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A las nueve y cuarto recibimos la resolución de la comparecencia urgente: Nora permanecería temporalmente con mi madre.
Adela seguía hospitalizada, así que la medida se ejecutaría en una vivienda protegida con supervisión. Yo podía verla durante el día, pero no dormir allí. Daniel quedaba reconocido como referente afectivo, no como progenitor legal, hasta que se revisara la documentación.
Andrés no podía acercarse ni comunicarse.
—Es absurdo —dijo Nora al conocer la resolución—. La casa protegida pertenece a una administración cuyos datos Umbral podía consultar.
—Teresa ha pedido una ubicación fuera del circuito habitual —expliqué.
—Eso también es Umbral, solo que con papeles correctos.
—La diferencia son los controles y que puedes recurrir.
—¿En cuánto tiempo?
—No lo sé.
—La ley también usa esa respuesta.
La vivienda estaba en las afueras de Segovia. Dos habitaciones, cocina pequeña y ventanas con persianas de seguridad. Nora contó doce desde el coche hasta la puerta. No me lo dijo; vi sus labios moverse.
Adela fue trasladada por la tarde. Una agente llamada Raquel quedó asignada al exterior.
Yo debía presentarme en el juzgado para declarar. Teresa recomendó que llevara abogado. Luján consiguió uno especializado en delitos informáticos y protección de menores.
Se llamaba Samuel Ferrer. Su primera pregunta fue:
—¿Qué quiere proteger primero: su libertad, su relación con Nora o a las víctimas de Umbral?
—Las tres.
—No será posible maximizar las tres.
—No le he pedido que las maximice. Le he pedido que no utilice una para negociar las otras sin decírmelo .
—Bien. Entonces hablemos claro. Admitir la falsificación puede costarle prisión. Negarla es poco viable. Atribuir el diseño a Julia podría reducir responsabilidad, pero contradice sus propias grabaciones y la coloca como una persona manipulable, algo perjudicial para cualquier tutela futura.
—No voy a negarla.
—Cooperar puede favorecer una suspensión de condena si las penas y antecedentes lo permiten, pero hay demasiados delitos por concretar.
—¿Y Nora?
—Su vínculo afectivo pesa. También que usted la protegiera de un padre peligroso. Pero ocultarle su filiación y construir pruebas falsas puede considerarse un daño grave.
—Lo fue.
Samuel dejó el bolígrafo.
—No necesito que se acuse con entusiasmo. Necesito precisión. La culpa moral y la responsabilidad penal no son idénticas.
—Entendido.
Declaré durante seis horas.
Conté cómo nació Umbral, qué registros manipulé, quién participó, qué operaciones recordaba y cuáles aparecían en el Libro.
Expliqué la noche de Marta sin mejorar mi papel.
Admití también que había recogido el arma incautada a Baeza pese a la orden de Luján y que la había introducido en la instalación.
Cuando me preguntaron por los diecisiete minutos, respondí que obedecí un protocolo, que elegí sacar a Nora y que no sabía si una llamada inmediata habría salvado a mi hermana.
—¿Se considera responsable de su muerte? —preguntó el juez.
Samuel iba a objetar. Levanté una mano.
—No de la violencia que la causó. Sí de no haber pedido ayuda antes.
—¿Por qué falsificó la hora de fallecimiento?
—Daniel lo hizo. Yo lo supe y lo acepté.
—¿Para ocultar su demora?
—Para impedir que la policía investigara por qué yo estaba allí con una menor no registrada y descubriera Umbral. También para evitar que Andrés supiera que Nora había sobrevivido.
—¿Volvería a sacar a la menor de aquella casa?
La pregunta no era jurídica. Era una trampa moral.
—Sí. Pero llamaría a emergencias antes de entrar y no borraría después el nombre de Marta.
Al terminar, no me detuvieron. Impusieron retirada de pasaporte, comparecencias y prohibición de acceder a sistemas vinculados a Umbral sin supervisión .
Salí del juzgado al atardecer.
Había periodistas en la puerta.
Alguien había filtrado la historia.
Una mujer gritó:
—¿Es cierto que inventó una hija que no existía?
Otra:
—¿Dónde está la niña?
No respondí.
En todos los teléfonos aparecía el mismo titular:
LA NIÑA BORRADA: UNA RED CLANDESTINA FAbrICÓ CIENTOS DE IDENTIDADES EN ESPAÑA.
Debajo había una fotografía de Nora saliendo del campamento.
Su cara no estaba pixelada.