Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 41 #2
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Capítulo 41 #2

Inevitablemente, caigo sobre la tierra húmeda con tanta fuerza que tengo que estirar las manos para sostenerme en el suelo.

El aliento me falta, mi corazón late a toda velocidad y un sonido agudo se apodera de mi audición.

Mi visión se ha llenado de puntos oscuros y los árboles que se extienden delante de mí bailan al compás del mareo que se ha apoderado de mis sentidos.

Mis puños se cierran, mis dientes chocan entre sí y muerdo mi lengua en el proceso.

No grito. No dejo que un solo sonido se me escape, pese a que estoy a punto de desmayarme del dolor. Alguien habla con tono urgente en mi oído, pero no me doy cuenta de que se trata de Harry hasta que tira de mi brazo con brusquedad y lo coloca alrededor de sus hombros.

—Sostente, amor. Aguanta un poco. Por favor, solo un poco más… —Su voz es un sonido horrorizado y eso hace que me obligue a envolver mi otro brazo alrededor de su torso para aferrarme a su cuerpo por la espalda.

Harry se pone de pie en ese momento y aferra mis muslos con sus manos firmes antes de obligarme a envolverlos en sus caderas.

Otro grito de dolor se construye en mi garganta y esta vez muerdo el material de su chaqueta para reprimirlo.

Las lágrimas se vuelven un torrente intenso e incontenible.

El chico que me sostiene susurra una disculpa torturada y, momentos después, se echa a andar a toda velocidad en dirección a los árboles del bosque que se extiende frente a nosotros.

Ni siquiera se molesta en seguir el camino de tierra que indica la entrada a la choza; al contrario, se concentra en avanzar en paralelo al mismo para ir oculto entre los árboles.

Aprieta el paso. Sus zancadas largas golpean el suelo y me sacuden hasta los huesos.

Mi cuerpo entero lo resiente, pero pongo todo de mí para luchar contra el intenso escozor que me invade.

Pongo todo de mí para luchar contra las ganas que tengo de pedirle que vaya más despacio y trato de concentrarme en el sonido irregular de su respiración y en el aroma a jabón y loción que despide su cuerpo.

No deja de moverse. Mi chico de las cicatrices no deja de trotar junto al camino y no se detiene. Ni siquiera lo hace cuando mis brazos pierden fuerza y comienzo a resbalarme. De hecho, cuando eso ocurre empuja mi peso hacia arriba y continúa moviéndose.

Mis dedos helados se cierran en el material de su chaqueta e imprimo toda la fuerza que puedo para mantenerme consciente mientras Harry se abre paso a toda velocidad entre matorrales, árboles y ramas bajas.

De vez en cuando reduce la velocidad debido a los tropezones que provoca la tierra irregular debajo de nosotros, pero nunca se detiene por completo.

Nunca deja de trotar. No sé cuánto hemos avanzado, pero se siente como si llevásemos una eternidad dentro del bosque.

Se siente como si no tuviese fin. Como si no fuésemos a lograrlo…

—Mierda… —La voz de Harry llena mis oídos y, de pronto, dejamos de movernos.

—¿Qué pasa? —Mi voz apenas es audible.

Él no responde. Se limita a colocarnos detrás del tronco grueso de un árbol.

—¿Harry?

No dice nada. No hace otra cosa más que hacer un gesto de cabeza en dirección al camino. Entonces, me percato de las luces que lo iluminan todo. Unos instantes más tarde un vehículo pasa a toda velocidad en dirección a la carretera.

—Es Tyler —Harry susurra, con la voz enronquecida por las emociones—. Se ha dado cuenta de que no estás.

—Va hacia Jeremiah. —La alarma se enciende en mi sistema, pero Harry me dedica una negativa.

—Ha metido su coche entre una arbolada a unos metros de distancia de la carretera. No creo que Tyler sea capaz de verlo con esta iluminación —dice—. Será mejor que nos demos prisa.

Comienza a moverse de nuevo. Avanzamos por el bosque a una velocidad tortuosamente lenta. Harry no ha dicho nada, pero sé que ha empezado a cansarse, ya que su caminata ha reducido su paso de manera considerable. No ha dejado de moverse ni un solo momento, pero ya no lo hace como antes.

Yo, por otro lado, me siento cada vez más débil y aletargada.

No he querido decirle nada, pero creo que la herida ha empezado a sangrarme.

Hace un rato ya que el material de mis vaqueros ha comenzado a pegarse a la piel debido a la humedad en la zona y no puedo pensar en otra cosa más que en el hecho de que es probable que esté desangrándome ahora mismo.

Tengo mucho frío. Las puntas de mis dedos y de mi nariz se sienten heladas y un montón de escalofríos se han apoderado de mi cuerpo durante los últimos minutos. No sé cuánto tiempo voy a aguantar esto. No sé, siquiera, si voy a lograr llegar al siguiente pueblo. Estoy tan asustada…

«No quiero morir. No quiero morir. No. Quiero.

Morir». Un par de luces vuelven a iluminar el camino que se encuentra a pocos pasos de distancia de nosotros y Harry se detiene en seco antes de ocultarnos de nuevo detrás de un árbol.

Es Tyler y viene de regreso. Ha detenido su coche justo a la mitad del camino, con los faros encendidos para iluminar tanto como es posible.

La puerta del piloto se abre de golpe y Harry se acuclilla, de modo que los matorrales también logran cubrirnos otro poco. El movimiento brusco llena de puntos negros mi campo de visión.

—¡Sal de donde te encuentres, perra maldita! —Tyler grita a la nada y mi corazón se estruja con violencia—. ¡Sé que no estás lejos, hija de puta!

¡Tienes una puta herida de bala! ¡Voy a encontrarte! ¡Más te vale salir de dondequiera que te encuentres! ¡Si yo te localizo antes de que lo hagas, vas a pagarlo caro!

Un escalofrío de puro terror recorre mi espina dorsal, y siento cómo los hombros de Harry se tensan por completo con el sonido de su voz.

Todo se queda en silencio luego de eso. Incluso Harry y yo contenemos la respiración para no hacer ninguna especie de ruido.

El sonido de la hierba siendo aplastada por el peso de los pasos de Tyler lo inunda todo cuando su amenaza al aire termina y el nerviosismo me revuelve el estómago.

Está cerca.

—¿Tienes el arma? —Harry pregunta con un tono de voz apenas perceptible.

—Sí —respondo, igual de bajo que él.

—Bien —dice y, con cuidado, me deposita en el suelo sin apartar la vista del lugar donde supongo que está Tyler.

—¡Maya! —Tyler grita—. ¡Perra Bassi, sal de tu puto escondite! Los vellos de mi cuerpo se erizan debido al pánico.

—Estamos muy cerca de la carretera —Harry dice. Apenas mueve los labios para pronunciar las palabras—. A escasos dos minutos de caminata. Necesito que hagas un último esfuerzo y camines hasta allí.

Sus palabras se asientan en mi estómago como un puñado de piedras y apenas puedo respirar.

—No.

—Toma… —Saca el teléfono del bolsillo trasero de los vaqueros—. Llama a Jeremiah si sientes que no podrás lograrlo, ¿de acuerdo?

—No, no, no, no… —Aferro mis dedos a su chaqueta y él me dedica una mirada fugaz cargada de pánico—. ¿Qué vas a hacer? Por favor, no me dejes sola.

—No hay tiempo, Maya —dice y aferra mis dedos antes de depositar un beso rápido en el dorso de mi mano—.

Voy a distraerlo. Necesito que aproveches ese momento y te marches.

Dile a Jeremiah que te lleve a un hospital de inmediato y no dejes que, por ningún motivo, trate de venir a buscarme.

Necesito que se haga cargo de ti, ¿de acuerdo?

Recuérdale la promesa que me hizo. Recuérdale que dijo que cuidaría de ti si algo me pasaba.

—No. —El terror es palpable en el tono de mi voz—. Harry, no hagas esto. Ven conmigo. Por favor, ven conmigo…

—Te amo —dice, con apenas un hilo de voz, y las lágrimas aterrorizadas me abandonan.

—No te atrevas a dejarme de nuevo —suplico—. No te atrevas a irte una vez más. Ni siquiera pienses en volver a sacrificarte por mí.

—Eres el amor de mi vida, Maya Bassi.

—Harry, no te vayas. Estoy desangrándome, no me dejes aquí. No puedo hacer esto si no estás conmigo.

—Le agradezco a la vida el haberte puesto en mi camino, amor. —Ignora completamente lo que le digo—. Te amo tanto que estoy dispuesto a todo por ti.

—Deja de decir estas cosas, Harry. Deja de pensar en mí primero que en ti.

Márchate tú. Déjame aquí y vete. Por favor…

—Te prometí que no dejaría que ese idiota se acercara a ti de nuevo — dice, y la tristeza se filtra en su voz—. Trato de cumplir esa promesa.

—Harry, por favor… —suplico, pero él ya se ha liberado del agarre que ejercía sobre su ropa—. Harry, no.

—Te amo —susurra y me toma por la nuca para atraerme hacia él y besarme en la frente.

—Te amo —susurro de vuelta—. Por favor, no te vayas.

—No quiero hacer esto —susurra contra la piel de mi frente y las lágrimas se vuelven incontenibles—. Créeme que no quiero hacerlo, Maya, pero no hay otra forma. Lo único que espero es que puedas perdonarme algún día.

Aferro mis manos a su cuello.

—No me dejes… —suplico, pero ya ha comenzado a ponerse de pie. Ya se ha deshecho de mi débil agarre.

—Lo siento muchísimo, pequeña. Te amo —susurra y, sin darme tiempo de decir nada más, se echa a andar entre los árboles a toda velocidad.

Quiero gritar su nombre. Quiero llamarlo a gritos, pero sé que no debo hacerlo.

No cuando Tyler está tan cerca. No cuando eso podría significar que mi chico de las cicatrices termine con un tiro entre las cejas.

Es por eso que lloro. Lloro mientras lo veo alejarse entre los árboles.

Mientras escucho el ruido que hace a unos cuantos metros de distancia; y lloro un poco más cuando Tyler se echa a correr en esa dirección para encontrarle.