iba a pensar que se reía de mí hasta que acabó diciendo ese «te queda bien».

Dudé qué foto subir. Al final elegí una de este invierno. Salgo con el abrigo de color rosa abierto, la bufanda verde y el gorro naranja. Sí, tal vez debí seleccionar otra. Pero esa me gusta, porque salgo sonriendo mientras nevaba a mi alrededor.

La gente seguramente tildaría mi forma de vestir de excéntrica. Yo sé que es mi forma de pintar de color mis días. También uso colores menos llamativos, pero si algo me gusta no me privo de ello solo porque sea demasiado colorido.

Dudo, pero al final le escribo.

B26: Pues te sorprenderá saber que mi ropa interior de ese día era negra.

¿Por qué cojones le he dicho eso? Voy a dar a borrar, pero lo ha leído.

Sí, soy de contrastes. Me gusta la ropa de color, pero luego la ropa interior de colores más oscuros.

Y me encantan los ligueros. Muchos hombres ven raro que sea así.

Como si esperaran liarse conmigo y que bajo todo ese color fuera más infantil.

Odio que la gente te juzgue solo por las capas de fuera.

B26: Eso ha estado fuera de lugar…

Mocca30: ¿En una app de sexo? Sí, tienes razón, este lugar no es el adecuado para hablar de ropa interior.

Su ironía me hace sonreír. Me tomo la sopa pensando qué decirle.

B26: Pues pienso mejorarlo, no estoy buscando sexo rápido.

Mocca30: Te lo igualo. Yo tampoco, la verdad es que no sé qué narices hago aquí.

B26: ¿Y por qué sigues?

Mocca30: Hace años tuve una experiencia mala en el amor. Pensaba que ya era el momento de volver al mercado.

B26: Te iba a decir que esta app tal vez no sea el mejor lugar…, pero yo estoy igual.

Mocca30: Entonces me entiendes. Iba a borrarme cuando vi tu foto. Me gustó tu sonrisa. Había luz en ella, y para alguien que vive en una «cueva», toda luz brilla con más intensidad entre las tinieblas.

Lo leo, es bonito y profundo y habla de alguien que se esconde, pero a la vez quiere luz. Tal vez esté cansado de la oscuridad. Por eso le escribo. Me gusta lo que dice y es diferente.

B26: Por eso la subí. Ese día estaba feliz, mi amiga había venido a verme y empezó a nevar. Me hizo una foto mientras yo hacía el idiota tras volver de fiesta.

Mocca30: Es bonita.

B26: ¿Y tú qué bebes en la foto?

Mocca30: Un café solo. Es así como me gusta. Prefiero apreciar los matices.

B26: ¿Entiendes de café?

Mocca30: Sí, mucho. Mis padres tienen una cafetería y para mí el olor a café es hogar.

B26: En mi caso, las películas o los DVD. Mis padres tenían un videoclub, y cuando cerraron llenaron la casa de todas las que no pudieron vender. El garaje está lleno de ellas. Me gustaba estar ahí y elegir una.

Mocca30: Vaya, empezar de cero no es fácil.

B26: No, aguantaron hasta que fue imposible sostenerlo. El aumento de la piratería fue un golpe letal.

Mocca30: Odiaba ver películas con gente pasando por delante de la pantalla.

B26: ¡Sí! Con lo increíble que es elegir una y disfrutarla porque es única.

Mocca30: Mucha gente nunca sabrá lo que era ir al videoclub del barrio y elegir qué película ver.

B26: No, y, ojo, yo ahora veo las películas en plataformas de pago. Todo evoluciona. Pero cuando voy a casa de mis padres, me gusta coger una y ponerla en mi antigua tele.

Mocca30: A mí me gusta el olor a café cuando entro a su casa y está ahí, anclado.

B26: Bueno, esta charla ha sido muy productiva, sabes algo de mi infancia y qué ropa interior uso. No está mal para una primera cita de app.

Mocca30: Nada mal. Seguimos hablando. Mañana madrugo.

Nos despedimos y vuelvo a leer toda la conversación. No ha estado nada, nada mal. Al final no ha sido tan mala idea crearme esta app.