Mi sistema simp Capítulo 71
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Capítulo 71

Tras salir, Lin Zee deambuló sin rumbo por el centro comercial. No tardó en decidirse sobre el regalo de cumpleaños.

—Nada de vestido de novia... Comprarle ropa a Ruoxi como regalo de cumpleaños no está mal...

De hecho, Lin Zee había notado que Ruoxi no tenía mucha ropa. Lo había visto cuando ella y su prima hacían las maletas. La ropa de Ruoxi ni siquiera llenaba el armario del dormitorio, y mucho menos el vestidor.

Y la mayoría de la ropa del armario de Ruoxi era informal: básicamente vestiditos, vaqueros y cosas así.

Al pensar en el cuerpazo que tenía Ruoxi, que llevara esa ropa era un desperdicio. Así que Lin Zee decidió comprarle ropa con un estilo más sexy.

No tardó en entrar en una tienda de ropa femenina. Pero cuando la vendedora le preguntó por las medidas de Ruoxi, Lin Zee se quedó en blanco.

Ante la pregunta de la vendedora, Lin Zee lo pensó un momento y dijo:

—Bueno... en cuanto a las medidas, la verdad es que no sé la de cadera, pero su cintura es más o menos así de ancha...

Y mientras hablaba, hizo un gesto con ambas manos en el aire.

Al ver aquello, la vendedora se quedó helada. ¿Qué nueva forma de comprar ropa era esa?

—Eh... guapo, ¿su novia no ha venido con usted?

Lin Zee negó con la cabeza.

—No. Ella no lo sabe. He venido solo, pensando en comprarle algo de ropa.

La vendedora pensó en la ropa que Lin Zee acababa de elegir. ¿Algo de ropa? Aquello era más de una docena como mínimo.

—Señor, se nota que trata muy bien a su novia. Pero verá, si fuera posible, sería mejor que ella viniera en persona. Al fin y al cabo, las prendas que ha elegido resaltan mucho la figura. El efecto es mejor cuando se prueban puestas.

Lin Zee se rascó la cabeza y dijo:

—Eso va a ser difícil. Ahora mismo está ocupada y no puede venir. Pues nada, déjelo. Volveré mañana.

Dicho esto, se dio la vuelta para marcharse.

Al ver que el cliente guapo estaba a punto de marcharse, a la vendedora le entró el pánico. La ropa que Lin Zee había elegido valía al menos diez mil yuanes. Si no compraba por culpa de lo que ella había dicho, la pérdida sería enorme. Al fin y al cabo, trabajaba en ventas.

Así que lo llamó enseguida:

—¡Espere, guapo!

Lin Zee se volvió.

—¿Qué pasa?

—Por favor, eche otro vistazo. Nuestra tienda tiene muchos otros estilos. ¡Si su novia se pusiera estos, seguro que estaría guapísima!

Mientras hablaba, la vendedora le enseñaba otros modelos a Lin Zee.

Lin Zee hizo un gesto con la mano.

—No. Solo me gustan los que he elegido. Si un hombre hecho y derecho sale solo a comprar ropa para su novia, pues claro que va a elegir los estilos que le gustan a él.

En realidad, el estilo que le gustaba a Lin Zee era el sexy. Al fin y al cabo, ¿qué hombre no quiere que su mujer se ponga algo sexy delante de él? Eso sí, solo delante de él. Llevarlo fuera de casa era absolutamente inaceptable.

La vendedora entendió lo que Lin Zee quería decir. Esbozó una sonrisa forzada.

—Entonces... ¿puedo preguntarle la talla de pecho de su novia?

Para no perder a este cliente, la vendedora se la estaba jugando. No sabía la medida de cadera. Había hecho un gesto para indicar la cintura. Pero siendo hombre, no podía no saber la del pecho, ¿verdad?

Por desgracia, Lin Zee tampoco sabía eso. Se volvió despacio y miró de nuevo a la vendedora.

La vendedora lo vio volverse y pensó que había esperanza. Si Lin Zee le decía la talla de pecho, podría usar la labia que había perfeccionado durante años de ventas para colocarle la ropa.

Lin Zee lo pensó un momento y volvió a mirar a la vendedora. Negó con la cabeza.

—Eso tampoco lo sé... Más o menos... ¿quizá así de grande?

Mientras hablaba, extendió una mano y le indicó el tamaño con un gesto.

Al ver aquel gesto tan familiar, a la vendedora casi le dieron ganas de soltar un taco. ¿Que no sabía la medida de cadera, que no sabía la de cintura, y al final resulta que tampoco sabía la de pecho?

En ese momento, la vendedora se puso a pensar a toda velocidad en alguna forma de retener a aquel cliente. Como era de esperar de alguien que trabajaba en ventas, no solo tenía buena labia, sino que también era rápida de mente. Enseguida se le ocurrió una solución.

—Ah, ya entiendo, señor...

Al oír eso, Lin Zee se sorprendió. «¿Entiendes? ¿Con un solo gesto ya entiendes? Entonces, ¿por qué no entendiste antes cuando te indiqué la cintura?».

Al ver la expresión confundida de Lin Zee, la vendedora se apresuró a explicar:

—Señor, no se vaya a reír, pero por lo que acaba de... acaba de indicar, el tamaño no es muy diferente del mío... La ropa tiene elasticidad. Mientras se sepa el tamaño aproximado, debería valer...

Al oír eso, Lin Zee bajó la mirada hacia la vendedora. Luego negó con la cabeza.

—Ah... no. Se nota. El de mi novia... es más grande que el suyo.

Al escuchar aquello, a la vendedora le tembló la comisura de la boca. Se consoló en silencio: «No te enfades. No te enfades. El cliente siempre tiene razón. Está aquí para darte dinero. No te enfades. No te pelees con el dinero».

Lin Zee vio que la cara de la vendedora empeoraba por momentos y se dio cuenta de que había metido la pata. Se apresuró a explicarse:

—Eh, eh, eh. No es lo que quería decir. No se lo tome a mal. Lo que quiero decir es que no es que el de mi novia sea más grande que el suyo. Es que el suyo es más pequeño que el de mi novia... No, tampoco es eso. En fin... olvídelo. Lo siento. No voy a comprar.

Al final de la explicación, Lin Zee se dio cuenta de que cuanto más explicaba, más la liaba. Así que se rindió sin más.

Después de que Lin Zee dijera todo aquello, la vendedora notó cómo le ardía cada vez más la cara y estaba a punto de estallar.

Pero al ver que Lin Zee estaba a punto de marcharse, se tragó la rabia y se apresuró a esbozar una sonrisa forzada.

—Señor, según el tamaño que ha mencionado, estas prendas le quedarían bastante bien a su novia. ¿Por qué no echa otro vistazo...?

Al oír esto, Lin Zee se detuvo. Pensó que si se iba sin comprar algo hoy, quién sabe cómo lo pondría a parir esta vendedora a sus espaldas.

Así que le dio igual qué tallas le recomendara la vendedora. Mientras fueran las prendas que había elegido, las compró todas.

Cuando salió de la tienda de ropa, Lin Zee se encontraba en el centro comercial cargado de bolsas de todos los tamaños. —Uf... las mujeres son terribles.