New York (Skyline 2) epílogo
100%

epílogo

Tyler Lewis primero fue como un asteroide, girando alrededor de mi mundo, acercándose poco a poco, arrastrándolo todo con su gravedad hasta que terminó estrellándose contra mí sin previo aviso, sin margen de maniobra, sin posibilidad de esquivarlo.

Y lo rompió todo. Mis esquemas, mis certezas, mi manera de entender la vida, incluso la forma en la que me entendía a mí misma.

Me desordenó por dentro, me sacudió, me desmontó pieza a pieza como si yo fuera un castillo de naipes mal construido…

y, aun así, en medio de todo ese caos, de toda esa destrucción, fue lo único que consiguió darle sentido a cada latido, a cada segundo, a cada maldita decisión que había tomado hasta entonces.

Porque con él… todo encajaba. Todo tenía un porqué. Todo dolía menos.

Y luego desapareció. Así, sin más. Sin avisar, sin despedirse, sin darme la oportunidad de prepararme para el vacío que iba a dejar detrás.

Después de arrasarlo todo, de prenderle fuego a mi mundo y de reconstruirlo a su manera…

se fue. Y me dejó aquí, sola, en medio de los restos, intentando entender cómo coño se vuelve a vivir cuando lo único que te enseñó a hacerlo… ya no está.

Y lo peor no fue que se fuera. Lo peor fue que, aun así, todo en mí seguía girando alrededor de él, como si no entendiera que ya no estaba, como si mi propio cuerpo se negara a aceptar su ausencia y continuara buscándolo en cada pensamiento, en cada recuerdo, en cada maldito latido.

Pero como dice el dicho… Dios aprieta, pero no ahoga.

Y esta vez, aunque todo dentro de mí estuviera hecho pedazos, no iba a estar completamente sola.

Brooklyn y Ryan estaban ahí, sosteniéndome cuando yo misma no podía ni mantenerme en pie, estando en las buenas…

y, sobre todo, en las peores, que eran las únicas que ahora parecían existir.

Ellos, y especialmente Brooklyn, me enseñó algo que nunca quise aprender: que a veces no se trata de vivir, no se trata de avanzar ni de reconstruirse de inmediato… sino de sobrevivir. De aguantar. De resistir con lo poco que te queda. De aprender a respirar con los restos.