Capítulo 114
—Viejo bastardo, de verdad no me esperaba que alguien con esa pinta de decente fuera esta clase de escoria a escondidas.
—No eres más que pura basura.
Al ver a Li Zhongkai todavía tirado en el suelo, Lin Zee negó con la cabeza, resignado. Después dejó escapar una risa fría y continuó.
—Tsk... Levántate. Venga, dime. Aparte de esconder esa cosa dentro del peluche, ¿hay más?
Para entonces, Li Zhongkai se había recuperado un poco del dolor. Se levantó tambaleándose, aunque seguía sujetándose la entrepierna con una mano.
Al ver la mezcla de sangre, saliva y mocos que cubría la barbilla de Li Zhongkai, Lin Zee tuvo un gesto de humanidad y sacó unos pañuelos para dárselos.
—Límpiate.
Li Zhongkai cogió los pañuelos con manos temblorosas y se limpió la barbilla como pudo.
Lin Zee soltó un suspiro profundo.
—Dime. ¿Hay más cámaras?
—No. No hay más.
—¿De verdad?
—¡De verdad! ¡Te lo juro!
Tras la paliza que le habían dado, Li Zhongkai no se atrevía ni de broma a admitir que había más cámaras ocultas. Si lo hacía, Lin Zee podría matarlo a golpes.
Lin Zee se quedó pensativo. La verdad es que no sabía si ese viejo bastardo de Li Zhongkai había instalado algo más aparte de esa cámara.
Pero estaba convencido de que no podía haber solo una.
Pensando en eso, Lin Zee alzó la vista y le dedicó una sonrisa tenue a Li Zhongkai.
—¿Así que no lo vas a admitir, eh? Bien. Pues vamos a ver qué es más duro, si tu boca o tus huesos.
Mientras hablaba, se arremangó, dispuesto a darle otra paliza a Li Zhongkai.
Al ver esto, Li Zhongkai se apresuró a cubrirse la cabeza con una mano y la entrepierna con la otra.
—¡Es verdad! ¡Es verdad! ¡De verdad que no hay más, jefe!
—¿Todavía erre que erre? ¡Ya te voy a enseñar yo lo que es ser terco!
Antes de que Lin Zee pudiera siquiera golpearlo, Li Zhongkai se desplomó en el suelo del miedo, y el puñetazo de Lin Zee solo dio al aire. Al ver a Li Zhongkai tirado ahí, Lin Zee no pudo evitar soltar una risa fría.
—Parece que tus huesos no son tan duros como tu boca.
—Te voy a dar una última oportunidad. Si sigues sin hablar, no me eches la culpa por invitarte a probar la pitaya.
Li Zhongkai se estremeció al oír aquello.
—Yo... de verdad que no tengo más, jefe. De verdad que solo había una...
Lin Zee arqueó una ceja.
—Maldita sea. ¿No vas a soltar prenda hasta que te veas con el agua al cuello, eh?
—¡Maldito cabrón!
Sin dejar de maldecir, Lin Zee levantó el pie y volvió a patear a Li Zhongkai. Las maldiciones de Lin Zee se mezclaban con los gritos desgarradores de Li Zhongkai.
—¡Ah! ¡Ah!
—¡Para, jefe! ¡Papá! ¡Abuelo!
—¡Deja de pegarme!
—¡Hablaré, hablaré! ¡Te lo cuento todo! ¡Confieso! ¡No me pegues más! No lo aguanto...
—Snif... Duele demasiado...
...
Durante toda la paliza, Lin Zee no olvidó su propósito original. A este viejo bastardo le gustaba mirar, ¿no? Pues bien. Entonces le atacaría la entrepierna.
Si Zhou Feihong y Jiang Yuwan no lo hubieran estado frenando, a Li Zhongkai lo habrían dejado hecho una mujer a patadas.
Gracias al método de persuasión virtuosa de Lin Zee, Li Zhongkai confesó haber espiado a Jiang Yuwan con cámaras ocultas.
—Yo... también escondí una en la estantería de la gerente Jiang...
Al oír eso, Lin Zee se adelantó y le dio otra patada.
—¿No dijiste que no había más?
—No parabas de decir que no. ¡Sigue hablando! Luego traeré a profesionales con el equipo adecuado para revisar. Si encuentran aunque sea una que no me hayas dicho, ¿te crees que no te voy a convertir en mujer?
A esas alturas, Li Zhongkai estaba aterrorizado de tanto golpe. No creía que Lin Zee estuviera solo amenazándolo, así que se encogió rápidamente y habló.
—Hay... ¡hay otra!
—¿Dónde?
—Está... debajo del escritorio. Apuntando... apuntando hacia la silla...
En cuanto Li Zhongkai dijo eso, Jiang Yuwan se puso roja como un tomate. Zhou Feihong tampoco se esperaba que ese viejo bastardo hubiera escondido una debajo del escritorio.
Lin Zee primero miró las piernas de Jiang Yuwan. Solo entonces se relajó.
—Uf... Menos mal que no lleva falda.
Luego volvió a mirar a Li Zhongkai e hizo ademán de golpearlo.
—¡Viejo pervertido! Si Jiang Yuwan hubiera llevado falda hoy, ¡te habría dejado hecho un eunuco!
—¿Hay más? ¡Sigue hablando!
Al ver esto, Li Zhongkai se estremeció. Temiendo que Lin Zee volviera a pegarle, dijo rápidamente:
—No hay más, no hay más. ¡De verdad que no hay más!
A estas alturas, Lin Zee ya no tenía ganas de seguir pegándole a Li Zhongkai. Se sentó en el sofá y miró a Zhou Feihong.
—Gerente Zhou, vaya a la oficina de la gerente Jiang y revise. Encuéntreme esas dos cámaras ocultas.
—Sí... ¡sí!
Al poco rato, Zhou Feihong volvió corriendo con dos pequeños objetos en las manos.
—¡Las encontré, jefe! ¡Las encontré!
—¡Una de ellas estaba justo debajo del escritorio de la gerente Jiang, y la cámara enfocaba directamente la silla!
Cuando Li Zhongkai oyó esto, dejó de importarle. Ya se había rendido. Su trabajo estaba perdido sin remedio, y hasta podría acabar cosiendo uniformes en la cárcel.
Pensando en eso, Li Zhongkai se arrastró de inmediato hacia Lin Zee y se aferró a su pierna.
—¡Jefe, ya lo he dicho todo! ¡Se lo he contado todo!
—¿Podría no llamar a la policía? ¡Se lo ruego! ¡Se lo suplico!
—Tengo esposa e hijos en casa. Si me encierran, ¿qué será de ellos...?
Li Zhongkai lloraba a moco tendido, con el rostro bañado en lágrimas. Al final, incluso intentó apelar a las emociones de Lin Zee.
Li Zhongkai entendía perfectamente por qué no podía llamar a la policía y acusar a Lin Zee de haberlo golpeado. Mientras Lin Zee insistiera en que no lo había tocado, denunciarlo sería inútil.
Al fin y al cabo, toda la empresa era de Lin Zee, y todos dependían de él para ganarse el pan. ¿Quién iba a testificar a favor de un perro callejero que ya había perdido su trabajo?
Y en cuanto llamara a la policía, el que acabaría cosiendo uniformes sería él, así que más le valía arrodillarse y suplicarle a Lin Zee que no lo denunciara.
Lin Zee se agachó hacia él.
—¿Así que sabes que tienes esposa e hijos? Si tienes esposa, ¿por qué hiciste algo tan asqueroso?
—Me equivoqué, jefe. ¡Lo sé, lo sé!
—Fue un momento de locura. ¡Perdí la cabeza!
—Por favor, se lo suplico, no llame a la policía. No quiero ir a la cárcel...
Lin Zee se lo quitó de encima de una patada y se puso de pie.
—Está bien. Ya que dices que perdiste la cabeza un momento, te daré una oportunidad.
Al oír aquello, Li Zhongkai se iluminó de alegría. Se postró de inmediato y le dio las gracias una y otra vez.
—¡Gracias, jefe! ¡Gracias, jefe!
Al verlo, Lin Zee esbozó una sonrisa desdeñosa. Luego se volvió hacia Zhou Feihong.
—Gerente Zhou, avise a todos. Que todos los empleados se vayan a casa inmediatamente.
—Usted quédese conmigo. Quiero comprobar a fondo si este viejo pervertido ha instalado más cámaras en la empresa.
Luego señaló a Li Zhongkai con un gesto de la barbilla.
—Viejo cabrón, no digas que no te di una oportunidad. Si encuentro alguna otra cámara oculta en la empresa, acabarás cosiendo uniformes.
La alegría que acababa de asomar al rostro de Li Zhongkai se esfumó al instante. Se quedó lívido y se desplomó en el suelo.
—Se acabó... todo se acabó...
...