Carta no enviada de Daniel
Clara:
Hoy hemos firmado el divorcio y Julia ha guardado mi declaración. Cree que con eso ha detenido tu búsqueda. Yo no.
Sé que sigues a Andrés. Sé que alquilas coches como Elena Vidal y que utilizas medicación para no consolidar parte de lo que haces. No sé si recordarás haber leído esta carta si te la entrego. Por eso no la entregaré.
Esta es la parte que nunca consigo decir sin que parezca una defensa: te vigilo porque tengo miedo. No de ti todo el tiempo. De la versión de ti que cree que una buena causa mejora cualquier método.
También me vigilo a mí y no lo hago suficiente.
He alterado informes, he mentido a médicos, he firmado como padre de una niña que no era legalmente mi hija y he permitido que Nora crea que su madre biológica nunca existió. Cada vez tenía una razón inmediata. Ninguna explica once años.
Julia dice que la continuidad de la familia protege a Nora. Yo he aceptado porque la alternativa era imaginar a Andrés solicitando custodia, a ti en prisión y a Nora convertida en prueba. Pero quizá la familia que intento conservar ya es una prueba.
Nora pregunta por qué no hay fotos del hospital. Dice que no se parece a ti de bebé. Hace una semana encontró una cicatriz detrás de la oreja y buscó en internet. Le dijimos que era un lunar.
No podemos seguir.
Y, aun así, mañana probablemente seguiré.
Si CERO empieza, dejaré la nota en tu escritorio. Si te digo que no tenemos hija, significará que escuchan. Si no consigo llegar hasta ti, busca la consigna.
Quiero creer que preparar una salida no es lo mismo que aceptar el desastre. A veces sospecho que llevo años haciendo exactamente eso: preparar tan bien el peor momento que he dejado de impedirlo.
Daniel.