Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

Mis ojos se cierran con fuerza y la angustia repentina que me invade me provoca un vacío en el estómago.

No puedo permitir que Hayley pase más tiempo con ese hijo de puta.

Voy a recuperarla hoy mismo; así tenga que ir a buscar a Tyler Lawson yo misma.

Así tenga que venderle mi alma al diablo.

Tengo que hacerlo. Tengo que traer a Hayley de regreso.

Bajo de la cama a toda velocidad y rebusco mis zapatos en la habitación. Cuando recuerdo que los dejé en la sala del apartamento me precipito fuera de la estancia para tomarlos. Una vez ahí, me siento sobre uno de los sillones para ponérmelos. Es entonces cuando lo noto…

El teléfono de Harry está ahí, al alcance de mi mano, y eso solo hace que la resolución se asiente en mis huesos.

«Podría encontrar tantas cosas en él. Si tan solo pudiese tomarlo y enviarle un mensaje de texto a su amigo Tom, podría conseguir el contacto de Tyler…». La idea es vaga en mi cabeza, pero la tentación es inmensa. Es poderosa y me susurra al oído.

Mi mano se estira hacia el teléfono y lo tomo antes de presionar la tecla de bloqueo. El teclado numérico me recibe, a la espera de que ingrese la clave para poder utilizarlo, y mi pecho se hunde porque sé que no voy a poder buscar lo que deseo.

«Deberías llevarte el teléfono», susurra una voz dentro de mi cabeza. «Si Tyler llama tú podrías responder y ofrecerle algo a cambio de la niña».

Tan pronto como el pensamiento me asalta, lo desecho. Nunca he tomado nada que no sea mío y esta no va a ser la primera vez que lo haga. Además, ¿qué podría tener yo que Tyler pudiera querer?

Dejo el aparato en el lugar donde lo encontré y me apresuro a ponerme los zapatos antes de ponerme de pie, lista para buscar mis cosas.

Necesito encontrar a Jeremiah. Él debe de tener amigos que sepan dónde puedo buscar a la gente que trabaja para Tyler. Debo hallar el modo de hablar con ese tipo a como dé lugar.

Así pues, tomo mi viejo bolso —el cual se encuentra sobre el sofá individual— y me apresuro hasta la entrada a toda marcha.

—¿Te vas? —La voz ronca y arrastrada a mis espaldas me hace pegar un salto de la impresión.

Mi cuerpo entero se gira sobre su eje en ese momento y lucho con todas mis fuerzas para reprimir el grito que amenaza con salir de mi garganta.

—¡Dios mío! ¡No vuelvas a asustarme así! —medio chillo. Se siente como si mi corazón estuviese a punto de estallar de la impresión.

—Lo siento —Harry habla, pero puedo notar cómo reprime una sonrisa. A pesar de eso, se obliga a continuar—: Te preguntaba si ya te ibas, porque yo también estoy a poco de marcharme. Si esperas a que tome una ducha puedo llevarte a donde sea que necesites ir.

No es hasta que dice esto que noto su casi nula vestimenta.

Su torso está completamente desnudo y sudado.

A decir verdad, todo él luce como si acabase de meterse en una regadera.

Su rostro enrojecido por el esfuerzo físico, sumado a la fina capa de sudor que cubre su frente, así como la tensión de todos los músculos de su cuerpo, me hace saber que ha estado ejercitándose.

No puedo evitar mirarlo más de lo que debería.

Hay líneas duras y tensas que no estaban ahí cuando lo conocí, y una tinta nueva le tiñe los brazos y el pecho.

Su cabello largo está amarrado en un moño a la altura de la nuca y lleva un short que le llega a las rodillas, dejando a la vista sus pantorrillas fuertes.

Cuando mis ojos se alzan hasta su rostro una vez más, soy capaz de notar cómo una de sus cejas se arquea ligeramente en un gesto divertido. Es todo lo que necesito para saber que ha notado la inspección exhaustiva que hice a su anatomía.

Siento cómo el calor sube por mi cuello hasta calentarme las mejillas.

—Estoy bien. —Me las arreglo para decir, luego de aclararme la garganta—. Puedo ir por mi cuenta.

—Es mi deber insistir cuando sé que hay un maníaco en las calles siguiéndote —dice—. No me toma más de cinco minutos la ducha, y a ti no te cuesta nada esperar por mí. Ibas a esperar en la calle por un taxi o autobús, ¿no es así? Espera por mí unos minutos, entonces.

Muerdo la parte interna de mi mejilla para evitar decir que prefiero esperar por un taxi a esperar por él, y asiento, no muy conforme de su petición, antes de acomodarme en el sillón más cercano a mí.

Harry luce satisfecho cuando lo hago.

—No tardaré —promete y, luego, desaparece en dirección al baño.

Me quedo aquí, sentada, con la vista fija en la nada y la bola de angustia incrementando de tamaño en mi estómago. Pierdo demasiado tiempo. Tengo que hacer algo para recuperar a Hayley ya o voy a perder la cabeza.

Estoy tan ansiosa en este momento que, sin saber muy bien qué hacer, tomo mi teléfono celular y lo desbloqueo antes de pasear por las aplicaciones y los mensajes de texto que he enviado a mis distintas amistades. Cuando encuentro mi conversación con Jeremiah, tecleo:

«Necesito verte. ¿Estás en la universidad?»

Pocos minutos después, recibo:

«Estoy en clase. ¿Qué ocurre? ¿Está todo bien?»

Un suspiro entrecortado brota de mis labios y siento cómo la angustia incrementa otro poco. No quiero decirle lo ocurrido en un mensaje, así que decido que lo haré cuando lo tenga frente a mí. Escribo:

«Es complicado. Necesito verte. ¿Estarás en el campus dentro de una hora?»

Segundos después leo su respuesta:

«Claro. Yo también tengo cosas que contarte».

Rápidamente tipeo:

«¿Emma?»

Esta vez me toma unos instantes más recibir:

«Emma»

Luego de eso, le envío:

«¿Hablamos cuando esté allá?»

Jeremiah responde:

«Sí. Te espero, entonces».

Luego de eso, la conversación termina.

Miro el reloj una vez más, solo para comprobar que Harry lleva casi diez minutos en la regadera. Comienzo a impacientarme. Necesito marcharme ya o voy a enloquecer.

«No puedes seguir perdiendo el tiempo», susurra la insidiosa voz de mi cabeza. «Vete ya».

Dudo. No quiero irme así, sin decir nada, pero tampoco puedo soportar un segundo más sentada en este lugar. Necesito hacer algo. Necesito sentir que estoy haciendo algo de provecho o voy a sufrir un colapso nervioso.

«¡A la mierda!».

Estoy a punto de ponerme de pie para irme cuando una melodía desconocida invade la estancia.

Me toma unos instantes descubrir que es el teléfono de Harry el que suena y, sin pensarlo demasiado, lo tomo entre los dedos.

Las palabras «Número Privado» brillan en la pantalla y sé, desde lo más profundo de mi ser, que es Tyler. Tiene que serlo…

Una parte de mí no deja de gritar que no debo de responder un teléfono que no es mío; pero, pese a todas las alarmas que suenan en mi interior, lo hago. Lo hago porque estoy desesperada. Porque, ahora mismo, lo único que quiero es que toda esta pesadilla termine.

—¿Diga? —pronuncio, con un hilo de voz.

El silencio del otro lado de la línea dura solo unos segundos.

—¿Maya Bassi? —La voz pastosa y áspera del otro lado de la línea envía un escalofrío por mi espina dorsal.

Ese tono de voz. Esa forma de pronunciar mi nombre…

Es él. Es Tyler Lawson—. ¡Esto se pone cada vez mejor!

—La carcajada que evocan sus labios me hace querer colgarle el teléfono—. ¿Dónde demonios está Stevens?

—Quiero a la niña de vuelta. —Mi voz sale en un susurro ronco y profundo—. Te daré lo que necesites, pero, por favor, devuélvemela.

—¿Qué puede darme alguien como tú que yo no tenga? —Se burla—. Déjate de estupideces y pon a Stevens al teléfono.

—Él no está aquí ahora —digo, porque es cierto.

—Bien. Entonces llamaré luego.

—¡Espera! —suelto, demasiado ansiosa—. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué necesitas? Por favor, haré cualquier cosa. Lo que sea con tal de que la devuelvas. Por favor…

El silencio del otro lado de la línea me hace saber que lo está considerando.

—Ahora que lo pienso, creo que hay algo que puedes hacer por mí… —Su voz suena melosa y satisfecha y, de pronto, el miedo se arraiga en mis venas.

—Lo que sea. Pídeme lo que sea —digo, a pesar del terror. Sueno desesperada y ansiosa.

—Entrégame a Stevens —dice, y toda la sangre se me agolpa en los pies.

—¿Qué?

—Lo que oíste. Entrégamelo en bandeja de plata. —Su voz es casi un ronroneo—. ¡Mejor aún! ¡Entrégaselo a la policía! Tendámosle una trampa. Ayúdame a encerrarlo tras las rejas el resto de su vida y te entrego a la mocosa.

—Estás loco. No voy a hacerle eso. —Niego con la cabeza, pero la insidiosa voz de mi cabeza me susurra que lo haga. Que Harry debe obtener su merecido y que Hayley no merece lo que le está pasando—. No puedo.

—Ni siquiera tiene que enterarse de que tú lo hiciste —dice, en tono persuasivo—. Piénsalo: lo cito en algún lugar, tú llamas a la policía y les dices dónde estaremos; yo me encargo de dejar evidencia de lo que hace y, cuando llegue la policía, lo dejo hundirse y me marcho.

—¿Has visto mis botas, Maya? —La voz de Harry llega desde el corredor y un disparo de adrenalina me invade el cuerpo.

«¡Mierda, mierda, mierda!».

La carcajada del otro lado de la línea me hace saber que Tyler lo ha escuchado todo.

—Piénsalo —dice luego de eso—. Enviaré a alguien a buscarte más tarde.

Espero que tengas una respuesta para entonces.

Acto seguido finaliza la llamada.