Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 38 #2
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Capítulo 38 #2

No dudo ni un instante cuando me escurro de su agarre y lo tomo por la muñeca para torcerla hacia su espalda en un ángulo doloroso.

Ni siquiera el escozor insoportable que ha estallado en mi pierna me detiene de tirar de su brazo con toda la fuerza de mi cuerpo.

Ni siquiera el pánico me paraliza ahora…

Un grito adolorido se escapa de los labios de Tyler y aprovecho ese momento para empujarlo hacia Nikolai antes de echarme a correr en dirección a la salida de la pequeña estancia. Una vez que estoy afuera azoto la puerta y me recargo contra ella para impedir que la abran.

Mi corazón late a toda velocidad cuando tomo el teléfono del bolsillo trasero de los pantalones. Me tiemblan las manos cuando desbloqueo el aparato y mi pecho se estruja cuando miro la cantidad de llamadas perdidas que tengo del número de Harry.

«¡Está buscándote! ¡Dios! ¡Está buscándote!».

Un golpe violento mueve la puerta de madera contra la que estoy recargada y ahogo un grito antes de usar mis piernas como palanca para empujarla una vez más. Ignoro el dolor. Ignoro el pánico. Ignoro la oleada de terror que no deja de amedrentarme y pulso la tecla de llamada.

Uno…

Dos…

Tres…

Cuatro timbrazos…

—¡¿Dónde estás?! —La voz de Harry suena angustiada, aliviada y aterrorizada al mismo tiempo, y es entonces que el llanto desesperado se apodera de mí.

Lágrimas pesadas y calientes se deslizan por mi cara y la histeria se instala en mi cuerpo cuando empiezo a hablar.

—¡Tyler está aquí! ¡Trata de llevarme! ¡Me dispararon en la pierna!

¡Mataron a Paula! ¡M-mataron a la psicóloga! ¡Y-y-yo…!

—¡¿Dónde estás?! —Me interrumpe. Suena agitado. Como si corriera—.

¡Dime dónde estás, amor!

Otro golpe estrepitoso a mis espaldas me hace chillar debido al pánico.

—¡Maya! —Harry grita en el auricular y cargo todo el peso de mi cuerpo contra la madera una vez más. Trato de buscar algo con que atrancar la puerta, pero no hay nada aquí—. ¡Joder, Maya! ¡¿Dónde diablos estás, amor?!

—¡En la sala de interrogatorio! —Mi voz suena tan ronca e inestable que ni siquiera parece mía—. ¡En el pasillo que da a la cabina de la sala! ¡No voy a poder contenerlos más! ¡N-no v-v…!

Mi cuerpo se dispara hacia adelante en ese momento y el teléfono sale despedido de entre mis dedos. El dolor en mi pierna es tan insoportable que grito. La angustia es tanta que lloro con aún más intensidad que antes.

Trato, desesperadamente, de arrastrarme lejos, pero el dolor repentino que estalla en mi costado me hace doblarme sobre mí misma. No puedo respirar. No puedo enfocar la vista. No puedo hacer otra cosa más que intentar inhalar un poco de aire.

—¡Elimínala de una puta vez! —grita la voz golpeada de Nikolai.

—¡De ninguna manera! —Tyler espeta—. ¿Es que no entiendes que, si la tenemos a ella, tenemos a Stevens?

Una mano grande se enreda en las hebras oscuras de mi cabello y tira de él con violencia. Un gemido se me escapa al instante.

—Vas a pagar caro todo esto, pequeña zorra —Tyler sisea contra mi oreja y entonces me golpea con la culata de su pistola justo en la sien.

Mi vista se llena de puntos negros y sé que voy a desmayarme. Voy a desfallecer aquí mismo.

—Tómala y vámonos de aquí. —Escucho la voz de Nikolai en la lejanía y siento cómo un brazo se instala entre mi cuerpo y el suelo y tira de mí hacia arriba.

Mis extremidades no responden. No hacen otra cosa más que caer lánguidas mientras soy levantada del suelo sin un ápice de delicadeza.

Mi campo de visión se vuelve borroso luego de eso y lucho contra la inconsciencia.

Lucho contra la pesadez, aunque sé que no voy a ganar.

Aunque sé que no voy a poder hacer nada para evitar que esta me venza…

Un estrepitoso sonido metálico me hace ser consciente de mí misma en cuestión de segundos. El aturdimiento, aunado a la oscuridad de todo el espacio, me hace sentir desorientada y errática.

La confusión se arraiga en mi sistema cuando trato de incorporarme, pero no puedo hacerlo.

No puedo hacer otra cosa que no sea intentar luchar contra lo que sea que ha sido enredado en mis extremidades.

El miedo forma una bola en mi estómago en el instante en el que me doy cuenta de que mis manos y mis piernas han sido inmovilizadas por completo.

Mi mandíbula se siente adolorida y, cuando trato de moverla, me percato de que hay algo entre mis dientes.

Poco a poco las piezas comienzan a encajar en mi cerebro, y el terror se hace presente en cada una de mis terminaciones nerviosas.

Los recuerdos acerca de Tyler siguiéndome a través del pasillo de la comisaría, así como los del cuerpo inerte de Paula y la doctora Ritchie, se instalan en mi cabeza a toda velocidad y, de pronto, me encuentro temblando de pies a cabeza.

No sé dónde demonios estoy. No sé qué diablos ha pasado, pero estoy horrorizada. Estoy asustada hasta el carajo…

Trato de rodar sobre mi estómago para quedar de espaldas y tener otra vista del panorama, pero ni siquiera consigo ponerme de costado, ya que mis hombros protestan y duelen como nunca.

Un sonido estrangulado se me escapa y la frustración se instala en mi sistema a toda velocidad.

Trato, con todas mis fuerzas, de deshacer las ataduras de mis muñecas, aunque no logro hacer otra cosa más que irritar la piel de la zona.

La sensación de déjà-vu que se arraiga en mis entrañas es tan intensa que me quedo sin aliento. He estado así antes. He estado inmovilizada antes y no ha sido nada agradable.

Una oleada de recuerdos se apodera de mi cerebro y lucho por mantenerlos a raya, pero es imposible. Es imposible porque la imagen de Alexis Rodríguez apuntándome con un arma es lo único que puedo ver en este momento.

El pánico hace que mi pecho escueza y un nudo se instala en mi garganta cuando pienso en Harry y en lo que va a ser capaz de hacer cuando se entere de que Tyler ha venido por mí.

Va a arriesgar su vida por salvarme. Va a hacer hasta lo imposible por liberarme y eso me aterroriza.

No estoy dispuesta a aceptar que siga sacrificándose por mí. Ya no más…

Un chirrido metálico invade mi audición y el lugar se ilumina ligeramente.

Sigue estando oscuro, pero un halo de luz blanquecina y débil se ha colado por una rendija larga en la pared metálica.

En ese momento me doy cuenta de que estoy en la parte trasera de una camioneta de carga.

La estructura de esta toma forma en mis ojos gracias a la débil iluminación, y el desconcierto aumenta otro poco.

Otro sonido metálico resuena en todo el lugar y entrecierro los ojos para ver más allá de las dos siluetas iluminadas que aparecen en mi campo de visión.

—¡Maya, cariño! —La irritante voz de Tyler Lawson llega a mí y muerdo la parte interna de mi mejilla para no gritar de la impotencia—. ¡Estás despierta!

—Deja de jugar, Lawson. —El acento golpeado de la otra silueta me hace saber que es Nikolai quien se encuentra a su lado—. Bájala de ahí. Y más te vale que lo que dices sea cierto. —Suena severo y reprobatorio—. Si salvamos a esta chiquilla por nada, Igor va a estar muy molesto.

—Deja de ser un dolor en el culo y ayúdame con ella —Tyler habla y, sin perder el tiempo, Nikolai se estira hacia dentro de la camioneta para enganchar sus manos a mis brazos y tirar de mi cuerpo con descuido.

El dolor que se apodera de mi pierna derecha es tan intenso que un sonido torturado se me escapa.

A él no parece importarle hacerme daño, ya que se limita a llevarme al filo de la puerta para afianzar su agarre y echarme sobre su hombro, como si mi cuerpo no fuese otra cosa más que un costal de patatas.

Un sonido, mitad grito, mitad gemido, brota de mis pulmones cuando una de sus manos me sostiene por los muslos.

—¡Dios! ¡Deja de quejarte! —Tyler exclama, con fastidio, pero yo no puedo hacer otra cosa más que replicarle con sonidos lastimosos al tiempo que Nikolai avanza conmigo a cuestas sobre el terreno irregular.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que la caminata termine, pero, a juzgar por la cantidad de hojas y pasto que hay en todos lados, puedo atreverme a decir que estamos en una especie de bosque; sin embargo, no estoy muy segura de ello.

—Por aquí —Tyler habla en dirección a Nikolai, quien sube una pequeña escalinata de madera antes de que nos adentremos en una especie de cabaña.

Al menos, es lo que creo que alcanzo a distinguir dentro de mi limitado campo óptico.

—¿Dónde quieres que la deje? —Nikolai habla, al cabo de unos instantes.

—Ahí —dice Tyler y, sin previo aviso, soy depositada en el suelo de manera violenta.

Otro grito se me escapa en ese momento y, por una dolorosa fracción de segundo, creo que voy a desmayarme de nuevo.

Mi cuerpo entero tiembla de dolor y una fina capa de sudor frío me cubre por completo, pero me las arreglo para abrir los ojos y toparme de frente con la vista de Tyler, acuclillado frente a mí. Un grito amenaza con abandonarme.

—Voy a disfrutar mucho esto —dice con una sonrisa cruel dibujada en la cara—. ¿Qué debería mandarle a Harry primero? ¿Una fotografía? ¿O quizás un dedo?

Su mano se estira para tocarme la cara, pero me aparto con rapidez para impedir que me toque.

—Deja de jugar, Tyler —Nikolai habla a sus espaldas—. Si vas a chantajear a Stevens será mejor que lo hagas rápido. Ese tipo tiene que ser nuestro antes de que acabe la semana, así que haz lo que tengas que hacer.

La vista del hombre frente a mí no me abandona ni un instante.

—No te preocupes, Nikolai. Planeo empezar ahora mismo. —Su sonrisa se ensancha y, acto seguido, una bofetada es atestada en mi rostro.

Una carcajada histérica se le escapa y yo ahogo un gemido torturado.

—Lo lamento, Maya —dice, extasiado—, pero tenemos que hacerte lucir miserable para tu novio.