Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

Cuando termino de curarlo e inspeccionar la gravedad de sus heridas me dispongo a poner el material de curación en su lugar. Harry no ha dejado de mirarme ni un solo momento.

—Eres la mujer más generosa que he conocido en mi vida… —susurra, y el tono tímido en su voz hace que me detenga en seco.

Odio que me haga estas cosas. Odio que sea capaz de provocar un mar de emociones en mí con solo unas cuantas palabras.

—Hace unos días no pensabas eso —mascullo, en un intento de aligerar un poco la pesadez que hay en el ambiente, pero sueno molesta y resentida—. Creí que me considerabas un estorbo.

—Maya, yo siempre te he admirado —la honestidad con la que habla me saca de balance.

Casi suena como el Harry al que yo conocí—.

Admiro tanto tu capacidad de perdonar, de sanar y de salir adelante…

Si supieras cuántas veces intenté dejar atrás toda mi mierda y cuántas veces fracasé.

—Una pequeña risa amarga lo asalta y niega con la cabeza—.

Me encantaría ser más como tú y menos como la persona que soy ahora.

Eres la mujer más valiente que he tenido la dicha de conocer, ¿lo sabías?

—Detente… —susurro, porque sus palabras me hieren. Porque se siente como si realmente le importara.

—¿Por qué he de detenerme? —Hay frustración en su tono—. Maya, eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida. —Su voz se ha enronquecido varios tonos—. Eres la única persona en el mundo que ha sido capaz de hacerme sentir bien conmigo mismo y…

—Harry, basta. —Sueno suplicante, torturada.

—Maya, si tú supieras cuánto me ha costado arrancarte de mi cabeza…

—Estás con alguien —lo interrumpo. La desesperación y la ansiedad se filtran en el tono de mi voz—. No tienes derecho a decirme nada de esto si estás con alguien.

—No estoy con nadie. —La frustración se filtra en sus facciones—. No estoy con nadie. No he podido estar con nadie después de ti.

—Ah, ¿no? ¿Entonces, de quién hablabas hace un rato? —Sé que no debería estar recriminándole esto, pero no puedo detenerme—. Tú mencionaste a alguien. No lo niegues ahora.

Harry desvía la mirada, pero no dice nada. No pronuncia ni una sola palabra y su silencio solo consigue alterarme un poco más.

—Ella está enamorada de mí… —dice, tras un largo silencio. Espero a que continúe hablando, pero no lo hace.

A estas alturas, lo único que deseo es que tenga el valor de decirme a la cara que él también está enamorado, pero al mismo tiempo quiero que me diga que no ha sido capaz de arrancarme de su vida por completo, porque está claro para mí que yo no he sido capaz de hacerlo.

Sus ojos se posan en mí y noto cómo el desasosiego se apodera de sus facciones.

—Me encantaría amarla, ¿sabes? —susurra—.

Me encantaría tener la capacidad de corresponder sus sentimientos.

De quererla con toda mi alma y de ser capaz de matar a alguien solo para protegerla…

—Sus palabras queman y hieren como nunca nada lo ha hecho—.

Pero no puedo. No puedo sentir por ella lo que sentí por ti. Lo que siento por ti…

—Cállate. —La palabra sale de mi boca en un susurro ronco y entrecortado. El nudo en mi garganta es intenso ahora.

—No, Maya. —Suena miserable—. No voy a callarme.

Esto era lo que querías, ¿no es así? Entonces, escúchalo: Me encantaría poder sentir por ella la mitad de lo que siento por ti cuando te veo.

Me encantaría poder ofrecerle más que solo las migajas de un amor que no le pertenece.

De un amor que le pertenece a alguien más. Que te…

—¡Cállate ya! —Apenas puedo hablar. No puedo seguir escuchando. No quiero. Me lastima.

—Me encantaría poder dejar de preocuparme por ti y poder seguir adelante. Me encantaría no tener que fingir que no me importas, para así… — me interrumpe.

—¡No tienes derecho alguno a hacerme esto! —chillo, al tiempo que un par de lágrimas traicioneras se deslizan por mis mejillas—. ¡Cállate! ¡Cállate!

¡Cállate ahora mismo!

—Maya… —dice Harry, tras un largo momento—, te amé tanto que me arruiné a mí mismo. Estoy arruinado. Me has arruinado y te detesto. Te detesto porque lo único que deseo hacer ahora mismo es abrazarte…

Las lágrimas no cesan. El temblor de mi cuerpo es incontrolable y se siente como si estuviese a punto de quebrarme en fragmentos diminutos.

—¿Qué pretendes con todo esto, Harry?, ¿qué demonios quieres de mí?

, por favor, dímelo, no lo entiendo. —Las palabras salen de mi boca en un susurro tembloroso debido a las lágrimas—.

Primero vienes y dices que estás harto de mí; que te fuiste porque no soportabas la idea de seguir viendo por mi bienestar; y, de pronto, desapareces, vuelves y dices que vas a cuidar de mí así sea lo último que hagas, para después venir, borracho, a pedirme que te entregue a la policía.

—Niego con la cabeza y el nudo en mi garganta se aprieta—.

Todo esto sin mencionar que ahora dices que no has podido olvidarme.

—Hago una pequeña pausa—. No puedes pretender que corra a tus brazos después de que te fueras sin decir nada.

No puedes esperar que acepte lo que eres ahora, porque no eres ni la mitad de lo que fuiste cuando me enamoré de ti. Eres un completo extraño para mí.

Su mirada torturada se clava en mí y la tensión en su rostro me estruja las entrañas.

—Dijiste que me amarías aun si me convertía en un monstruo.

—Dijiste que nunca te irías. —La amargura en mi voz se siente cruel y errónea—. Las promesas se rompen, Harry. Tú mejor que nadie deberías saberlo.

El silencio que sigue a mis palabras es tenso y pesado. Solo el sonido de mi respiración dificultosa irrumpe la quietud de la habitación.

—No pretendo que me aceptes de vuelta —Harry susurra, con la voz enronquecida por las emociones—. Ni siquiera pretendo que seamos amigos. Lo único que quiero es que me permitas cuidar de ti. Déjame mantener lejos a todo aquel que esté dispuesto a dañarte.

—Y después, ¿qué?

—Después me iré de tu vida para siempre. No volveré a molestarte —dice—. Y sé que no crees más en mi palabra, pero es lo único que tengo en este momento. Es lo único que puedo darte ahora mismo.

—¿Es una promesa? —susurro, pero todo dentro de mí se siente frágil y quebradizo.

—Es una promesa, Maya —dice él, con determinación.

—Bien.

Él me regala una sonrisa tensa, pero no dice nada más. La sensación de pérdida y desasosiego es tan grande e intensa ahora que apenas puedo lidiar con ella.

No se supone que deba sentirse de este modo. No se supone que deba doler tanto. No después de todo este tiempo. No cuando esto era lo que yo quería…

Mis párpados se aprietan juntos y tomo una inspiración profunda mientras trato de recomponerme. Harry no dice ni una sola palabra. Se limita a quedarse ahí, quieto, sin hacer o decir nada.

—¿Quieres que te pida un taxi? —digo cuando, finalmente, encuentro el valor para encararlo.

Él niega con la cabeza.

—¿Te molesta si duermo en tu sofá? —Una profunda tristeza se apodera de su mirada y el hundimiento me llena el cuerpo una vez más.

Yo niego con la cabeza y me apresuro a poner distancia entre nosotros.

—Iré por un par de cobertores —mascullo—. Ahora regreso.

—Si necesitas algo, solo llámame —digo, al tiempo que lo ayudo a recostarse en el sillón—. ¿Estás seguro de que no quieres ir a un hospital?

Harry hace una mueca de dolor mientras trata de encontrar la posición más cómoda en el reducido espacio.

—No pasa nada. Estoy bien —dice, con los dientes apretados por el esfuerzo que supone para él moverse en el estado en el que se encuentra.

—No luces bien —observo, y el filo preocupado de mi voz hace que una pequeña sonrisa se dibuje en sus labios.

—Sí, bueno. Gracias.

Una sonrisa se desliza en mis labios sin que pueda evitarlo.

—Sabes a qué me refiero —mascullo, avergonzada.

—Estoy bien, Maya —asegura, y me dedica una media sonrisa torcida. De pronto, su mano se estira en mi dirección y coloca un mechón de cabello detrás de mi oreja.

El acto hace que me percate de la situación en la que nos encontramos en este momento: él está recostado en el sillón, con la cabeza apoyada en uno de los cojines, mientras que yo me encuentro sentada en una orilla del sofá, con el torso inclinado hacia él y el rostro a poca distancia del suyo.

Si quisiera, podría acercarme un poco y probar sus labios. Si quisiera, podría apoyar mi peso sobre su pecho y abrazarlo.

—Eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida, ¿sabías eso? —susurra, con un hilo de voz.

—Estás borracho —digo, porque no sé qué otra cosa decir ante tal declaración.

—¿Has oído eso de que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad?

Bueno, pues yo soy un niño borracho. Soy doblemente honesto.

Una pequeña risa escapa de mis labios y niego con la cabeza, al tiempo que muerdo mi labio inferior para reprimir una carcajada.

—Duerme ya —susurro, mientras me aparto para marcharme.

Sus dedos cálidos se envuelven alrededor de mi muñeca y me congelo en el instante en el que el toque se desliza hasta que mi mano queda entrelazada con la suya.

Mi cuerpo entero parece reaccionar, ya que todas mis terminaciones nerviosas se sienten alertas y receptivas. No puedo creer que hace apenas unos minutos le hice prometerme que iba a dejarme en paz cuando todo esto terminara y que ahora esté aquí, absorbiendo su toque con desesperación.

«¿Qué demonios está mal conmigo?». Mis ojos se cierran con fuerza y me obligo a poner toda mi concentración en ese punto donde nuestros cuerpos se unen.

—Gracias por todo, Maya —susurra y aprieta mis dedos antes de soltarlos.

Mi vista se posa en su dirección y el brillo en su mirada me estremece por completo.

—Gracias a ti. Por absolutamente todo.

Una sonrisa se apodera de sus labios y yo correspondo su gesto fácil y despreocupado.

—Buenas noches, Harry —digo, porque no sé qué otra cosa hacer.

—Buenas noches, Maya —dice y, luego, me encamino hacia mi habitación.