Capítulo 43 #2
—No estoy para juegos, Igor. Habla ahora mismo. No tengo todo tu maldito tiempo. —Lasserre se ha vuelto hacia Igor, pero este sigue sin dejar de mirarnos a mí y a Harry.
—¿Tú eres la famosa Maya Bassi, no es así? —Igor ignora completamente la petición de Lasserre y posa toda su atención en mí. Mi estómago se estruja al instante, pero no aparto la mirada de la suya.
No respondo. Ni siquiera me muevo de donde me encuentro.
—¿Es que mi pronunciación es demasiado pobre para que puedas entenderla? —Una fingida consternación se dibuja en sus facciones y lo único que consigue es erizarme la piel de los brazos—. ¿O es que acaso tu educación es tan mala que no puedes tener la puta decencia de contestarme?
Siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas de frustración, pero no derramo ninguna, me limito a apartar la mirada al tiempo que aferro mis manos al chico que se tambalea, medio inconsciente, junto a mí.
—Te lo haré más fácil —Lasserre habla a espaldas de Igor Poliakov y, en cuestión de segundos, desenfunda un arma y la apunta hacia mí sin siquiera inmutarse—. ¿Eres Maya Bassi o no?
Su voz es firme y despreocupada, pero su gesto es amenazante hasta el infierno. Aprieto los puños y trago duro.
—Sí —digo, con un hilo de voz.
El tipo asiente y esboza una media sonrisa que no llega a sus ojos.
Entonces, Igor toma el control de la conversación:
—Maya Bassi es nada más y nada menos que la… concubina —la manera en la que pronuncia el adjetivo para describirme suena más venenosa y despectiva que la palabra en sí— de Harry Stevens.
—¿Y eso a mí qué demonios me importa, Igor? ¿Acaso es esto un crimen pasional? ¿Estás interesado en la chica? ¿Es eso? —Lasserre suena cada vez más impaciente.
—Te importa porque, gracias a esta chica, el traidor de Harry Stevens está aquí.
—¿Te importaría hablar claro, Igor? —interviene el hombre de aspecto hindú—. De verdad, estamos aburriéndonos aquí.
Igor esboza una sonrisa cargada de suficiencia antes de girarse a mirar a los hombres que se encuentran detrás de él.
—El tipo que se encuentra muerto en el piso de esta cabaña era mi mano derecha aquí en América. Como Aaron y tú sabrán, Hassan —mira al hombre hindú y al hombre latino—, su nombre era Tyler Lawson.
—Y eso me interesa, porque… —Lasserre ahora suena casi al borde de la ira.
—¡¿Quieres cerrar la puta boca y dejarme terminar?! —La voz de Igor se eleva tanto que doy un respingo en mi lugar. Entonces, recupera la compostura y continúa—: Lawson y yo nos conocimos cuando, después de haber pasado una temporada larga escondiéndose de la policía, llegó a mí.
Me dijo que tenía información que tal vez podía interesarme y, después de mucho tiempo insistiendo en llamar mi atención, le concedí una cita.
Me mira, con gesto extasiado.
—La información que tenía para darme era acerca de un joven emprendedor que se había hecho del negocio de su antiguo jefe al asesinarlo meses atrás —Igor continúa—.
Era la historia de un chico ambicioso al que le apodaban Bestia que, en poco tiempo, logró cerrar negocios con el gran Hassan Khal y Aaron Luhrman.
—Mira de nuevo en dirección al tipo hindú y al latino—.
Era la historia de un joven llamado Harry Stevens, que estaba posicionado como uno de los mejores distribuidores de todo San Francisco…
—De verdad, estoy a punto de pegarte un tiro en los testículos. —Lasserre suena cada vez más impaciente.
—Tyler me habló acerca de lo que pasó realmente la noche en la que Alexis Rodríguez murió —Igor continúa al tiempo que ignora por completo la amenaza de Lasserre—.
Me contó que no fue una lucha de poder la que se llevó a cabo en ese entonces, sino un crimen pasional.
Un crimen que involucraba al idiota de Harry Stevens, enamorado hasta la médula de Maya Bassi, hasta el punto de estar dispuesto a asesinar a su propio jefe con tal de salvarla…
—Hace una pequeña pausa—. Me habló acerca del ridículo sentido de la justicia de ese chico y del modo en el que se había enterado, a base de rumores, de que Harry Stevens se había entregado a la policía.
—Me mira por encima del hombro—. Mi gente, al saber esto, comenzó a seguir a Stevens a todos lados y pronto me encontré con la enorme sorpresa de que, de cuando en cuando, visitaba la jefatura de policía que se encuentra cerca del centro de la ciudad de San Francisco.
Con el tiempo, descubrí que todo su equipo de trabajo también lo hacía.
No me tomó mucho tiempo descubrir que ese bastardo hijo de puta nos estaba traicionando.
Los ojos de Hassan y Aaron se posan en nosotros. Harry ha comenzado a recobrar el conocimiento, ya que ha comenzado a luchar por ponerse de pie por su cuenta.
—Yo hice negocios con él y nunca vi nada sospechoso. Todos nuestros intercambios siempre fueron limpios, cuidadosos y bien hechos —Hassan aboga, en tono sereno y tranquilo.
—Puedo decir lo mismo —Aaron interviene—. Los negocios con Bestia siempre fueron un jodido placer.
—¡Pues claro que lo fueron! —Igor exclama, con indignación—.
¡Stevens los estaba utilizando para llegar a Johan Lasserre!
¡Para llegar a un pez gordo en la cadena y así limpiar su maldito expediente!
Lo único que este hijo de puta quiere es que le quiten todos los cargos que tiene encima para así vivir su vida de color rosa con esta zorra.
Una punzada de ira se cuela en mis venas, pero me las arreglo para no escupir algo insultante en su dirección.
—¿Tienes pruebas de ello? —Lasserre ahora luce alerta y desconfiado.
—¡Por supuesto que las tengo! —Poliakov suelta y se encamina a toda velocidad hacia las afueras de la choza.
No le toma más de unos cuantos minutos volver con un maletín entre los dedos. Tampoco le toma mucho tiempo ponerlo en manos de uno de los hombres silenciosos que fungen como espectadores para abrirlo y sacar un montón de papeles de su interior.
Uno a uno, los socios los miran. Aaron, Hassan y Lasserre escrutan los papeles que parecen ser fotografías y, tras unos instantes de absoluto silencio, posan su atención en Harry y en mí.
—Diles, Stevens —Igor Poliakov habla, en un tono de voz divertido y triunfal—. Diles quién eres. Diles que estás aquí para jodernos la puta vida a todos y entregarnos a la policía.
Por un momento, nada sucede. Nadie se mueve, nadie parece siquiera respirar. Pero de pronto la voz ronca y pastosa de Harry lo llena todo.
—Dejen que e-ella se vaya.
Todo mi mundo se rompe en ese momento. Mi corazón se detiene durante un doloroso instante y el torrente de lágrimas que ni siquiera sabía que contenía se libera con toda su fuerza.
—¿Es eso una confesión? —La voz de Lasserre llega a mí, pero ni siquiera puedo mirarlo. No puedo hacer otra cosa más que hundir la cara en el hueco que hay entre el hombro y el rostro de Harry.
El silencio es la única respuesta del chico al que aferro con todas mis fuerzas.
—Jodido infierno… —Lasserre suelta y yo cierro los ojos mientras me dejo llevar por el pánico y el terror.
Un suspiro cargado de pesar resuena en toda la estancia y, de pronto, alguien ordena que nos arrodillemos. No lo hacemos. Ni Harry ni yo nos movemos de donde nos encontramos. En su lugar, Harry estira una mano en mi dirección y ahueca mi mejilla con mucho cuidado.
—Te amo, Maya. Lo siento mucho —susurra en voz tan baja que solo yo puedo escucharlo.
Niego, porque no tiene absolutamente nada de qué disculparse.
—Te amo, Harry. Lo siento mucho —susurro de vuelta.
El sonido de un arma siendo cargada lo invade todo y un gemido torturado y aterrorizado se me escapa luego de eso.
—Te amo, Maya —Harry susurra una y otra vez, pero yo no puedo responderle nada. No puedo hacer otra cosa más que sollozar porque este es el final. Porque todo ha acabado para nosotros y no es como me hubiese gustado que ocurriera…
De repente algo estalla. La madera cruje. Los gritos lo invaden todo y caigo al suelo con brusquedad.
«¿Qué demonios?». Mi cuerpo se estrella a toda velocidad contra la madera podrida debajo de mí y los disparos comienzan. Alguien empuja mi cabeza contra el suelo y lo hace con tanta fuerza que me hace daño y grito. Grito de terror. Grito porque no sé qué diablos pasa.
Hay luces por todos lados. Hay estallidos, gritos y caos en todo el lugar y no puedo moverme debido al peso que me inmoviliza en el suelo. De pronto, las luces lo invaden todo y no puedo hacer nada más que quedarme aquí, quieta, mientras el mundo se destruye a mi alrededor.
Alguien grita mi nombre, pero no puedo conectar los puntos en este momento de tan aturdida que me encuentro.
Entonces, el desastre disminuye un poco.
La presión que me mantenía pegada al suelo cede considerablemente y aprovecho ese instante para rodar sobre mi costado y despegar la cara de la madera.
Alguien balbucea mi nombre incesantemente en voz baja, pero yo no puedo dejar de pronunciar el nombre de Harry.
—Están bien. Ambos están bien —susurra una voz familiar, pero no le creo. Ni siquiera sé si estoy viva en este momento. Seguramente no es así…
Parpadeo un par de veces. Hay una silueta dibujada justo delante de mis ojos, pero no logro distinguirla de inmediato. Apenas si logro ver nada. Poco a poco, un rostro va tomando forma. La figura amorfa y oscura se aclara tanto que soy capaz de distinguir las familiares facciones de Jeremiah.
Abro la boca para decir algo, pero nada sale de ella. «¿Qué demonios está pasando aquí?». Entonces una carcajada aliviada e histérica se le escapa y noto cómo niega con la cabeza.
—¡Estás viva, Maya! —dice con un tono de voz que suena más allá de lo aliviado—: ¡Estás viva!