Mi única y eterna necesidad (Los Sullivan 15) Capítulo 3
11%

Capítulo 3

CAPÍTULO TRES

K erry había oído hablar de Adam Sullivan mucho antes de que él pusiera un pie en su oficina para su reunión.

Durante la mayor parte de la última década, había sido considerado el mejor arquitecto de la costa oeste especializado en renovaciones históricas.

De hecho, el edificio en el que ella vivía había sido uno de sus primeros proyectos.

Aún así, no estaba preparada para lo hermosa que era su oficina.

Para nada grande ni llamativa, como la de un arquitecto cuya boda ella había planeado y que prácticamente había chapado las paredes de su oficina en oro.

La oficina de Adam estaba en una construcción estilo “Arts & Crafts”, y hasta donde ella podía ver, cada pieza estaba preservada.

Mientras pasaba la mano por la hermosa viga de madera, tuvo que admitir que el hecho de que él claramente amara tanto la historia era otra faceta interesante para él.

Por supuesto, eso fue justo cuando abrió la puerta principal y la sorprendió acariciando su edificio. Dejó caer la mano como si estuviera ardiendo.

¡Maldita sea, incluso su edificio la estaba seduciendo!

Desafortunadamente, mirar su hermoso rostro no la ayudaba a salir de la seducción.

¿En qué había estado pensando al venir aquí hoy?

Una llamada telefónica habría funcionado igual de bien, y así no habría tenido que apartar esa lujuria instantánea que corría ardiente y rápidamente por sus venas cada vez que lo miraba.

«Bueno, esta es una agradable sorpresa». Su sonrisa era tan cálida y sexy al mismo tiempo que hizo que los latidos del corazón en los que estaba trabajando saltaran lentamente nuevamente. «Pasa».

Contenta por el entrenamiento que su madre le había inculcado sobre cómo estar preparada en cualquier situación, sin importar lo estresante que fuera, Kerry pasó a su lado. El interior era incluso más impresionante que el exterior. «Tu oficina es hermosa».

«Gracias». Parecía complacido por su admiración. «Lo tuve en la mira durante años e hice una docena de ofertas hasta que el propietario finalmente me lo cedió. ¿Quieres hacer un recorrido?».

Sabía que debía decirle que no e ir directo al punto, pero siempre se había sentido atraída por las cosas hermosas.

Algo que iba a ser su perdición en lo que a Adam Sullivan se refería, si no tenía cuidado.

Pero seguramente un pequeño recorrido por la oficina no la haría desmayarse en sus brazos, ¿verdad?

«Me encantaría».

Él le tendió la mano y ella instintivamente la estiró para tomarla. No fue hasta que su piel tocó la de él y su abrasador calor la envolvió, que se dio cuenta de lo que había hecho.

O de lo natural que se sintió.

Quizás desmayarse en sus brazos no fuera tan lejano en el futuro, después de todo.

Era un guía turístico natural mientras la guiaba a través de cada habitación y la presentaba a su personal, quienes parecían adorarlo.

Y cuando finalmente la llevó a su oficina y le entregó una fotografía enmarcada de cómo se veía el edificio el día que pasó a ser suyo, a punto de desmoronarse, Kerry casi comenzó a adorarlo también.

«Lo recuperaste». Miró desde la foto del edificio decrépito hasta sus ojos oscuros. «¿Cómo lo hiciste?».

«Sangre, sudor y mucha ayuda de mi familia. Mantener esta foto en mi escritorio me recuerda que nada está demasiado mal como para mejorarlo».

Ella volvió a mirar la foto y, cuando se giró para contemplar su dominio privado, se sintió abrumada por su pasión por lo que hacía. Especialmente porque ella sentía lo mismo acerca de su profesión.

Dándose una sacudida mental, volvió a dejar la foto enmarcada sobre su escritorio. «Estoy segura de que te estás preguntando por qué estoy aquí».

«Apreciándolo, sobre todo».

Podía sentir sus mejillas calentarse incluso cuando dijo: «Primero, quería agradecerte en persona por los encantadores regalos y preguntarte dónde encuentro a la persona que hizo ese increíble modelo del Castillo de Dromoland».

«Una amiga con la que iba a la escuela decidió dejar de trabajar como arquitecta para hacer modelos con dulces. Bastante impresionante, ¿no?».

«Nunca había visto a nadie hacer algo tan complejo o tan detallista al mismo tiempo».

A pesar de saber que necesitaba mantenerse encaminada hacia su verdadero propósito al venir a verlo, tuvo que decirle: «Conduciendo hasta aquí, no podía dejar de pensar en lo impresionados que estarían mis clientes si pudiéramos contratar a tu amiga para hacer modelos para ellos.

Quizá del lugar donde se besaron por primera vez o donde él le propuso matrimonio y ella dijo que sí».

Escribió un número de memoria en una hoja de un bloc amarillo y se lo entregó.

«Espera causar sensación con el nuevo negocio, así que, si llamas, asegúrate de pedir fotografías de su serie inspirada en sus edificios favoritos del noroeste del Pacífico.

Su Space Needle se veía tan bien que casi no me lo como».

[Nota de la Trad.: Space Needle es un famoso monumento y torre de observación de Seattle, construido para la Exposición Universal de Seattle de 1962, actualmente, símbolo icónico de la ciudad. ]

«¿Te comiste un modelo que ella hizo del Space Needle ?».

«Hasta el último bocado». Él levantó una ceja interrogante. «¿No probaste tu castillo?».

«Casi lo hago, pero voy a obligarme a admirarlo por un rato antes de devorarlo al estilo “El Monstruo de las Galletas”».

Su risa resonó, llenándola con aún más calidez, incluso cuando sabía que estaba haciendo un trabajo terrible para mantener sus muros a su alrededor. Era muy fácil estar con él y ella no podía evitar admirar lo que estaba haciendo con su vida. Sin mencionar su conmovedora devoción por su familia.

«¿Kerry, te he mencionado lo mucho que me gustas?»

Era algo tan dulce y tan sorprendente de escuchar que ella tuvo que respirar hondo una vez y luego otra cuando la primera no hizo una maldita cosa para servirle de ayuda y evitar que le afectase menos a la cabeza. Estaba claro que Adam era brillante en eso del cortejo.

«Todos tus regalos han sido geniales», respondió ella. «Tu edificio de oficinas es asombroso. Y es maravilloso cómo estás ayudando con la carpa en la boda de tu hermano. Pero aun así no puedo aceptar una cita contigo.»

«¿Por qué no?»

«No estoy en lo de la planificación de bodas por dinero. Ni siquiera es porque mi madre empezase este negocio hace veinticinco años. Lo hago porque creo en el amor. El amor que está predestinado. El amor que durará para siempre.»

De nuevo, él no pareció despeinarse en absoluto.

«Está bien que creas en lo que haces. Por eso debes de disfrutarlo tanto.»

«Lo hago, de verdad. Igual que puedo ver que tú amas lo que haces.»

Recordando demasiado tarde que no había venido aquí para hablar de las cosas que tenían en común, le dijo: «Así que ahora tú debes entender por qué no podemos salir.»

«Claro. Tiene todo el sentido. Tú estás buscando el amor eterno con alguien y yo no.»

Ella ya sabía que él era directo, pero aun así, guau , le sorprendió su contundente respuesta. Una que era perfectamente correcta.

Kerry sabía que debería de haberse sentido aliviada de recibirla. De que él pudiese ver con claridad que ellos no podrían funcionar ni en un millón de años.

Pero la decepción que sentía estaba lejísimos de parecerle alivio.

«Bien», se obligó a decir. «Me alegro de que ambos...»

«Nos deseemos.» Él se acercó más y aunque no la estuviese tocando, su cuerpo se activó igual que si él le hubiese arrastrado a sus brazos.

Nadie le había hablado nunca así. De forma totalmente directa y honesta. Tan honesta que hizo que le diese vueltas la cabeza, casi tanto como respirar su aroma limpio y masculino.

«¿Qué es lo que vamos a hacer con lo mucho que nos deseamos, Kerry?»

Una docena de imágenes guarras le pasó por la mente, con los dos enredados el uno en el otro, las manos de él en su pelo y sus bocas unidas.

Aun así, su respuesta fue:

«Nada.»

«¿En serio? Él dejó su pregunta suspendida entre ambos, justo al lado de las chispas y el intenso deseo que se estaba generando con solo mantener una conversación en su oficina.»

«¿De verdad crees que nada es una opción?»

Había pocas cosas que Kerry apreciara más en una persona que la honestidad. Así que tal vez fuese por eso que su pregunta la hizo pararse y pensar en vez de soltarle otro rechazo automático. Pensar de verdad unos instantes sobre todo lo que él le estaba sugiriendo.

Si la hubiese presionado de cualquier otra forma, si hubiese intentado clavarla contra el escritorio y besarla para que cambiase de idea... Entonces ella habría sido capaz de rechazarlo por completo. Pero la verdad es que su cuerpo estaba vibrando solo de estar tan cerca de él.

Y si era totalmente honesta consigo misma, por mucho que ella deseara que no fuese así, él tenía razón: No tener una cita con él no iba a hacer que ese deseo intenso aunque irracional desapareciera.

¿Pero qué podía hacer? ¿Podía tomar lo que estaba bastante claro que le estaba ofreciendo? Sexo sin ataduras emocionales. La opción de rascarse ese picor sin expectativas de ninguna otra cosa más. Sin futuro. Sin que durase para siempre.

Placer y nada más.

La excitación vibró en su vientre al pensar en esa idea tan chocante. Una excitación que ya no podía negar que se había estado acumulando más y más en ella desde el momento en que sus ojos se habían cruzado en su oficina.

Kerry nunca se había permitido plantearse la idea de una relación de solo sexo con nadie, sobre todo porque siempre había estado segura de que alguien cometería el error de enamorarse y entonces al menos un corazón acabaría roto. Probablemente el suyo.

Sin embargo, lo mirase como lo mirase, no podía verse a sí misma enamorándose jamás de Adam.