Chapter 28
Capítulo veintiséis
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Diciembre
Diciembre empezó con ganas de contarle a Michael cómo iba.
Tres meses de psicóloga y, por primera vez, yo también veía un poco de luz.
Me armé de valor y lo llamé… y no respondió.
No estaba. Él me había prometido que iba a estar ahí, pero ya habían pasado tres meses sin que yo le hablara ni le llamara y era obvio que esto iba a suceder.
Les pregunté a mi padre y a Ximena sobre él, pero tampoco pudieron decirme nada.
Fue duro darme cuenta de que, a veces, incluso las promesas más firmes no se cumplen como una espera.
Por suerte, no todo era malo. Nos mudamos gracias a la ayuda de papá y Reid.
Ahora vivimos con Sebastián en una zona más tranquila y agradable.
Más espacio, más luz… todo se sentía un poco más fácil.
Mi hermano seguía rondando por aquí, aunque me parecía algo raro.
Creo que estaba conociendo a alguien. No me contaba nada, pero había algo en su mirada que me daba la sensación de que sí.
Unos días después, Lucía vino a verme. Hacía meses que no nos veíamos, y aunque fue raro, pude manejarlo.
Me dijo que me veía mejor y antes de irse, despidiéndonos, me dijo que llevaba tiempo sin ver a Jaden.
Noté que había algo más que quería contarme y le insistí.
Al final, me lo dijo: Jaden había recordado cosas (no sabía qué cosas), pero decidió alejarse sin dar explicaciones.
Me dolió. Antes del accidente me quería, y ahora, al recuperar lo recuerdos, eligió no hablar conmigo.
Esa sensación de abandono y tristeza fue difícil de soportar.
Volví a pasar unos cuantos días sin dormir por aquello.
Semanas más tarde, Lucía volvió con otra noticia: Jaden se había mudado a Inglaterra y ni siquiera se había despedido de ella. Su decisión de buscar su paz me hizo pensar. Si él podía hacer un cambio tan grande, ¿por qué yo no?
Empecé a pensar en mi vida, en hacer algo que realmente importara. Fotografía, voluntariados, proyectos nuevos… todo lo que me sacara de mi zona de confort y me ayudara a avanzar. Con Lucía, mamá, Reid y mi psicóloga apoyándome, empecé a construir mi propio camino.
El amor podía esperar. Antes de volver a elegir a alguien, quería aprender a elegirme a mí misma. Quería vivir de verdad. Sabía que la felicidad llegaría, pero esta vez no como destino, sino como compañera de viaje.