Mis Secretos, yo Ivonne 2 La Secretaria de Papi #2
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La Secretaria de Papi #2

- Sí, te quiero coger por tu colita, mi querida Ivonne - me dijo mientras presionaba con más fuerza su dedo en mi pequeño y apretado ano. Yo estaba más que dispuesta, totalmente entregada y dispuesta a satisfacer una pija tan rica y hermosa como la de mi caliente padre.

Después de mamársela un minuto, me recargué en el escritorio; levanté y separe las piernas. Con ambas manos me abrí las nalgas ofreciéndole mi colita dilatada y ardiente. Roberto enfiló toda su virilidad a mi anito, en el que había dejado caer gran cantidad de saliva para lubricarlo.

Poco a poco fue haciendo presión en mi estrecho orificio, tratando de meter la cabeza palpitante de su pene.

Luego de varios intentos y un poco más de saliva, mi culito empezó a dejar entrar la punta de su pija, que poco a poco se fue perdiendo entre mis nalgas hasta que su vientre chocaba con mis nalgas.

La tenía adentro, tenía a mi papi haciéndome la colita deliciosa.

Con mi mano no dejaba de frotar mi clítoris para tener más placer.

El vaivén de su miembro erecto en mi culito tomó ritmo y velocidad.

Sentía cómo salía para volver a entrar sin piedad de un solo golpe.

El dolor era mitigado por la extrema cachondez que me provocaba que mi propio padre me estuviera disfrutando por el ano.

Sus manos se apoderaron de mis tetitas masajeándolas a placer, en tanto yo me movía sobre mis nalgas al compás de las arremetidas de su adorable pene dentro de mí.

- Qué rico me das papi... Siento deliciosa tu pija en mi culo –

Le repetía a cada momento gozando lo que me hacía y sus penetraciones como nunca lo había hecho.

- Dame más, más, mucho por la colita papi... métela toda en mi agujerito, dame más papi, hazme tuya - decía instintivamente gozando la enculada que Roberto me estaba dando.

- Qué culito tan rico tienes, Ivonne... Me aprietas delicioso... Tienes un culo divino mi amor - me decía con voz entrecortada por el placer que le proporcionaba estar disfrutando de mi colita apretada.

El chasquido que producía su vientre al chocar contra mis nalgas me excitaba de manera extraordinaria. El orgasmo no se hizo esperar y me vine entre fuertes gemidos.

Me estoy viniendo papi... Dame más en mi colita...

Hazme acabar de nuevo, en tanto gran cantidad de jugos vaginales escurrían de mi sexo mojando mi entrepierna llegando hasta mi ano.

Un nuevo orgasmo me llegó intensamente entre frases cachondas, alabando la hermosa pija de mi padre, mientras Roberto no cesaba de meter y sacar su hermosura de mi culo.

Casi al mismo tiempo en que yo me estaba viniendo por segunda vez, sentí como mis entrañas fueron regadas por la leche caliente de Roberto. El mete y saca fue parando rápidamente, cada vez era más pausado pero muy profundo e intenso.

Roberto se sentó en el sillón del escritorio y yo sobre sus piernas, permaneciendo desnudos y abrazados los dos.

¿Te gustó papi? Pregunté y sin dejarlo contestar le dije -¿Te gustaría tenerme a diario aquí mismo?-, con premura contestó, -Me encantaría-, entonces aproveché para proponerle que me contratara como su secretaria privada. Así podría tener mi cuerpo a su alcance y disposición a toda hora del día.

Mi padre aceptó encantado y a partir de ese día; me presentaría a la oficina a trabajar como su secretaria privada todos los días.

Me haría cargo de sus asuntos personales, especialmente de los que le requirieran atención especial.

Como la vez anterior, mi tanguita se quedó en aquel cajón del escritorio y me llevó a casa.

Mi padre se encargó de avisar a mi madre y mi esposo de mi nuevo e importante "empleo".

Al día siguiente a la oficina para atender, digo; “trabajar” para mi padre.

Cuando llegué, pasadas las 10 de la mañana, ya todos sus empleados sabían que "trabajaría" ahí y habían dispuesto un escritorio para mí.

Lo primero que hice fue presentarme con Roberto.

En cuanto entré al despacho, me dirigí a él sentándome en sus piernas, él metió su mano entre mis muslos acariciándome, mientras me explicaba lo que debía hacer.

Llegó hasta mi rajita húmeda tocándome sobre la tanga.

Sentía claramente su pene parado bajo mis nalgas que arremolinaba como si le estuviera masturbando con mi deseoso trasero.

Cuando terminó de darme las instrucciones de mi trabajo, me puse de pie para que mi padre me quitara la tanga y la guardara en el cajón donde estaban las anteriores.

Me explicó que era más práctico que anduviera en la oficina sin la tanga, para facilitarle el que me metiera mano a cada momento.

Y así fue, cada vez que entraba a su despacho, me manoseaba o me besaba las nalgas, el culo, las tetas o la rajita.

Me daba a besarle la pija sin hacerlo eyacular.

Era imposible que los empleados se pudieran imaginar siquiera lo que padre e hija hacíamos a solas y mucho menos las tremendas cogidas que me daba cuando ellos se iban de la oficina.

Había días en que me mandaba mensaje temprano, donde me pedía que usara las minifaldas más pequeñas que tuviera y que no llevara tanga; o indicándome qué zapatillas quería que usara.

Me daba indicaciones precisas de cómo quería verme, de cómo quería que lo calentara y me presentara ante él; y pues era mi jefe, no me quedaba más que obedecer ciegamente.

En ese tiempo, casi seis meses, me regaló mucha lencería sensual.

Incluía ligueros y medias, que le excitaba a mi padre verme luciéndolas, así como algunos coordinados súper transparentes y bodies que lucía en las tardes cuando los empleados ya se habían retirado.

Me ha disfrutado en todos los rincones de la oficina, sobre los escritorios y sillones.

Las salidas especiales a “comer” y los dos viajes de trabajo fueron una delicia.

Se puede decir que gané el premio del empleado del mes siendo su secretaria privada. Mi sueldo se incrementó día con día, al mismo ritmo que se incrementaron los placeres que le brindaba a Roberto. No es que le cobrará, más bien, él me agradecía de muy generosa manera.

Me tomó fotografías, le encantaba y encanta que posea para él.

Me llevaba a cenar o tomar la copa, solo cubierta con el vestido y sin nada abajo.

Me pide hablar cachondo por teléfono con mi esposo mientras él me está metiendo mano o él habla por teléfono con mi madre mientras le estoy dando una mamada.

En los dos viajes de "trabajo", disfrutó públicamente de mi cuerpo sin recato, con la confianza de que en esos lugares nadie nos conocía y nos importa poco lo que pensaran.

Soy la secretaria que más ha ganado en el despacho, y pues como no, si mi cuerpecito me costó.