Capítulo 4
A la mañana siguiente Natalia fue al cementerio.
El funeral de su padre sería por la tarde.
Necesitaba estar sola antes de enfrentarse a los demás.
Encontró la tumba de su madre. El nombre estaba grabado junto al de Julián.
Isabel Ferrer. Natalia dejó una flor. Después miró la lápida durante un largo rato.
—¿Qué hiciste? No esperaba respuesta. Pero alguien habló detrás de ella.
—Tu madre no hizo lo que crees. Natalia se volvió.
Era Samuel Ortega. Había cambiado mucho desde que eran adolescentes.
Más delgado. El cabello oscuro salpicado de gris.
Pero sus ojos seguían siendo los mismos.
—¿Qué haces aquí? —Vivo aquí. —Eso ya lo sé.
Samuel miró la tumba. —Tu padre me llamó hace dos semanas.
Natalia frunció el ceño. —¿Para qué? —Me pidió que te buscara cuando regresaras.
—¿Por qué? Samuel dudó. —No lo sé. Natalia pensó en el diario.
—¿Conociste a Eva? El rostro de Samuel cambió.
Fue apenas un segundo. Pero Natalia lo vio.
—No. —Mientes. —Natalia… —Todos dicen que Eva no existió.
Samuel bajó la mirada. —Porque es lo que tienes que aceptar.
—¿Tú también? —No sabes lo que estás buscando.
—Entonces dime qué estoy buscando. Samuel guardó silencio.
Natalia dio un paso hacia él. —¿Qué pasó el 13 de septiembre de 2006?
Samuel palideció. Y por primera vez desde que había regresado al pueblo, alguien respondió a su pregunta.
—Tu hermana no desapareció aquella noche.
Natalia sintió que el suelo se movía. —¿Entonces?
Samuel la miró directamente. —Aquella noche fue cuando decidieron hacerla desaparecer.