Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 5 #2
10%

Capítulo 5 #2

—Lo hiciste. Me mentiste. Dijiste que te entregarías a la policía. Dijiste que… —No puedo continuar. No puedo seguir hablando. Si lo hago, va a notar que el nudo de emociones que tengo atravesado en la tráquea está haciendo estragos en mí.

La vista de Harry se posa fugazmente en mí y, de pronto, luce indeciso e inseguro. Como si mi pregunta fuese la más difícil del mundo. Como si no tuviese las palabras correctas para expresar eso que desea decir.

En ese momento, cientos de emociones surcan las líneas duras de su rostro, pero desaparecen tan rápido que no puedo distinguir una de la otra.

—¿Quieres saber por qué te mentí? —dice con la voz enronquecida, y casi me atrevo a jurar que hay un brillo triste en su mirada, antes de que clave la vista en el camino una vez más—.

Bien. —Asiente—. Me fui porque no soportaba la idea de estar un minuto más contigo.

Me largué porque estaba cansado de tener que cuidar de ti todo el tiempo.

Me marché porque, como siempre te dije, no hay algo así como «Harry» y «Bestia».

Soy ambos. Soy Harry y soy Bestia, y tú no podías entenderlo.

No querías aceptar que hay algo muy malo en mí.

—Su mirada se clava en la mía cuando se detiene en un semáforo—.

Me marché porque estaba tratando de ser alguien que no era por ti.

Porque mi vida se convirtió en un infierno desde el día en el que tú apareciste en ella y me hiciste creer que podía ser otra persona.

Alguien con un ápice de bondad en el alma.

Estaba jodido, Maya. Aún lo estoy. Pero, en ese entonces, era tan desdichado que ya no podía más. Era insoportable.

Algo se ha roto dentro de mí. Algo se ha quebrado en fragmentos diminutos. Mi pecho arde y quema con el torrente de emociones que me recorre de pies a cabeza y me cuesta respirar.

Enojo, frustración, decepción, tristeza… Todo se mezcla y estalla en pequeñas y dolorosas dosis. El nudo en mi garganta es tan intenso que duele y escuece hasta mi pecho, y las lágrimas que me inundan los ojos me nublan la visión.

—¿Por qué no solo dijiste la verdad? —suelto, en un susurro enojado e inestable.

—Porque te amaba… Te amaba lo suficiente como para no querer lastimarte. Lo suficiente como para no tener el valor de decirte todo esto a la cara.

Mis puños se aprietan con tanta fuerza que mis uñas se entierran en la carne blanda de mis palmas, pero me obligo a mantener la expresión en blanco en todo momento.

Quiero llorar. Quiero gritar de la frustración. Quiero decirle que hubiese preferido que me lastimara de ese modo, porque así no habría pasado tanto tiempo llorando su ausencia. Anhelando su compañía. Así no me habría torturado de la forma en la que lo hice… Y habría sido más fácil odiarlo.

—Creí que te habías entregado. —Mi voz está a punto de quebrarse, pero no me importa—.

De verdad pensé que lo estabas pasado muy mal.

Tu madre cree que estás encerrado en una prisión de alta seguridad, porque no pude mantener la mentira durante mucho tiempo —niego con la cabeza—.

No tienes una idea del infierno que fue intentar mantenerla a flote cuando lo único que yo hacía era hundirme.

—Las palabras salen a borbotones de mis labios, y suenan cada vez más temblorosas e inestables.

El insoportable dolor en la parte posterior de mi garganta apenas me permite hablar, pero no me detengo—: Ella no se merecía esto.

Ha sufrido demasiado con su enfermedad; y, a pesar de eso, nunca dejó de preocuparse por ti.

Aún le preocupas. —Hago una pequeña pausa para recomponerme—.

No debiste irte sin ella. No cuando lo único que quería era pasar su tiempo a tu lado.

—Ella está mejor sin mí en su vida. —Su voz suena tan ronca que casi no puedo reconocerla; y, no me atrevo a apostar, pero suena irritado y molesto—. Merece quedarse con la idea de que su hijo hizo algo bien por una maldita vez en su existencia.

Un par de lágrimas traicioneras se deslizan por mis mejillas y las seco con rapidez con el dorso de mi mano. No debo llorar. No por él. Nunca más por este hombre que dice ser el chico del que me enamoré.

—Lo único que espero, Harry —digo, una vez que he recuperado el control de mi voz—, es que nunca te arrepientas de las decisiones que has tomado.

—Yo también lo espero… —El filo ansioso y desesperado que se filtra en su tono hace que casi sienta lástima por él, pero no se lo hago notar.

Me limito a dedicarle una mirada cargada de enojo antes de clavar mis ojos en la ventana una vez más.

El resto del trayecto al edificio donde vivo es silencioso y tenso.

Una vez que estamos ahí, Harry me pide que beba mucha agua y murmura algo acerca de lo agradable que fue verme. Sé que lo dice solo por compromiso, así que, por compromiso, le digo que también fue lindo verlo de nuevo.

—¿Maya? —Su voz me detiene justo cuando estoy a punto de cerrar la puerta de su vehículo.

—¿Sí?

—Por favor, no te metas en problemas. —El destello preocupado en su mirada me lastima sobremanera. Me lastima porque luce como el antiguo Harry; ese que procuraba cuidarme todo el tiempo. Ese que quería protegerme de todo.

Un asentimiento brusco es lo único que logro hacer para darle una respuesta, ya que la quemazón en mi garganta es tan grande que no puedo hablar. Solo puedo cerrar la puerta del copiloto y echarme a andar hacia la entrada del edificio sin mirar atrás.

Una vez pasada la recepción comienzo a subir las escaleras a toda velocidad.

Mi pecho quema y arde con la horrible sensación de la traición y la decepción.

Tenía mucho tiempo sin sentirme de este modo.

Hacía muchos meses que había dejado de sentir este horrible dolor dentro de mi pecho; ese que solo él ha sido capaz de provocar y que no sé si algún día podré diluir del todo.

Al entrar al apartamento, lo primero que hago es avanzar hacia mi habitación y, una vez ahí, me meto debajo de las sábanas. De pronto, lo único que soy capaz de escuchar es el latir acelerado de mi pulso y mi respiración agitada.

«No llores. No llores. No llores. ¡Maldita sea! ¡No llores!».

Mis ojos se aprietan y me muerdo el labio inferior con tanta fuerza que soy capaz de probar el sabor metálico de mi sangre. Las lágrimas se agolpan en mis ojos, pero no derramo ninguna; el dolor dentro de mi caja torácica es cada vez más intenso, pero me las arreglo para mantener mis piezas juntas.

El llanto de Hayley me saca de mi ensimismamiento; sin embargo, la pequeña distracción ni siquiera es capaz de aliviar la horrible congoja que me atenaza el corazón. No disminuye ni un poco la sensación de hundimiento y no elimina la angustia desesperante que recorre mi cuerpo.

No debería sentirme como lo hago. Tampoco debería de importarme si Harry ha arruinado su vida por completo, pero lo hace.

Me importa porque, en el fondo, esperaba una justificación.

Deseaba darle el beneficio de la duda y tener una explicación que lo aclarara todo…

Pero sé que nada es capaz de eximir el hecho de que mintió, y nada cambia el hecho de que Harry Stevens me culpa de todo lo malo que le ocurrió.

Mi vista se posa en el techo de la habitación y cierro los ojos antes de dejar ir el aire que contenía en los pulmones.

«Tienes que dejar de hacerte esto», me reprimo, con frustración. «Tienes que dejar de torturarte y empezar a deshacerte de los recuerdos que tienes de ese hombre. Tienes que olvidarlo de una maldita vez o vas a volverte loca».