MONTANA SEAL’S MAIL-ORDER BRIDE (Brotherhood Protectors nº 12) Capítulo 10
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Capítulo 10

Gavin dio vueltas en la cama durante toda la noche.

El hecho de que Aurelia estuviera acostada en una cama al otro lado de una simple pared lo mantuvo despierto hasta altas horas de la madrugada.

Todas las preguntas que quería hacerle le bullían en la cabeza hasta que desistió de intentar dormir y se quedó mirando el techo.

¿Qué ocultaba?

¿Qué había entre ella y Collin?

¿Qué postura le gustaba más al hacer el amor?

Oh, Dios santo, tenía que pensar en eso. Una vez en el camino del sexo mental, no podía desviarse hasta haber llegado hasta el final.

Hacia las dos de la madrugada, se levantó de la cama, se puso unos pantalones cortos que se abultaban por delante y cruzó el pasillo hasta el baño. Una larga ducha fría ayudó, pero no alivió por completo su necesidad.

Quería a Aurelia, pudiera confiar en ella o no. La necesitaba como necesitaba respirar, como su corazón necesitaba latir. Y la conocía desde hacía menos de veinticuatro horas. Era una auténtica locura. El amor a primera vista no existía.

Sin embargo, el deseo a primera vista no solo era posible, sino la conclusión más probable que tenía que aceptar. Sentía deseo por la encantadora desconocida.

Gavin tuvo que recordarse a sí mismo que no era un animal. A una mujer se la debía tratar con respeto. Había que cortejarla con delicadeza y cuidado para no asustarla. Dios, no quería asustar a Aurelia. Ahora que estaba allí, quería ver si la conexión que él sentía era correspondida por ella.

«Mañana», no paraba de repetirse. Pondría en marcha su plan para cortejar a la guapa novia por correspondencia. Aunque ella había venido para casarse con él, tenía que saber con certeza que eso era lo que quería. Él tenía que demostrarle que era digno de su confianza y lealtad.

Con un plan en mente, finalmente cayó en un sueño profundo, despertando solo cuando el sol se coló como un cuchillo por la ventana y le dio de lleno en los párpados.

Abrió los ojos de golpe y echó un vistazo al reloj de la mesilla de noche.

Ya eran las siete, el resto de los residentes de Brighter Days estarían levantados y haciendo sus tareas previas al desayuno.

Gavin saltó de la cama, metió el muñón en el calcetín especial y luego en la prótesis de la pierna, se la ajustó y se enfundó los vaqueros.

Una vez más, se preguntó cómo reaccionaría Aurelia al verlo desnudo.

Con suerte, lo sabría pronto. En el plazo de una semana, quería probar su compatibilidad en la cama.

¿O era demasiado pronto? Maldita sea, llevaba tanto tiempo sin salir con nadie que no conocía las reglas.

¿Y cuáles eran las reglas para introducir a una mujer en una relación con un hombre con una discapacidad?

A Hannah le gustaba pensar que no era una discapacidad, sino una cuestión de capacidades diferentes.

Daba igual. Él era diferente y esperaba que eso no hiciera que Aurelia cambiara de opinión.

Había sido sincero en su anuncio... Ella lo sabía antes de venir...

Aun así, a Gavin le faltaba confianza en este único aspecto.

Bueno, tendría que superarlo y demostrarle a Aurelia que podía hacer cualquier cosa que un hombre con dos piernas pudiera hacer.

Podría haber estado mucho peor. Tenía dos brazos fuertes y una pierna que funcionaba perfectamente.

Eso era mucho más de lo que tenían muchos de los hombres con los que había pasado tiempo en fisioterapia.

Más de lo que tenía Young. Y mira a Young.

Ese hombre tenía más espíritu y desparpajo que la mayoría de los hombres con las cuatro extremidades intactas.

Una vez que estuvo completamente vestido, Gavin salió de su habitación, deteniéndose al pasar por la de Aurelia para escuchar si había algún sonido de movimiento dentro. Silencio. Ni una sola pista de si seguía durmiendo o ya estaba levantada y por ahí.

Gavin bajó las escaleras hasta la planta baja y siguió el ruido de ollas y sartenes hasta la cocina.

Cookie estaba junto a los fogones, friendo beicon.

A su lado estaba Aurelia, removiendo unos espumosos y dorados huevos revueltos en una sartén. Ella levantó la vista con una cálida y acogedora sonrisa.

—¿Qué te parece esto como primera vez? Estoy haciendo huevos revueltos. —Con una mueca, raspó el fondo de la sartén con la espátula—. Espero no estar quemándolos.

—Estos tíos no son tiquismiquis, aunque lo hagas —dijo Cookie—. Se comen cualquier cosa que no les muerda primero.

—Cierto. —Hannah cruzó la cocina llevando una jarra de zumo de naranja y un cartón de leche—. El resto de los chicos están fuera cuidando de los animales. Tú puedes encargarte de la tostadora y mantenerla en marcha.

Gavin asintió, contento de ayudar en la cocina por una vez.

Le daba la oportunidad de estar más cerca de Aurelia y demostrarle que podía ser tan útil en la casa como fuera.

Muchos hombres consideraban las tareas domésticas trabajo de mujeres.

Gavin no. Y Cookie tampoco. La comida nutría el cuerpo.

La gente no podía realizar el trabajo que había que hacer sin una comida sustanciosa.

Habiendo sido soltero la mayor parte de su vida, Gavin se desenvolvía bien en una cocina.

Le resultaba extraño que, con casi treinta años, Aurelia nunca hubiera aprendido a cocinar.

¿Qué hacía para comer? ¿Comer fuera todo el tiempo?

Añadió eso a la lista de preguntas para las que pretendía obtener respuestas. Pronto.

Lori entró por la puerta de atrás, con la cara sonrojada por el aire fresco de la mañana.

—¡Buenos días!

—Buenos días, Lori —dijo Aurelia con una sonrisa.

—El desayuno está casi listo —dijo Hannah—. ¿Vienen los chicos?

—Sí, señora. Se están lavando fuera. He preferido entrar para hacer lo mismo. Por cierto, Lucky está genial. Por fin ha alcanzado el tamaño de los otros cachorros. —Lori atravesó la cocina a toda prisa y se dirigió por el pasillo hacia el baño.

Aurelia pasó los huevos revueltos de la sartén a una fuente que Cookie había colocado en la encimera junto a los fogones. Llevó la fuente a la mesa y volvió para ayudar a Gavin a untar las tostadas con mantequilla.

Para cuando tuvieron una pila bien ordenada, los demás estaban entrando en la cocina, riendo y bromeando entre ellos.

Collin y Percy fueron los últimos en llegar, detrás de los hombres más jóvenes.

—¿Dónde está Taz? —preguntó Percy.

Hannah torció los labios.

—Le ha llamado Hank. No va a trabajar en el rancho de los Love. En su lugar, estará de servicio en Bozeman los próximos dos días.

—Menos mal que el tiempo aguanta. No necesitaremos transportar heno hasta dentro de un par de semanas —dijo Percy—. Estamos al día con las tareas si quieres hacer un viaje a Bozeman a por provisiones hoy.

Hannah asintió.

—Me vendrían bien algunos comestibles y productos de limpieza. —Miró a los demás—. ¿Alguien más quiere ir a Bozeman?

—A mí me vendrían bien unos guantes nuevos —dijo Young—. Y estaba pensando en comprarme un sombrero de vaquero.

—¿Finalmente pasándote al lado oscuro de la vida en el rancho? —dijo Franklin.

Young asintió.

—Creo que me hará parecer más alto. —Le guiñó un ojo a Aurelia—. A las chicas les encantan los tíos altos, ¿verdad?

Aurelia sonrió.

—Creo que a las chicas les encantan los tíos que las tratan con ternura, cariño y mucho respeto —dijo Hannah—. Da igual si son bajos o altos.

—Aun así, quiero pasarme por la tienda de ropa wéstern y comprarme un sombrero. —Young sonrió—. Me apunto al viaje a Bozeman.

Los hombres se reunieron alrededor de la mesa y esperaron a que las mujeres se sentaran antes de acomodarse.

—¿Y el resto de vosotros? —preguntó Hannah mientras pasaba los huevos revueltos a su derecha.

—Voy a limpiar la nevera —dijo Lori—. Ya va siendo hora, y le prometí a Cookie que le ayudaría a reorganizar los armarios y la despensa.

Cookie levantó una mano.

—Hoy estoy con Lori.

—¿Collin? —Hannah echó un vistazo al nuevo mozo de rancho.

—Tengo que limpiar el barracón. Quiero terminarlo antes del mediodía. Luego voy a hacer ejercicio.

—¿Hacer ejercicio? —parpadeó Franklin—. ¿La vida en el rancho no es suficiente?

—Es bueno para los brazos y los abdominales, pero me gustaría salir a correr un buen rato.

—Si termino con los armarios y la nevera, puede que me una a ti —dijo Lori—. Prometo no retrasarte mucho. Conozco una ruta bastante llana donde no te torcerás un tobillo.

Gavin contuvo una sonrisa. Lori podía darle mil vueltas corriendo a la mayoría de la gente con dos piernas.

Collin asintió con la barbilla.

—Trato hecho.

Vasquez se sirvió una paletada de huevos en el plato y lo pasó.

—Suena a demasiado trabajo para mí. Franklin y yo vamos a arreglar las escaleras que suben al pajar. Algunas de las tablas están podridas.

Hannah sonrió y le entregó a Aurelia la jarra de zumo de naranja.

—¿Quieres venir a Bozeman con nosotras, Aurelia?

Ella negó con la cabeza.

—Tengo ganas de no estar en un vehículo. Quiero disfrutar un poco del aire puro de la montaña por el que Montana es famoso.

—Y yo voy a enseñarle el rancho, si me deja —dijo Gavin, su mirada capturando la de Aurelia.

Ella sonrió.

—Me encantaría.

—¿A caballo? —preguntó él.

Su sonrisa se ensanchó.

—Mejor todavía.

El desayuno terminó poco después. Todos ayudaron a recoger la mesa y a apilar los platos en el fregadero.

—Cookie y yo terminaremos de limpiar la cocina. Vosotros id tirando —dijo Lori. Cuando Gavin pasó a su lado, le agarró del brazo—. Excepto tú. Creo que necesitas llevar un almuerzo campestre. Prepararé unos sándwiches y algo de beber.

—Gracias, Lori. Eso es lo que tenía en mente.

Aurelia había salido de la cocina para subir a ponerse unas botas y una chaqueta ligera.

Lori sacó el asado de hacía dos noches de la nevera y cortó unas lonchas, dejándolas en un plato.

—Tienes que llevar a Aurelia a la cascada.

—Una vez más, eso es lo que tenía en mente. —Gavin negó con la cabeza—. Cualquiera diría que no sé cómo tratar a una dama.

Lori puso cuatro rebanadas de pan en el plato y las cubrió con el rosbif.