Monstruo (Bestia nº 2) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

—Su esposa, la señora Tamara Daniels, ha levantado una denuncia en su contra. La mujer sospecha que violentó sexualmente a su hija de doce años —continúa el detective y apenas puedo procesar sus palabras.

—¿Su esposa? —Mi voz suena más aguda de lo usual—. ¿Tamara Daniels?, ¿de qué está hablando?

Ambos hombres se miran una vez más y me siento confundida y aturdida. Hasta donde yo estoy enterada, mis padres nunca se divorciaron. No tengo ni la más mínima idea de quién diablos es Tamara Daniels, ni cómo en el infierno fue a enredarse con un hombre como Leandro.

—¿No conoce a la señora Daniels? —La incredulidad en la voz del detective que se hace llamar Paul no me pasa desapercibida.

—Hace más de un año y medio que no veo a Leandro.

—No puedo ocultar el temblor de mi voz—.

Ni siquiera sabía que se había divorciado de mi mamá.

Hasta donde yo sé, ellos jamás se separaron legalmente.

—Sueno cada vez más alterada—. Además, ¿quién en su sano juicio se casa con un alcohólico, por el amor de Dios?

—El horror se arraiga en mis huesos al tiempo que los recuerdos del infierno que pasé con él me invaden y toman fuerza.

No me cabe en la cabeza cómo es que alguien pudo haberse casado con un hombre como mi padre.

A estas alturas, ni siquiera entiendo cómo es que mi mamá pudo enamorarse de él—. ¿Es que esa mujer está loca?

—Señorita, tranquilícese…

—¡No puedo creer que haya permitido que un hombre como ese entrara en su casa! —Mi respiración es dificultosa. Estoy hiperventilando—. ¡No debió involucrarse con él!

Me pongo de pie y camino sin rumbo alguno. De pronto, todo me asfixia. El nudo en mi garganta es intenso y la niña asustada que vive dentro de mí tiembla incontrolablemente.

—Señorita Bassi. —El detective Paul se levanta de su asiento y trata de acercarse a mí con ambas manos alzadas.

Se comporta como si estuviese apuntándole con un arma—.

Tranquilícese. No teníamos idea de que usted y su padre no tuvieran una buena relación.

Solo queríamos saber el motivo por el cual él ocultó su relación consanguínea con usted.

Porque ocultó el hecho de que tuvo otra familia.

Una risa histérica brota de mis labios y me abrazo a mí misma solo porque es lo único que puedo hacer para contener las lágrimas que comienzan a agolparse en mis ojos.

—Ese hijo de puta no quiere que se enteren porque… —Me atraganto con mis propias palabras. Me atraganto con los meses de silencio que yo misma puse sobre mis hombros el día que decidí no denunciarlo cuando me violó por primera vez.

Trago duro y cierro los ojos.

El coraje, la impotencia y el dolor se apoderan de mi sistema a toda velocidad y tengo que tomarme unos minutos solo porque los recuerdos han empezado a salir a la superficie.

—L-Leandro no quiere que se enteren de mi existencia —digo, al cabo de un largo momento, con un hilo de voz—, porque tiene miedo de que les diga que abusó de mí durante casi nueve meses.

El aliento apenas me alcanza para terminar de hablar y, cuando lo hago, otra clase de sensación se suma al torbellino que ya llevo dentro. Esta es más insoportable que las anteriores. Esta es más insidiosa y oscura, y se llama culpa.

De pronto, lo único en lo que puedo pensar es en esa chica de doce años a la que han marcado de por vida. Lo único en lo que puedo pensar es qué habría ocurrido si yo hubiese hablado antes. Si yo lo hubiese denunciado a tiempo.

Quizás él estaría preso ahora mismo. Quizás él estaría pagando por lo que me hizo y no le habría destrozado la vida a otra persona.

—¿Maya? —La voz de Kim es como un bálsamo para mis nervios alterados—. ¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien?

No es necesario que me vuelque hacia ella para saber que avanza hacia mí a toda velocidad.

Ni siquiera pasan más de tres segundos, cuando aparece en mi campo de visión.

Sus manos se aferran a mis hombros en ese momento y escudriña mi rostro con el ceño fruncido y la expresión angustiada.

Acto seguido, se gira para encarar a los hombres que han venido a perturbar la tranquilidad en la que se había sumido mi vida.

—Voy a tener que pedirles que se retiren. Sea lo que sea que hayan venido a tratar con Maya, deberá esperar.

Charles abre la boca para protestar, pero Paul, quien parece ser el líder, lo hace callar con una seña.

—Lamentamos mucho esto —dice, mirándonos a mi amiga y a mí de hito en hito, antes de encararme de lleno—. No ha sido nuestra intención venir a alterarla de esta manera, señorita Bassi.

La quemazón en mi garganta me impide formular cualquier oración, así que me limito a asentir con brusquedad. Las lágrimas nublan mis ojos, pero no voy a llorar. No voy a permitir que ni una sola de ellas se me escape.

No por Leandro. No por Harry.

Nunca más por ellos.

Kim encamina a los detectives hasta la entrada y, una vez cerrada la puerta, posa su atención en mí. La preocupación en sus facciones es casi tan grande como la angustia que atenaza mi pecho.

—¿Qué ha pasado? —pregunta—. ¿Quiénes eran esos hombres?

—Detectives. —Mi voz suena ronca a mis oídos.

—¿Qué querían? —Luce confundida durante un segundo, pero casi de inmediato parece atar cabos en su cabeza—. Oh, mierda… ¿Venían por lo que pasó con Harry y Rodríguez? ¿Encontraron algo? ¿Descubrieron que mentimos?

Mi corazón se estruja con la sola mención del nombre del chico al que amé y de todo lo que pasó antes de que se marchara, pero me las arreglo para negar con la cabeza.

—Mi papá está detenido. —Sueno como si estuviese a punto de echarme a llorar y me odio por eso—. Ha violado a alguien más.

El rostro de Kim palidece de inmediato y un extraño peso se posa sobre mis hombros.

Lo único que deseo en este momento es que el día termine. Que todo esto sea una pesadilla. Un sueño horrible del cual puedo despertar en cualquier momento.

—Oh, Dios mío… —suelta en un susurro, y yo aprieto los puños y muerdo la parte interna de mi mejilla hasta que duele.

Un suspiro largo y entrecortado escapa de mis labios al cabo de un largo momento, pero no me atrevo a decir nada más. No me atrevo a irrumpir en el silencio tenso que se ha formado entre nosotras.

—¿Y Jeremiah? ¿Te ha dicho acerca de…?

Yo asiento, interrumpiéndola, y ella aprieta la boca en una línea dura.

—¿Y qué piensas al respecto? —Kim suena tímida y cautelosa ahora.

Me encojo de hombros en un gesto que pretendo que sea despreocupado y ligero.

—Que Harry Stevens es un mentiroso de mierda —digo, pero mi voz se quiebra ligeramente en el proceso.

Ella no dice nada. Se limita a mirarme directamente con aprehensión. Se limita a dedicarme un gesto triste y pesaroso, mientras que yo, aún más agobiada que antes, me trago los sentimientos. Me trago las ganas de llorar. Me trago, una vez más, las ganas que tengo de desaparecer.