Capítulo 32
El nombre de Marta Vidal aparecía en el registro municipal.
Natalia pidió el expediente. El funcionario tardó unos minutos en regresar.
—Aquí está. La carpeta era delgada. Demasiado delgada.
Natalia la abrió. Nacimiento. Matrimonio.
Una dirección. Y finalmente: Defunción: 14 de septiembre de 2006.
—¿Causa de la muerte? —preguntó. El funcionario señaló el documento.
Accidente doméstico. Natalia leyó el informe.
Marta había muerto en su vivienda después de caer por las escaleras.
Nada más. —¿No hubo investigación? —No consta.
—¿Testigos? —Ninguno. Natalia levantó la vista.
—¿Y quién comunicó el fallecimiento? El funcionario buscó otro papel.
—Un hombre llamado Esteban Ortega. Samuel se quedó inmóvil.
—Mi padre. Natalia lo miró. —Sí. Samuel no dijo nada.
El funcionario continuó: —La señora Vidal vivía sola.
El señor Ortega declaró que era amigo de la familia.
Natalia sintió un escalofrío. —¿Y por qué estaba allí?
No hubo respuesta. Porque aquella era precisamente la pregunta que nadie había querido hacer durante veinte años.