Capítulo 47
Aquella noche Natalia volvió a escuchar la grabación de Eva.
Esta vez no buscó las voces. Buscó sonidos.
La puerta. Los pasos. Un coche. Y, al fondo, un ruido metálico.
Tres golpes. Después una pausa. Tres golpes más.
Natalia se quedó inmóvil. —¿Qué es eso? Samuel escuchó.
—No lo sé. Natalia rebobinó. Tres golpes.
Pausa. Tres golpes. De pronto recordó algo de su infancia.
Su padre utilizaba ese mismo sonido para llamar a alguien cuando no quería que los demás lo escucharan.
Tres golpes en la puerta. Una pausa. Tres golpes.
—Era una señal. Samuel la miró. —¿Entre quiénes?
Natalia no respondió. Cogió la fotografía del accidente.
Amplió la imagen. En una esquina aparecía una puerta.
Y junto a ella, un hombre. Julián. Al lado del hombre había otra persona.
Esteban Ortega. Natalia sintió un escalofrío.
Los dos hombres estaban hablando. Y uno de ellos hacía exactamente la misma señal. Tres golpes. Pausa. Tres golpes.