Capítulo 17 #2
—No tengo nada que perdonarte, Harry —susurro, y me sorprende la tranquilidad de mi voz.
—No sé si sentirme aliviado o preocupado por eso… Una sonrisa real se apodera de mis labios.
—¿Harry?
—¿Sí?
—Cállate.
Es su turno de reír un poco.
—Son casi las tres de la mañana —dice, en un murmullo, después de superar la pequeña risa—. Debemos dormir un poco.
Un suspiro brota de mis labios, pero sé que tiene razón.
—No voy a poder hacerlo.
—Debes intentarlo, Maya. Va a hacerte daño no descansar lo suficiente — me reprime, pero no suena tan severo como debería.
—Ya voy, papá —me quejo, y escucho cómo ríe una vez más.
Acto seguido se incorpora con pesadez y estira su brazo hacia mí.
Me toma unos segundos registrar que desea que tome su mano para ayudarme a levantarme.
Nuestros dedos se entrelazan durante unos instantes antes de que tire de mí hacia arriba.
Mi mano libre aferra la cobija que me cubría hasta hace unos segundos mientras él guía nuestro camino hacia el corredor estrecho que lleva a su habitación.
Es más pequeña que la que solía tener en su antiguo apartamento, pero es igual de acogedora.
El aroma de su perfume está impregnado en todo el espacio y me siento embriagada e hipnotizada por eso.
La cama individual está acomodada en una esquina junto a la ventana, la cual está cubierta por un par de pesadas cortinas oscuras.
Hay un escritorio ordenado del otro lado de la estancia y una cajonera alta está acomodada junto a él.
La habitación entera está alfombrada y, sin poder detenerme, encojo los dedos de mis pies para sentir el suave material que lo cubre todo.
—El baño está al final del pasillo —dice mientras se encamina hacia la cajonera para tomar una playera y unos pantalones de chándal.
Ni siquiera se molesta en encender la luz para elegir su ropa—.
Siéntete libre de tomar lo que te plazca para dormir —dice haciendo un gesto de cabeza en dirección a la cajonera—.
No me molesta en lo absoluto si quieres dormir con algo más cómodo.
—Gracias… —murmuro, y me las arreglo para esbozar una sonrisa vacilante. La sola idea de imaginarme usando ropa de Harry para dormir hace que el calor se apodere de mis mejillas.
Harry, por otro lado, ni siquiera parece notar el cambio repentino de mi humor. Se limita a avanzar hacia la entrada con pereza y lentitud.
—Buenas noches, Maya —dice y me dedica una sonrisa rápida.
—Buenas noches, Harry. —Trato de sonar tranquila cuando hablo, pero hay un destello de emoción en mi voz.
Harry sale de la habitación mientras tira de la manija de la puerta para cerrarla detrás de él, pero esta se atasca con algo en el suelo.
—Maldición… —masculla, y miro hacia el piso para encontrar el motivo por el cual la madera ha detenido su curso.
Un trozo de alfombra levantada en una de las esquinas impide que la puerta cierre del todo. Como acto reflejo, me apresuro para acuclillarme e intentar acomodarlo. Forcejeo con el trozo grueso del material, al tiempo que Harry lucha contra las bisagras atascadas.
Una palabrota cargada de frustración escapa de sus labios y se agacha conmigo para intentar remover el trozo de alfombra. Finalmente, y con un poco de fuerza bruta, Harry logra deshacer el enredo en el suelo. Ambos estamos arrodillados para ese momento.
—Es la tercera vez esta semana que me pasa —dice, con irritación—. Debo arreglarlo o va a volverme loco. ¿Tienes una idea de con qué mierda se pega una alfombra en…? —En ese momento alza la vista para encararme y se detiene abruptamente a mitad de su pregunta.
Todo su cuerpo se tensa de un momento a otro y mi corazón se salta un latido en el instante en el que me percato de nuestra cercanía.
Mi cara está ligeramente echada hacia atrás para poder mirarlo a los ojos, y el aroma a desodorante y perfume que emana de su ropa me invade los sentidos.
Estoy abrumada y confundida por el espacio tan diminuto que hay entre nuestros cuerpos y así, sin más, el único pensamiento que me llena la mente es la forma en la que sus labios se miran desde donde me encuentro.
Los ojos de Harry lucen casi negros gracias a la oscuridad de la habitación, pero eso no impide que perciba la intensidad con la que me observa. Tampoco impide que note la forma en la que su atención se posa en mi boca durante un doloroso instante.
Como acto reflejo a su escrutinio, mi lengua moja mis labios.
—Oh, mierda… —murmura, y el tono de su voz es ronco, salvaje y suplicante—. Por favor, pídeme que me detenga.
Yo no respondo. No soy capaz de decir nada. Solo me quedo aquí, mirando el anhelo en su mirada y lo mullido de sus labios.
—Maya…
—No quiero que lo hagas. —Lo interrumpo en un susurro y mi voz suena más valiente y decidida que nunca—. No quiero que te detengas.
Entonces, sucede…
Un sonido ronco brota de su garganta cuando sus manos ahuecan mi rostro. Su cuerpo se inclina hacia mí otro poco y su aroma me golpea de lleno. Mi corazón late tan fuerte que temo que sea capaz de escucharlo; a pesar de eso, no se detiene. No vacila. No duda. Simplemente, me besa.
Sus labios son suaves y mullidos contra los míos, y me saca de balance la suavidad de su toque.
No es un beso feroz, ni salvaje o desesperado.
Tampoco es un beso inocente, pero, en definitiva, no es un contacto arrebatado.
Sus labios se mueven al compás de los míos con lentitud mientras su lengua busca las caricias de la mía con suavidad.
La profundidad del beso se construye poco a poco, pero no aumenta su velocidad.
Me besa como si tuviese todo el tiempo del mundo para hacerlo.
Como si no hubiese nada más importante que colmar mis labios de su esencia y su sabor.
Como si tuviese la plena intención de explorar cada rincón de mi boca con sus labios y lengua.
Estoy temblando. Estoy hecha una masa de sensaciones inconexas. Estoy aferrándome a su cintura mientras él saquea mi boca con su beso perezoso.
Cuando nos separamos, lo único que soy capaz de hacer es aferrar mis manos a sus muñecas; no para apartarlo, sino para mantenerlo ahí para mí. La frente de Harry se ha unido a la mía y nuestras respiraciones se mezclan. Ambos tratamos de recuperar el aliento.
—Muero por besarte de nuevo… —susurra, pero suena más como una petición que como otra cosa.
Yo, sin darle tiempo a la razón de arruinar este momento, planto mis labios contra los suyos una vez más.
Sé que es probable que me arrepienta de esto.
Sé que voy a querer golpearme contra algo el día de mañana, pero hoy no importa.
Hoy lo único que quiero es aferrarme a este vestigio del chico del que solía estar locamente enamorada.
Lo único que deseo ahora mismo es fundirme en los brazos de este hombre que tantos sentimientos despierta en mí.
Ese que, en el fondo, pareciera ser el mismo que se marchó hace más de un año, y no este tipo duro en el que dice que se ha convertido.